Por: Revistaeyn.com
Perú celebra este domingo una de las elecciones más trascendentales de su historia reciente. Más de 27 millones de ciudadanos están llamados a las urnas para elegir entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, en una segunda vuelta que definirá no solo al próximo mandatario, sino también el rumbo político, económico e institucional de un país que ha tenido nueve presidentes en apenas una década.
La elección es seguida con atención en toda América Latina. Perú se ha consolidado durante las últimas décadas como una de las economías más abiertas de la región, receptor de inversiones extranjeras en minería, infraestructura, energía y servicios. Al mismo tiempo, su ubicación estratégica lo convierte en uno de los principales focos de producción y tránsito de narcóticos en Sudamérica, un desafío que impacta directamente en la seguridad regional.
Un país atrapado en la inestabilidad
La votación llega después de años de crisis política permanente. Desde 2016, Perú ha visto caer presidentes por destituciones, renuncias, procesos judiciales y enfrentamientos con el Congreso. La crisis alcanzó uno de sus momentos más críticos en diciembre de 2022, cuando el entonces presidente Pedro Castillo intentó disolver el Parlamento antes de ser destituido y encarcelado.
El resultado ha sido una profunda pérdida de confianza ciudadana en las instituciones y una creciente polarización política entre sectores que defienden el legado del expresidente Alberto Fujimori y quienes consideran que el país necesita una alternativa al modelo representado por el fujimorismo.
En términos económicos, Perú mantiene fortalezas importantes, como una inflación relativamente controlada, abundantes recursos minerales y una sólida inserción en el comercio internacional. Sin embargo, la incertidumbre política ha frenado inversiones y debilitado la capacidad del Estado para ejecutar reformas estructurales.
Keiko Fujimori: orden, seguridad y continuidad económica
A sus 51 años, Keiko Fujimori busca llegar a la presidencia en su cuarto intento consecutivo, después de perder los balotajes de 2011, 2016 y 2021.
La líder de Fuerza Popular se presenta como heredera política de su padre y reivindica buena parte de su legado económico. Su discurso se centra en restaurar el orden institucional, fortalecer la seguridad ciudadana y recuperar la confianza de los inversionistas.
Fujimori sostiene que los últimos gobiernos han sumido al país en el caos político y propone una gestión de "mano dura" contra la delincuencia, el narcotráfico y la inestabilidad institucional. También promete preservar el modelo económico basado en la apertura comercial y la promoción de la inversión privada.
Para el sector empresarial, su candidatura es percibida como la opción de mayor continuidad respecto a las políticas de mercado que permitieron décadas de crecimiento económico. Sin embargo, su figura sigue generando rechazo en amplios sectores de la sociedad debido al legado autoritario asociado al gobierno de su padre y a las controversias políticas que han acompañado al fujimorismo durante los últimos años.
Roberto Sánchez: la izquierda busca regresar al poder
Frente a Fujimori se encuentra Roberto Sánchez, psicólogo, excongresista y exministro de Comercio Exterior y Turismo durante el gobierno de Pedro Castillo.
Sánchez ha construido su campaña alrededor de la reivindicación del expresidente encarcelado, cuya figura mantiene respaldo en sectores rurales y populares que consideran que fue removido del poder por las élites políticas y económicas del país.
El candidato de Juntos por el Perú propone impulsar una nueva Constitución, ampliar la participación del Estado en la gestión de recursos estratégicos y revisar algunos acuerdos económicos para aumentar los beneficios nacionales derivados de la explotación de recursos naturales.
También ha planteado la liberación de Castillo como una forma de reparación política para sus seguidores, una propuesta que genera fuertes divisiones en la sociedad peruana.
Su candidatura despierta inquietud entre sectores empresariales debido a la posibilidad de cambios regulatorios y una mayor intervención estatal en la economía. A ello se suma la alianza política con sectores vinculados al etnocacerismo, movimiento liderado por el exmilitar Antauro Humala, conocido por sus posiciones ultranacionalistas y radicales.
Lo que está en juego para la región
Más allá del resultado electoral, la principal incógnita será la capacidad del próximo presidente para gobernar un país profundamente fragmentado.
Para los mercados, la elección representa una decisión entre la continuidad de un modelo económico favorable a la inversión privada y una propuesta de reformas estructurales con mayor protagonismo estatal. Para América Latina, el desenlace ofrecerá señales sobre la fortaleza de los movimientos conservadores y de izquierda en un momento en que varios países de la región atraviesan procesos de redefinición política.
En materia de seguridad, la capacidad del futuro gobierno para enfrentar al crimen organizado y al narcotráfico también será observada de cerca por los países vecinos. Perú sigue siendo un actor clave en la lucha regional contra las redes ilícitas que operan en Sudamérica.
Con una sociedad dividida, instituciones debilitadas y una economía que busca recuperar impulso, los peruanos llegan a las urnas para decidir mucho más que un nuevo presidente: votan por dos visiones opuestas del país y por la posibilidad de cerrar —o profundizar— una década marcada por la inestabilidad.