Por revistaeyn.com
Las perspectivas para América Latina de cara a 2026 se mueven en un terreno de cautela, pero sin señales de deterioro abrupto. De acuerdo con el más reciente análisis de Fitch Ratings, la región mantiene una evaluación de riesgo soberano “neutral”, una lectura que refleja la capacidad de los países latinoamericanos para resistir un entorno internacional todavía volátil, aunque sin perfilarse como los grandes ganadores del ciclo económico global.
El escenario externo continúa marcado por altos niveles de incertidumbre. Las modificaciones en la política comercial y migratoria de Estados Unidos no han generado, por ahora, un impacto severo sobre las economías latinoamericanas, señala Fitch Ratings.
Sin embargo, los efectos completos de estas decisiones podrían tardar en reflejarse, especialmente ante la revisión pendiente del acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (USMCA), que mantiene en vilo a los mercados. A ello se suma el renovado interés geopolítico de Washington en la región, un factor que puede abrir oportunidades, pero también introducir focos de tensión, como ocurre con la situación en torno a Venezuela.
Desde el punto de vista macroeconómico, Fitch anticipa un contexto global relativamente equilibrado, tanto en términos de crecimiento como de precios de las materias primas. Este entorno, combinado con una política monetaria más flexible en Estados Unidos, podría aliviar las condiciones de financiamiento para los soberanos latinoamericanos.
En caso de que el panorama internacional se complique, América Latina cuenta con algunos amortiguadores. Cuentas externas relativamente manejables, tipos de cambio flexibles, niveles adecuados de reservas internacionales y sistemas bancarios que, en general, muestran solidez, deberían contribuir a mitigar choques adversos. No obstante, estos factores no eliminan las debilidades estructurales que persisten en varios países.
El ciclo electoral que atraviesa la región no es visto como una amenaza directa para la estabilidad macroeconómica. Aun así, podría dificultar el avance de reformas clave orientadas a fortalecer el crecimiento y corregir desequilibrios fiscales, indica Fitch Ratings.
Las finanzas públicas siguen siendo un talón de Aquiles en muchas economías, limitando la capacidad de aplicar políticas contracíclicas o impulsar agendas de desarrollo más ambiciosas. Además, el bajo dinamismo económico continúa alimentando tensiones sociales y demandas de cambio.
Pese a este cuadro mixto, el balance de perspectivas en América Latina es favorable: Fitch registra una relación de cinco evaluaciones positivas por cada negativa, lo que abre la puerta a un cuarto año consecutivo de mejoras netas en las calificaciones soberanas.
Estas revisiones al alza se han concentrado principalmente en economías más pequeñas o de frontera, mientras que los grandes mercados aún enfrentan obstáculos significativos. En este grupo, Colombia destaca como el único país con perspectiva negativa, reflejo de los desafíos fiscales y de crecimiento que siguen pesando sobre su perfil crediticio.