Por: Celeste Alvarado - Revistaeyn.com
Fundado en 1913, Banco Atlántida nació vinculado a los sectores productivos de Honduras. Actualmente, aproximadamente el 85% de su cartera de crédito está destinada al sector privado, desde actividades agrícolas hasta industriales.
En el marco de la Cumbre Regional de Confianza 2026, organizada por Estrategia & Negocios, DATOS Group y PIZZOLANTE, Manuel Dávila, vicepresidente Ejecutivo Senior de Banco Atlántida Honduras, compartió la visión de una institución que durante más de un siglo ha construido su reputación acompañando el crecimiento económico y empresarial de ese país y la región.
Para Dávila, una de las claves de la confianza ha sido permanecer cerca de sus clientes, especialmente durante los momentos difíciles.
“Somos un muy buen socio en tiempos buenos, pero quizás somos mucho mejor socio en tiempos malos”, afirmó, destacando el acompañamiento brindado a empresas y emprendedores a lo largo de diferentes períodos de crisis.
Una confianza construida durante generaciones
La historia del banco está acompañada por una anécdota que se convirtió en símbolo de su reputación. En 1914, un incendio destruyó buena parte de la ciudad de La Ceiba, donde se encontraba la primera oficina de Banco Atlántida. La estructura que permaneció en pie fue la bóveda, donde se encontraban protegidos los bienes y recursos de la institución.
Para Dávila, esa historia refleja el concepto de seguridad que ha acompañado a la marca desde sus primeros años.
Sin embargo, considera que la confianza no se construye únicamente con solidez financiera. También requiere comprender al empresario y acompañarlo después de otorgarle un financiamiento, cuando comienza realmente el desafío de desarrollar su proyecto.
Expansión con identidad regional
Banco Atlántida ha desarrollado un proceso de regionalización que lo ha llevado a operar en diferentes mercados. Su expansión comenzó fuera de Honduras en Belice y posteriormente continuó en países como El Salvador, Nicaragua, Panamá, Ecuador y Perú.
El modelo busca mantener una identidad cercana a los mercados donde opera, aprovechando elementos comunes como el idioma, la cultura y las necesidades de los sectores productivos.
“La expansión también ha permitido acompañar a empresas hondureñas que buscan internacionalizar sus operaciones, fortaleciendo los vínculos económicos entre los países de la región”, destaca Dávila.
Tecnología al servicio de la confianza
Ante la transformación digital y el avance de la inteligencia artificial, el ejecutivo considera que la tecnología y la atención humana no son conceptos opuestos.
La institución debe ofrecer diferentes canales para que cada cliente decida cómo desea relacionarse con el banco: desde la atención personalizada en una agencia hasta aplicaciones y soluciones digitales.
“Si usted no se sabe acompañar de la tecnología correcta en el momento correcto, está destinado a quedarse atrás”, señala.
Para Dávila, la inteligencia artificial representa una oportunidad extraordinaria para una industria que maneja grandes cantidades de información, aunque su implementación debe estar acompañada de mecanismos que protejan la privacidad, la seguridad y la integridad de los datos.
Incluso la propia historia de Banco Atlántida demuestra la importancia de adaptarse a los avances tecnológicos. En sus primeros años, el telégrafo permitió conectar sus primeras sucursales y facilitó el proceso de expansión. Con el paso del tiempo llegaron el teléfono, el télex y posteriormente las tecnologías digitales.
Una relación que trasciende la banca
La visión de Manuel Dávila plantea que la confianza en el sector financiero se construye a través de la permanencia, la cercanía y la capacidad de evolucionar junto a los clientes.
Más de un siglo después de su fundación, Banco Atlántida mantiene como uno de sus principales objetivos acompañar al sector privado y contribuir al desarrollo económico de los países donde tiene presencia.
Para la institución, la confianza no solo significa administrar recursos financieros; significa convertirse en un socio capaz de estar presente en los buenos momentos, pero especialmente cuando las empresas, los emprendedores y las comunidades enfrentan desafíos.