Por Gabriela Origlia - Estrategia & Negocios
Gerd Leonhard está dedicado a analizar el futuro y, en especial, el impacto de las transformaciones que provoca la tecnología. Más precisamente, a advertir cuáles serían las consecuencias si los seres humanos dejan de dirigirla.
“Es una herramienta no un propósito en sí mismo”, dice varias veces a lo largo de la conversación con Estrategia & Negocios. Conferencista internacional, diserta sobre la interacción de la Inteligencia Artificial (IA) con los ciudadanos.
“Personas, planeta, propósito y prosperidad” son los conceptos en los que centra sus exposiciones convencido de que se puede diseñar un futuro mejor. Aunque advierte sobre los riesgos de endiosar a la tecnología, es optimista. Ha trabajado en compañías como Microsoft, NBC, Visa, Google e IBM y sostiene que para que haya un “mañana mejor y más centrado en el ser humano” hay que regular éticamente el avance tecnológico. Sobre aquellos líderes políticos como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que se pronuncian contra las regulaciones, afirma que de lo que se trata es de “construir un futuro mejor”.
Plantea que los regímenes autocráticos no funcionan, que no hay posibilidad desde una autocracia “buena o positiva” y ratifica la importancia de los sistemas democráticos “sólidos”. Reconoce que la tecnología también puede ser utilizada para consolidar regímenes autoritarios si no se instrumentan las salvaguardas éticas y legales adecuadas.
“El mayor peligro no es que las máquinas tomen el control, sino que nos volvamos como ellas”, dijo a E&N e insiste en que “la tecnología, las máquinas saben de lógica, pero no de relaciones personales”. Para graficar su pensamiento apunta que, sin dudas, cualquier persona quiere ser atendida por un “gran doctor, por un súper doctor” pero rechazaría que ese profesional sea un robot.
“Quiere una persona. No confiaría solo en la tecnología, quiere poder hablar, interactuar”, sintetiza.
Leonhard señala que no se debería privilegiar “la conveniencia sobre la conciencia” porque es lo que podría desembocar en la deshumanización. Destaca entre los expertos persuadidos de que la IA debe “ampliar” a la inteligencia humana, no reemplazarla. El conferencista apunta que en una década las tecnologías estarán en todas partes, serán disruptivas y su desarrollo vertiginoso continuará.
Sin embargo, reitera que el impacto “dependerá de nosotros. Por eso ya no hay que hablar de las transformaciones digitales, sino de las humanas. Las corporaciones deben centrarse ahí, en la persona. La IA estará en todos los sectores, pero debe ser gestionada por los humanos, la ética debe comandarla”.
Como futurista humanista, ¿qué plantea sobre las ciudades del futuro?
Me enfoco sobre el futuro en general, sobre cómo evolucionaremos. Y, en ese marco, por supuesto que también está el impacto de las tecnologías en el desarrollo de las ciudades. Las ciudades deben ser diseñadas para servir a las personas que, cada vez menos, quieren vivir en las grandes urbes. Coincido fuertemente con la frase de Peter Druker sobre que “la cultura se come a la estrategia en el desayuno”. Modificándola levemente, le diría que la cultura se come a la tecnología. Todavía es así. En Sudamérica, en Centroamérica, hay una cultura humanista. Es importante que la cultura, que la experiencia, esté por encima del hacer dinero. La tecnología es una herramienta, es algo que usamos, no es el propósito. No debemos perder el propósito.
Estamos en una época en la que hay una suerte de endiosamiento de la tecnología...
No podemos ver a la tecnología como a un Dios, como ala solución de todos los problemas. No es nuestra salvadora.
Tenemos que hacer una integración equilibrada de esa herramienta -la tecnología- a nuestra sociedad. La debemos utilizar para mejorar nuestra calidad de vida, para tener una vida mejor.
En sus presentaciones habla del “sabio” de la tecnología, ¿se pueden concebir ciudades más sabias?
Claro que sí. Un uso ético de la tecnología nos permitiría tener mejores ciudades sin comprometer nuestra autonomía, nuestra privacidad. Ciudades con transporte sostenible, con energías limpias.
Cada vez más gente trabaja en sus casas, conectadas, se mueve menos a sus oficinas. Ese es un cambio importante .Implica organizarse de otra manera. El futuro será verde, construcciones sustentables, con ciudadanos que no quieren mega ciudades. Las ciudades deben adaptarse a los desafíos del cambio climático, promover prácticas ecológicas.
El futuro, dentro de diez años, estará profundamente influido por tecnologías exponenciales, pero su impacto dependerá de cómo elijamos usarlas.
