Por: Revistaeyn.com
La inteligencia artificial (IA) está comenzando a desempeñar un papel cada vez más determinante en el crecimiento de la economía mundial.
En medio de las turbulencias energéticas y geopolíticas que afectan los mercados, el Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció este lunes que las fuertes inversiones en infraestructura tecnológica están contribuyendo a mantener la expansión económica global alrededor del 3%.
El mensaje fue presentado por la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, durante la apertura de las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial, que se celebran del 12 al 18 de octubre en Bangkok, Tailandia, con representantes de 191 países.
El reconocimiento de la IA como uno de los motores de la actividad económica mundial introduce una dimensión relevante en el debate sobre el futuro del crecimiento: mientras los conflictos geopolíticos, los precios de la energía y los elevados niveles de endeudamiento presionan a gobiernos y empresas, la inversión tecnológica está proporcionando un impulso adicional a determinadas economías.
Georgieva señaló que la inversión en infraestructura de inteligencia artificial está contribuyendo a sostener el crecimiento global en torno al 3%, a pesar de las dificultades provocadas por la inestabilidad energética. Sin embargo, el organismo también advierte que los beneficios de esta transformación no están distribuidos de manera uniforme y que aprovechar plenamente su potencial exigirá nuevas inversiones, capacitación laboral y políticas públicas que permitan ampliar el acceso a las tecnologías.
La primera ola: inversiones millonarias que impulsan la economía
El impacto económico de la inteligencia artificial no depende exclusivamente de las ganancias de productividad que puedan obtener las empresas al incorporar estas herramientas.
Existe un primer efecto, más inmediato, relacionado con las inversiones necesarias para desarrollar y operar los sistemas tecnológicos. La construcción de centros de datos, la adquisición de semiconductores, la ampliación de las redes digitales y el desarrollo de infraestructura energética están movilizando recursos financieros y generando demanda en distintas actividades industriales y de servicios.
Esta expansión beneficia especialmente a las economías que lideran el desarrollo de modelos de IA, como Estados Unidos y China, pero también alcanza a países que forman parte de las cadenas de suministro tecnológico.
Georgieva destacó la importancia de economías asiáticas que cuentan con infraestructura y capacidades industriales para respaldar ese proceso. La directora gerente del FMI también identificó a India entre los países protagonistas del avance tecnológico.
De esta manera, la IA está configurando un nuevo circuito de inversión que combina tecnología, industria, energía y servicios especializados, con efectos que trascienden al sector digital.
No obstante, conviene distinguir el impacto actual de las inversiones respecto de los beneficios de productividad que podrían materializarse en el futuro. El aumento del gasto en centros de datos y equipamiento contribuye a la actividad económica presente, pero las ganancias sostenidas de productividad dependerán de que empresas e instituciones consigan utilizar esas capacidades de manera eficiente.
Esta diferencia es importante para comprender tanto el optimismo del FMI como los riesgos asociados a una expansión de inversiones que todavía debe demostrar todos sus beneficios económicos.
La segunda ola de la IA: su adopción masiva
Una de las ideas centrales planteadas por Georgieva durante la jornada inaugural es que el desarrollo de la inteligencia artificial está entrando en una nueva fase. Después de una primera etapa dominada por las grandes empresas tecnológicas y las inversiones en infraestructura, el siguiente desafío será extender sus aplicaciones al conjunto de la actividad productiva.
Para la directora del FMI, esta nueva etapa debe permitir que los beneficios de la tecnología lleguen a empresas, trabajadores y ciudadanos de un número mucho mayor de países.
La posibilidad de incorporar sistemas inteligentes a procesos administrativos, industriales, comerciales o de prestación de servicios abre oportunidades para mejorar la eficiencia, reducir costos y ampliar capacidades productivas.
Pero ese proceso no será automático. Georgieva identificó tres condiciones fundamentales para que la adopción pueda generalizarse: disponer de electricidad e infraestructura digital, preparar a la población para utilizar las nuevas tecnologías y establecer mecanismos de protección frente a amenazas y usos maliciosos.
El planteamiento introduce un elemento de política económica: la expansión de la IA no depende solamente de la innovación privada, sino también de las condiciones estructurales que cada país ofrece para desarrollar y utilizar esas herramientas.
La calidad de las redes eléctricas, la conectividad, las competencias digitales y la seguridad tecnológica pueden convertirse en factores determinantes para la competitividad.
Banco Mundial: las pequeñas empresas también pueden beneficiarse
El presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, acompañó a Georgieva en un coloquio dedicado a analizar cómo la inteligencia artificial puede aumentar la productividad y contribuir a la creación de empleos.
