Por: Elaine Miranda Vela (*)
Hace trece años me gradué de un MBA que estudié durante dos años en Asia. Como parte del programa llevamos cursos de estrategia, liderazgo, negociación, finanzas corporativas, mercadeo y gestión empresarial. Aprendimos a analizar empresas, interpretar estados financieros y tomar decisiones de negocio.
Fue una excelente formación. Pero hay algo que nunca nos enseñaron: qué hacer con nuestro propio dinero.
Con los años he descubierto que esa omisión no es exclusiva de mi programa. Se repite en buena parte de la educación ejecutiva alrededor del mundo. Formamos líderes capaces de dirigir organizaciones complejas, pero rara vez les enseñamos a construir patrimonio, manejar el riesgo financiero personal o prepararse para el largo plazo.
Lo veo constantemente cuando una empresa me contacta para impartir talleres de educación financiera. Muchas veces los equipos de Recursos Humanos asumen que la alta gerencia no necesita este tipo de formación porque gana bien o porque ya domina los números. Mi experiencia me dice otra cosa.
Las personas que más ganan suelen tener acceso a mayores niveles de deuda, más crédito y una presión constante por sostener determinado estilo de vida. Desde afuera parecen estar bien. Por dentro no siempre es así.
Y eso ocurre porque tener un MBA, una maestría o incluso un doctorado no convierte automáticamente a nadie en experto en finanzas personales. Al final, el dinero tiene mucho menos que ver con inteligencia y mucho más con comportamiento.
Un autor que me encanta y que recomiendo muchísimo es Morgan Housel, autor de La Psicología del Dinero. Una de sus ideas más poderosas es que las habilidades necesarias para hacer dinero y las habilidades necesarias para conservarlo son completamente distintas.
Para generar más ingresos solemos necesitar ambición, optimismo, confianza y disposición para asumir riesgos. Son precisamente las características que impulsan a muchos profesionales a crecer dentro de una organización o asumir posiciones de liderazgo.
Pero conservar ese dinero requiere algo diferente: paciencia, disciplina y estabilidad emocional. Requiere resistir la tentación de elevar el estilo de vida cada vez que aumentan los ingresos y tomar decisiones pensando en el largo plazo.
La educación ejecutiva suele enfocarse en cómo crecer, innovar y asumir riesgos inteligentes. Todo eso es necesario. Pero casi nunca hablamos de qué hacer cuando ese crecimiento llega, cuando aparecen los bonos, aumenta el salario o se multiplican las oportunidades financieras.
Tal vez la próxima evolución de la educación ejecutiva no pase únicamente por incorporar inteligencia artificial o nuevas metodologías de gestión. También pasa por reconocer que detrás de cada líder hay una persona que toma decisiones financieras todos los días.
Porque aprender a dirigir una empresa es importante. Pero si algo he comprobado trabajando con profesionales de todos los niveles, es que el éxito profesional no garantiza tranquilidad financiera.
Y asumir que una persona sabe manejar dinero simplemente porque ocupa un cargo importante puede ser uno de los mayores puntos ciegos de la educación ejecutiva actual
(*) La autora es coach financiera, conferencista internacional, autora del Libro “Mujeres y Finanzas” y fundadora de la plataforma de Educación Financiera Platacon Plática, la más leída de Nicaragua.
Este artículo fue publicado originalmente en la última edición de Revista Estrategia & Negocios. Lea más artículos premium de alta calidad: DAR CLICK ACÁ.