¿La ciudad del futuro es la “de los 15 minutos”? El modelo que plantea que todo debe estar al alcance del habitante Esa es una idea particular, pero sí tiene que ver con que muchísima gente ya no se mueve a los centros de las ciudades para trabajar cuando antes eso era lo normal.
El trabajo a distancia transformó todo. Con el avance del trabajo remoto, hubo un cambio en cómo se diseñan las ciudades, hay menos edificios de oficinas, más espacios multifuncionales, y barrios que mezclan vivienda, trabajo y ocio.
Cada vez hay más ciudadanos que eligen los suburbios, entonces debe haber transporte eléctrico gratis o afrontable para la gente, los servicios sociales, culturales y de salud que la gente requiere.
Un debate clave sobre ese punto, al menos en Latinoamérica, es cómo se financian esos servicios, quién se hace cargo de esa infraestructura... La tecnología permite más productividad y, si hay más productividad, hay más rentabilidad. Entonces, hay más dinero para inversiones. No solo en mejores infraestructuras, sino en programas sociales y educativos.
Los mayores ingresos derivados de la mejora de la productividad deben usarse para fortalecer las habilidades humanas, para un mayor desarrollo social.
El mayor beneficio no debe agotarse en una persona, en una compañía, debe ser para toda la sociedad. En Latinoamérica estas reinversiones son importantes; los gobiernos deben ocuparse de los diferentes frentes. Es verdad que los que deben impulsar esos planes no siempre son los más predispuestos, pero debe haber más gente integrando los gobiernos que comprendan su importancia.
El acceso a la tecnología genera brechas, en Latinoamérica eso es palpable. Usted impulsa una regulación ética, ¿cómo reciben los gobiernos esa propuesta?
Si la tecnología no está guiada por principios éticos, provoca un aumento de la desigualdad. Podemos terminaren una tecnocracia sin ética, donde las decisiones se tomen sin tener en cuenta al ser humano. Insisto en la inversión en programas educativos porque las personas tienen que tener capacidades que no tiene un robot. Sies igual que un robot en un trabajo, será reemplazada.
Pero la tecnología se puede usar para capacitar, para entrenar a la persona y a la inversa, también los humanos para mejorar al robot? Es así. Se habla de reemplazo de trabajadores por máquinas, pero hay que ocuparse de que esas personas puedan capacitarse en lo que la tecnología no puede hacer. Hay que educar en empatía, creatividad, pensamiento crítico, en colaboración. Hay que entender el impacto de la tecnología y crear reglas globales y locales para asegurar que la tecnología sirva al bien común.
Hay líderes como Trump que se manifiestan explícitamente en contra de las regulaciones...Construir un futuro mejor requiere de regímenes no autocráticos. No funcionó nunca en la historia, no hay antecedentes de una buena o positiva autocracia. El impacto de la tecnología no es neutral, además su velocidad de desarrollo es mucho mayor a la de los sistemas políticos para regularla éticamente.
Por eso se generan vacíos. Hay que adelantarnos, actuar antes de que se produzcan daños. Hay que establecer principios como el de la transparencia algorítmica, la protección de la privacidad, los controles humanos sobre las decisiones automatizadas. El humanismo debe ser la prioridad.
Es importante decir que usted no está en contra de la tecnología.
Por supuesto que no. La tecnología colabora como herramienta cuando tenemos una razón, un propósito. Necesitamos crear una razón, tenemos que verla. Deesa manera se construye el futuro. Las tecnologías sirven para salvar vidas, para curar enfermedades, constituyen la llave para muchas soluciones, pero siempre sirviendo a un propósito.
Siempre debe estar alineada con objetivos humanos como el bienestar, la equidad, la sostenibilidad y la justicia. Los que deben estar en el centro son los humanos, no los algoritmos. Sino es así, los daños sobrevienen. El propósito tiene que ser una mejor calidad de vida, no solo el dinero.
¿Es optimista respecto a que esos planteos humanistas sean los que dominen la adopción de las tecnologías, a que los humanos sean los que terminen gestionando a la herramienta?
Al futuro lo co-creamos no es algo que simplemente sucede. Tomemos a Google Maps. Es una herramienta, la usamos, pero no confiamos solo en ella. La tecnología no debe reemplazar a las personas, no debe perder su rumbo. La tecnología no puede quedar solo en mano de los mercados o de los tecnócratas. La tecnología entiende de lógica, no de relaciones.
¿Cómo imagina el futuro en una década?
Depende de cómo elijamos usar las tecnologías, su impacto dependerá de nosotros. Las tecnologías serán exponenciales, el desarrollo es vertiginoso, y ya están en todos lados. Por eso ya no hay que hablar de las transformaciones digitales, sino de las humanas. Las corporaciones deben centrarse ahí, en la persona.
La IA estará en todos los sectores, pero debe ser gestionada por los humanos, la ética debe comandarla.