Por José A. Barrera - Estrategia & Negocios
En los últimos veinte años, la cara de la conectividad en Centroamérica cambió deforma notable. El despliegue y la masiva adopción de las redes 4G fueron el principal detonante de una transformación tecnológica que abrió espacios a una economía digital ya una conectividad como nunca en la historia.
Luciana Corvalán, directora de Políticas Públicas para América Latina y el Caribe de la GSMA, destaca que el despliegue y la expansión del 4G fueron el avance más significativo para el sector en los últimos años. “Esta tecnología representa alrededor del 70 % de las conexiones en Guatemala y Honduras, y en torno al 45% en El Salvador. Esta generación permitió mejoras sustanciales en velocidad, acceso a Internet móvil y adopción de servicios digitales”, apunta.
El despliegue de las redes móviles se aceleró con la llegada de jugadores globales del sector, los cuales arribaron al istmo con la apertura del sector a finales de la década de 1990 y comenzaron a invertir en una tecnología para entonces incipiente. Corvalán añade que la masificación de las redes de cuarta generación(4G) fue fundamental para lo que se conoce como “conectividad significativa”, un ancho de banda que garantiza a las personas el uso cotidiano del Internet sin interrupciones, apto para ejecutar acciones productivas, como estudiar o trabajar en línea. Sin embargo, la experta señala que el desafío en torno a la conectividad aún existe .
José F. Otero, director ejecutivo de ICT Development Consulting, corrobora la importancia del 4G, pero destaca la asimetría regional en la adopción de redes más rápidas. “La llegada y adopción de nuevas tecnologías móviles en Centroamérica se han dado de manera asimétrica. Por ejemplo, en el ámbito de la 5G, Guatemala se perfila como pionera regional desde 2022, gracias a los esfuerzos de la Superintendencia de Telecomunicaciones (SIT) para impulsar la expansión de esta tecnología en el país”.
Añade que el despliegue de la 5G en El Salvador ha sido más lento, ya que este fue uno de los últimos países en implementarlo. “En la actualidad, solo Nicaragua y Honduras no cuentan con redes comerciales de 5G en la región”, apunta.
Otero sostiene que, independientemente de la presencia de redes 5G en el istmo, la 4G sí se ha expandido bastante, posibilitando el acceso a Internet para millones de personas con un precio asequible y de manera ubicua. “Sin la presencia de 4G, muchas familias tendrían limitado su acceso a Internet debido a los costos de las alternativas alámbricas en zonas no urbanas”, valora.
IMPACTO ECONÓMICO Y SOCIAL
Las redes de telecomunicaciones se han consolidado como una infraestructura esencial para la digitalización de la economía. Luciana Corvalán explica su relevancia para el istmo y su desarrollo productivo.
“Una mayor conectividad permite expandir el comercio digital, mejorar la productividad, fortalecer el turismo mediante mejores servicios digitales y ampliar el acceso a herramientas financieras y educativas”, recalca.
El incipiente desarrollo de las redes 5G ofrece una importante ventana para el desarrollo de sectores productivos tradicionales e incluso de nuevos, empujados por la economía digital.
“En el caso de industrias como agricultura y manufactura, el mayor beneficio se verá con la expansión del 5G, ya que esta tecnología permitirá aplicaciones más avanzadas gracias a su baja latencia y capacidad para conectar dispositivos masivamente. Esto habilitará, por ejemplo, agricultura de precisión mediante sensores y monitoreo remoto, automatización industrial, operación de maquinaria a distancia y mejoras en logística y puertos inteligentes”.
INCLUSIÓN DIGITAL
Un estudio reciente publicado por la GSMA reveló que la conectividad móvil 4G contribuyó a reducir la pobreza en los dos mercados más grandes de América Latina. En ambos casos, el impacto fue más acentuado en zonas rurales: la reducción fue de un 5,3 %en municipios rurales de Brasil y de un 3,5 % en municipios rurales de México.