Banga destacó el potencial de las aplicaciones y empresas de menor escala vinculadas a la IA en los mercados emergentes, donde persisten inquietudes sobre las consecuencias de la automatización para el empleo. El enfoque del Banco Mundial apunta a ampliar la conversación más allá de los grandes desarrolladores tecnológicos. Las aplicaciones asequibles, adaptadas a necesidades concretas y a las condiciones de infraestructura de cada país, podrían generar beneficios importantes en actividades como la agricultura, la salud y la educación.
En el sector agrícola, por ejemplo, las herramientas inteligentes pueden facilitar el análisis de información meteorológica, el seguimiento de cultivos y la identificación de problemas productivos.
En salud, pueden ayudar a mejorar procesos administrativos y apoyar determinadas tareas de diagnóstico, bajo supervisión profesional y con controles adecuados.
En educación, ofrecen oportunidades para personalizar herramientas de aprendizaje y fortalecer las capacidades de los docentes.
El Banco Mundial denomina Small AI a este enfoque centrado en aplicaciones prácticas, accesibles y adaptadas a contextos locales. La cuestión es especialmente relevante para las economías en desarrollo, que no necesariamente necesitan convertirse en grandes fabricantes de semiconductores o desarrollar modelos tecnológicos de frontera para obtener beneficios económicos de la inteligencia artificial.
Su oportunidad puede estar en adoptar y adaptar herramientas que permitan elevar la productividad de empresas y servicios.
Desafío: crecimiento tecnológico en un mundo con energía cara
El optimismo sobre las perspectivas de la IA contrasta con el complejo escenario económico internacional que rodea las reuniones de Bangkok.
La guerra en Oriente Medio y sus consecuencias sobre los mercados energéticos, las presiones inflacionarias y el elevado endeudamiento público figuran entre las preocupaciones de los organismos multilaterales.
En los días previos al encuentro, Georgieva advirtió que la economía mundial enfrenta una combinación de riesgos asociados a los costos energéticos, la expansión de la inteligencia artificial y la deuda.
Uno de los desafíos es que el propio crecimiento de la IA requiere una infraestructura intensiva en electricidad. Los centros de datos necesitan un suministro energético continuo y confiable. Por lo tanto, la expansión de esa industria puede incrementar la demanda de energía en un momento en que numerosos países enfrentan aumentos de precios y restricciones de oferta.
A esto se agrega el riesgo financiero de que las expectativas depositadas en las inversiones tecnológicas no se traduzcan en beneficios económicos con la rapidez esperada.
Si los rendimientos resultaran inferiores a lo anticipado, podrían producirse ajustes en las valoraciones empresariales y en los mercados financieros. En paralelo, el peso de la deuda pública limita la capacidad de numerosos gobiernos para financiar infraestructura, capacitación y políticas de adaptación tecnológica.
La paradoja es que la inteligencia artificial puede convertirse en una fuente adicional de crecimiento, pero su expansión también exige inversiones y recursos que no están disponibles en las mismas condiciones para todas las economías.
Centroamérica: la oportunidad está en la productividad e infraestructura
Para Centroamérica, Panamá y República Dominicana, el debate abierto en Bangkok plantea una agenda económica de creciente importancia.
La región participa en sectores donde las herramientas de inteligencia artificial pueden tener aplicaciones concretas: servicios empresariales, comercio, banca, logística, turismo, manufactura y agroindustria.
Las empresas podrían aprovechar estas tecnologías para automatizar procesos administrativos, mejorar la gestión de inventarios, optimizar operaciones logísticas, reforzar la atención al cliente y utilizar información para tomar decisiones comerciales.
En sectores exportadores y de servicios, estas capacidades también pueden contribuir a mejorar la competitividad frente a mercados internacionales cada vez más digitalizados.
Sin embargo, el acceso a esas oportunidades está condicionado por diferencias en conectividad, infraestructura eléctrica, capacidades tecnológicas y formación de trabajadores.
En economías donde las pequeñas y medianas empresas representan una parte importante del tejido productivo, el costo de incorporar soluciones de IA y la disponibilidad de personal capacitado pueden convertirse en barreras significativas.
El mensaje de las instituciones multilaterales sugiere que no basta con promover el uso de nuevas aplicaciones: también es necesario fortalecer las condiciones que permiten utilizarlas de manera productiva, segura y sostenible.
Para los países centroamericanos, esto significa que la agenda de transformación digital está cada vez más vinculada con decisiones sobre inversión energética, educación, competitividad y desarrollo empresarial.