Por revistaeyn.com
El sector empresarial en América Latina ha dejado de percibir la conservación ambiental como un aspecto secundario para integrarlo como un pilar de alta prioridad dentro de sus operaciones.
Así lo revela el reciente estudio "De la resiliencia a las soluciones: activando el Capital Natural", desarrollado por la iniciativa suiza Innovate 4 Nature (I4N) y FUNDES, el cual analizó el nivel de madurez, riesgos y oportunidades frente a la naturaleza en organizaciones de 10 sectores productivos de la región.
El informe destaca que las empresas otorgan una valoración promedio de 8.5 sobre 10 a la relevancia estratégica de los ecosistemas naturales.
Sin embargo, el dato más revelador del estudio muestra un "embudo invertido" en la madurez corporativa: un 85.2 % de las organizaciones encuestadas manifiesta un firme interés en colaborar con startups y emprendimientos de innovación, cifra que supera el porcentaje de empresas que ha completado un diagnóstico formal de sus impactos (74.1 %), riesgos (70.4 %) o de sus oportunidades ambientales (70.4 %).
A diferencia de los patrones observados en grandes multinacionales, donde los riesgos suelen ubicarse en la cadena de proveedores, el 55.6 % de las empresas participantes, compuestas mayoritariamente por medianas organizaciones, señala que su mayor exposición e impacto ambiental ocurre directamente en sus operaciones propias.
Al respecto, Mónica Gutiérrez, líder de sostenibilidad de FUNDES, destacó el cambio de paradigma que experimenta el tejido productivo regional: “Los datos demuestran que las empresas de la región están plenamente convencidas del valor que tiene la naturaleza para la continuidad de sus negocios, pero se enfrentan a una clara brecha técnica para medirla e integrarla cuantitativamente.”
“Menos de la mitad de las organizaciones utiliza actualmente marcos de estándares y reporte reconocidos como TNFD, LEAP, SBTN o ISO. Por esa razón, el mercado no está solicitando más diagnósticos teóricos o estructuras financieras complejas de entrada, sino alianzas estratégicas flexibles, transferencia de conocimiento y capacidades para resolver desafíos compartidos, especialmente en torno a la gestión del agua y la economía circular", agregó Gutiérrez.
El estudio identifica el agua como el hilo conductor más recurrente y crítico de la muestra. La gestión hídrica se posiciona de forma simultánea como la principal fuente de impacto (35 %), el mayor riesgo físico operativo (32 %), la máxima necesidad de innovación (30 %) y una prioridad estratégica indiscutible (26 %).
En cuanto a las oportunidades de negocio con impacto positivo, la economía circular domina las preferencias del sector empresarial con un 32 % de las menciones. Esta tendencia responde a la búsqueda de soluciones tangibles y de corto plazo que permitan reducir costos, revalorizar residuos y optimizar el uso de insumos sin requerir una reestructuración total del modelo de negocio.
El informe también analiza el comportamiento diferenciado entre las distintas actividades económicas:
● Agroalimentario: Se consolida como el sector más comprometido y consciente, registrando un 100 % en la identificación de impactos y riesgos y una valoración de importancia máxima (10/10). No obstante, presenta un espacio de mejora importante en la formalización de métricas, ya que solo el 38 % aplica marcos metodológicos internacionales.
● Manufactura: Muestra la mayor brecha de traducción interna entre la huella física y el análisis corporativo, con un 80% de impacto mapeado pero solo un 60 % de riesgos formalizados en sus matrices de gestión.
● Energía y servicios públicos: Exhibe el contraste más marcado entre ambición y diagnóstico, otorgando una importancia máxima a la naturaleza (10/10) pero registrando la tasa más baja de identificación de riesgos formales (33.3 %).
El estudio concluye que el futuro de la sostenibilidad corporativa en América Latina no depende de diagnósticos teóricos complejos, sino de la capacidad de articular alianzas pragmáticas y flexibles entre el sector empresarial y el ecosistema de innovación