Corvalán explica el porqué de este impacto en las zonas rurales: “se debe a que la conectividad facilita la integración económica de las personas, ya sea mediante acceso a empleo, el aumento de productividad o el acceso a programas públicos”.
El reporte Mobile Economy Latin America 2026, lanzado en mayo de 2026, revela que las tecnologías y servicios móviles generaron US$600.000 millones en valor económico en toda la región en 2025, equivalente al 8,6 % del PIB.
Otero reconoce el impacto económico que tiene una mejora de la conectividad, pero matiza que la disponibilidad de la tecnología, por sí sola, no genera crecimiento económico, sino la utilización de esta para que los sectores productivos de la economía sean más eficientes en sus procesos.
El analista de ICT Development Consulting sostiene que “sin redes de telecomunicaciones no existe la inclusión digital”. Asimismo, considera que la presencia de estas no garantiza un impacto positivo en la productividad, y que la reducción de la brecha económica no es responsabilidad de los operadores.
“El rol de los operadores es ofrecer servicios de conectividad, mientras que el sector privado y las entidades de gobierno son quienes deben ver cómo pueden utilizar esta conectividad para su beneficio. Las redes habilitan el cambio, pero son las políticas de negocio y de gobierno las que definen los planes específicos para ser más eficientes y productivos”, apunta.
RETOS REGULATORIOS
La región avanza hacia el desarrollo de redes más rápidas. El salto de la tecnología 4G a la 5G no es simplemente un cambio de número; es una evolución que transforma por completo la forma en que nos conectamos a Internet. Para entenderlo de manera sencilla, si el 4G construyó las autopistas para que los teléfonos inteligentes cambiaran nuestras vidas, el 5G está diseñado para conectar todo lo demás a nuestro alrededor: autos, casas, industrias y ciudades enteras.
El cambio más evidente para el usuario común es la velocidad. El 5G es, teóricamente, es una tecnología hasta 100 veces más rápida que la 4G. Con 4G se puede descargar una película en alta definición entre 5 y 10 minutos, pero con 5G esa misma tarea se puede cumple en unos cuantos segundos.
El avance emociona a muchos no solo en el campo de entretenimiento, lo hace también como promesa de productividad y alcance ya que aumenta exponencialmente la capacidad para conectar objetos en tiempo real, dando paso al Internet de las cosas. Sin embargo, Corvalán identifica algunas barreras para el despliegue del 5G en la región. “Las barreras son, en gran medida, similares a las que ha enfrentado y enfrenta la expansión del 4G. En Centroamérica, uno de los principales desafíos es la limitada disponibilidad de espectro radioeléctrico, producto de años de escasas asignaciones”, reitera.
Un caso concreto es el de Honduras, una plaza donde un reporte de la GSMA de 2024, detalla que el espectro asignado a servicios móviles alcanzaba los 250 MHz, la mitad del promedio regional de 500 MHz. “Aparte de la disponibilidad de espectro en general, el 5G requiere ciertas bandas específicas para concretar sus capacidades y en la mayoría de los países de Centroamérica, todavía no se han licitado”, destaca.
Otra barrera es la necesidad de contar con más puntos de acceso. “El 5G requiere de una densificación de antenas y sitios móviles aún mayor que la requerida para 4G, y por eso las trabas administrativas para instala resta infraestructura física, como los permisos municipales, son un obstáculo”, añade la experta de GSMA.
También es esencial simplificar regulación y modernizarla para la nueva era digital, procurando siempre el diálogo continuo y abierto con el sector privado a través de herramientas como la consulta pública previa. Repensar cargas tributarias que encarecen el despliegue y la adopción de los servicios es otra estrategia importante para adoptar para impulsar el despliegue y adopción.
”Otero enfatiza que para que esto ocurra también es vital contar con un entramado empresarial saludable y que todo nuevo despliegue se sustente en demanda. “Lo más importante es la salud financiera de las empresas que prestan servicios. No es lanzar 5G por lanzarlo, sino comenzar a ofrecer la tecnología cuando los operadores consideren que puede haber un retorno positivo de su inversión”, finaliza.