Por revistaeyn.com / EFE
Honduras inauguró este martes un nuevo ciclo político con la asunción de Nasry “Tito” Asfura como presidente de la República para el período 2026-2030, en un contexto de fuerte expectativa por parte de los mercados y del sector empresarial regional e internacional, luego de años marcados por incertidumbre institucional y tensiones ideológicas.
El líder del Partido Nacional, de perfil conservador y pragmático, juró el cargo en una ceremonia austera realizada en el Parlamento, alejándose deliberadamente de los actos multitudinarios que caracterizaron investiduras anteriores. El gesto no fue menor: buscó enviar una señal temprana de disciplina fiscal, sobriedad política y foco en la gestión, ejes que su entorno viene destacando como centrales para recuperar previsibilidad.
“Honduras, para servirte estamos”, afirmó Asfura al tomar posesión, con la mano izquierda sobre una Biblia sostenida por una de sus hijas, en un acto seguido con atención por diplomáticos, organismos internacionales y representantes del sector privado.
Un giro político tras un ciclo de confrontación
Asfura llega al poder tras vencer en las elecciones generales del 30 de noviembre, en unos comicios que no fueron reconocidos por la presidenta saliente Xiomara Castro, quien denunció presunto fraude. Pese a ello, Castro adoptó un tono más conciliador en la antesala del traspaso y expresó públicamente su deseo de que el nuevo gobierno continúe un camino de crecimiento.
El cambio de mando marca un viraje político relevante: de una administración de izquierda, con fuerte impronta estatal y discursos confrontativos hacia el sector privado, a un gobierno que promete un Estado más pequeño, reglas claras y mayor apertura a la inversión, tal como anticipó este medio en su análisis previo a la asunción.
Señales al mercado
La decisión de no invitar a jefes de Estado ni presidentes extranjeros —argumentada por razones de austeridad— fue leída por analistas como un gesto simbólico hacia los mercados, en línea con la narrativa de contención del gasto y racionalización del Estado.
No obstante, el trasfondo geopolítico no pasó inadvertido. Asfura recibió respaldo explícito del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pocos días antes de los comicios, un dato que inversores interpretan como un posible reordenamiento del vínculo bilateral, especialmente en comercio, inversión y cooperación en seguridad.
Expectativas económicas
Para el sector empresarial, la asunción de Asfura abre una ventana de oportunidad, pero también un período de prueba. Honduras enfrenta desafíos estructurales: déficit fiscal, informalidad, inseguridad jurídica y baja inversión productiva.
La atención ahora está puesta en las primeras decisiones de política económica: señales sobre respeto a contratos, marco regulatorio, incentivos a la inversión, política fiscal y relación con organismos multilaterales. En un país donde el clima político ha sido históricamente volátil, la estabilidad institucional será clave para destrabar proyectos postergados.
Un inicio bajo observación
La llegada de Nasry Asfura a la presidencia no disipa de inmediato las tensiones políticas internas, pero sí reordena el tablero. Para una audiencia de inversores que seguía este evento como punto de inflexión, el mensaje inicial fue claro: austeridad, gobernabilidad y pragmatismo.
El verdadero test comenzará en las próximas semanas, cuando el nuevo gobierno deba traducir el cambio de tono en decisiones concretas capaces de devolverle a Honduras la previsibilidad que los mercados vienen reclamando.