Por revistaeyn.com
La eventual salida a bolsa de SpaceX en 2026 amenaza con marcar un antes y un después en los mercados financieros.
Según informó BolsaManía, citando un artículo original de la periodista especializada en mercados globales Yun Li, la compañía liderada por Elon Musk podría alcanzar una valoración cercana a US$1,5 billones, superando el récord de la salida a bolsa de Saudi Aramco en 2019.
Más allá del tamaño, la operación tendría un impacto estructural: funcionaría como referencia de valoración para toda la industria espacial, atrayendo capital hacia empresas vinculadas a lanzamientos, conectividad satelital y, especialmente, al ecosistema de Starlink, hoy el principal motor de crecimiento de SpaceX.
Por qué Musk cambia de estrategia
Durante años, Elon Musk evitó deliberadamente sacar SpaceX a bolsa. A diferencia de Tesla, temía que el escrutinio público y la presión de los accionistas entraran en conflicto con su visión de largo plazo, incluida la colonización de Marte.
Sin embargo, según reveló Ars Technica, la compañía planea ahora recaudar más de US$30.000 millones mediante una oferta pública inicial, un giro estratégico que sorprende incluso a observadores habituales del ecosistema Musk.
El cambio de contexto es clave. El auge acelerado de la inteligencia artificial, la robótica y la computación avanzada ha reconfigurado las prioridades del empresario. Musk ya no concibe estas tecnologías como verticales separadas, sino como un sistema integrado que transformará la economía y la civilización.
El verdadero límite de la IA
En este nuevo escenario, el mayor obstáculo para la expansión de la IA no es el talento ni los chips, sino la energía. Así lo advierte José Gfaell, fundador y presidente de Nexwm, quien subraya que la infraestructura energética terrestre no está preparada para sostener la escala prometida por la inteligencia artificial.
Las cifras lo confirman. Estados Unidos genera actualmente unos 490 gigavatios de energía total, mientras que se proyecta que la IA demandará 123 gigavatios para 2035, cerca de una cuarta parte de toda la red eléctrica. Goldman Sachs estima que la demanda energética asociada a la IA crecerá un 165 % hacia 2030.
Las grandes tecnológicas ya enfrentan este límite. Oracle, por ejemplo, invirtió 12.000 millones de dólares en un solo trimestre en centros de datos, con flujo de caja libre negativo, mientras Microsoft, Amazon y Google compiten por acceso a electricidad, agua y capacidad de refrigeración.
Centros de datos en el espacio
La respuesta de Musk a este cuello de botella no pasa por construir más infraestructura en la Tierra. Según Ars Technica, SpaceX trabaja en una nueva generación de satélites Starlink capaces de albergar chips de inteligencia artificial y operar como nodos de procesamiento en órbita
La lógica es radical:
-Energía solar continua, sin interrupciones climáticas ni nocturnas.
-Refrigeración natural en el vacío espacial.
-Eliminación de cuellos de botella de las redes eléctricas terrestres.
Musk incluso ha planteado públicamente la posibilidad de fabricar satélites fuera de la Tierra y lanzarlos mediante sistemas electromagnéticos, con el objetivo de escalar la computación orbital a niveles nunca vistos.
La verdadera razón detrás de la IPO
Desde esta perspectiva, los US$30.000 millones que SpaceX podría recaudar en la IPO adquieren un significado distinto. De acuerdo con el análisis de José Gfaell, ese capital estaría destinado a expandir la computación orbital, un mercado incipiente pero potencialmente decisivo para el futuro de la IA global.
SpaceX ya cuenta con una ventaja estructural: más de 6.000 satélites Starlink en órbita, cohetes reutilizables y una capacidad de lanzamiento que ningún competidor puede igualar. Mientras otras empresas dependen de permisos regulatorios y redes eléctricas saturadas, Musk controla toda la cadena.
No es casual que competidores como Blue Origin, Google o incluso exlíderes de la industria tecnológica estén acelerando proyectos similares.
Más que una empresa aeroespacial
Vista en conjunto, la salida a bolsa de SpaceX no parece responder únicamente a una lógica financiera. La compañía no busca solo capitalizar su liderazgo espacial, sino posicionarse como la infraestructura energética y computacional sobre la que correrá la próxima etapa de la inteligencia artificial.
En ese marco, la valoración de US$1,5 billones deja de parecer excesiva. SpaceX no es únicamente una empresa de cohetes: es una apuesta por controlar una de las capas más críticas del futuro digital.
La IPO de 2026, lejos de ser un punto de llegada, podría marcar el comienzo de una nueva carrera. Una en la que no se compite solo por tecnología, sino por quién define las reglas energéticas de la inteligencia artificial.
(Con información de Bolsamania, Ars Technica y Nexwm)