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El Salvador abre por primera vez su camino al Oscar y los Goya con dos películas propias

"Vértices", de Arturo López Rodas, representará al país ante la Academia de Hollywood, mientras "Luciérnagas en El Mozote", obra póstuma de Ernesto Melara, buscará un lugar en los premios del cine español. La selección inaugura una ruta institucional para la cinematografía salvadoreña.

2026-09-18

Por: Revistaeyn.com

El cine salvadoreño acaba de abrir una puerta que hasta ahora permanecía cerrada. Dos películas producidas en el país representarán a El Salvador ante las academias que entregan los premios Oscar y Goya, como resultado del primer proceso formal de selección organizado por el Comité Cine Nacional de El Salvador (CINESAL).

Vértices, dirigida por Arturo López Rodas, será presentada ante la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos para su consideración en la categoría de Mejor Película Internacional de la 99.ª edición de los Oscar.

Por su parte, Luciérnagas en El Mozote, escrita y dirigida por el fallecido cineasta Ernesto Melara, representará al país en la categoría de Mejor Película Iberoamericana de la 41.ª edición de los premios Goya, concedidos por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

Las designaciones no significan que ambas producciones ya estén nominadas. Son las representantes oficiales de El Salvador y deberán superar ahora los procesos de evaluación establecidos por cada academia. Sin embargo, el acontecimiento ya marca un punto de inflexión: el país cuenta por primera vez con un mecanismo organizado para llevar su cine a dos de los escenarios internacionales de mayor reconocimiento.

“Más que un punto de llegada, este proceso de selección representa el comienzo de un camino para que las historias, el talento y las producciones cinematográficas de El Salvador puedan cruzar fronteras y conectar con nuevas audiencias internacionales”, explicó Oscar Torres, productor, guionista y vocero de CINESAL.

Dos películas, dos formas de mirar al país

Las obras seleccionadas recorren territorios narrativos distintos. Una observa la amistad, la pérdida y el paso del tiempo desde una historia íntima. La otra se acerca a una de las heridas más profundas de la historia salvadoreña mediante la ficción y la memoria.

Vértices es la ópera prima de Arturo López Rodas, quien también escribió y produjo el largometraje. La historia comienza con el reencuentro de tres antiguos amigos y se desarrolla alrededor de los vínculos que sobreviven al tiempo, las ausencias y los cambios personales. Está protagonizada por tres actores salvadoreños: Francisco Martínez, Ángel Flamenco y Francisco Graniello.

El proyecto nació, según explicó el director, de la búsqueda de una producción viable para las posibilidades del cine salvadoreño: pocas locaciones, una estructura concentrada y un peso importante de los diálogos. Esa limitación inicial se convirtió en parte de su lenguaje creativo.

La película ya empezó a construir un recorrido fuera del país. Obtuvo el premio a Mejor Guion en el Festival Internacional Ícaro 2025 y fue reconocida como Mejor Largometraje Internacional en el Cobb International Film Festival 2026, celebrado en Georgia, Estados Unidos.

Su estreno comercial en El Salvador está previsto entre el 24 y el 30 de septiembre en Cinemark La Gran Vía. Ese paso también es relevante para cumplir con los requisitos de exhibición establecidos por la Academia de Hollywood.

Las normas de la 99.ª edición de los Oscar establecen que las películas aspirantes a Mejor Película Internacional deben haber iniciado su exhibición cinematográfica entre el 1 de octubre de 2025 y el 30 de septiembre de 2026. La documentación y los materiales requeridos deberán ser entregados antes de que termine ese último día. Academia de los Oscar

El Mozote visto desde la infancia

La segunda película seleccionada carga con un peso histórico y emocional diferente. Luciérnagas en El Mozote aborda la masacre cometida en diciembre de 1981 durante el conflicto armado salvadoreño, pero lo hace desde la perspectiva de un niño de 11 años.

La obra no se plantea como una reconstrucción documental. Utiliza la ficción, los símbolos y la mirada infantil para explorar los silencios, las pérdidas y las marcas que la violencia deja en la memoria individual y colectiva.

El largometraje está inspirado principalmente en Las mil y una historias de Radio Venceremos, del periodista José Ignacio López Vigil, una recopilación de relatos surgidos durante la guerra civil. Aunque comparte título con la obra testimonial dedicada a Rufina Amaya, sobreviviente de la masacre, la película sigue una fuente literaria y una construcción narrativa diferentes.

La producción reúne figuras internacionales como la española Paz Vega, Mena Suvari, Jeff Fahey y el colombiano Juan Pablo Shuk, junto con intérpretes salvadoreños, entre ellos Mateo Honles, Carlos Aylagas, Alexis Martínez, Rodrigo Trigueros y Ermis Cruz.

Filmada en distintas locaciones de El Salvador, la película fue producida por Elías Axume y ya pasó por el Dallas International Film Festival y el Festival Internacional de Buenos Aires.

Su presentación ante los Goya posee, además, una dimensión póstuma. Ernesto Melara murió en marzo de 2025, a los 73 años, después de haber logrado concluir la película, pero antes de verla estrenada en las salas salvadoreñas.

Melara trabajó durante cerca de dos décadas para concretar el proyecto. Su selección convierte la aspiración internacional de Luciérnagas en El Mozote en una prolongación de su legado como director, guionista y director de fotografía.

Un comité para que el hito pueda repetirse

La relevancia de esta selección no se limita a los dos largometrajes. CINESAL organizó la primera convocatoria nacional formal para presentar películas salvadoreñas ante las academias de Estados Unidos y España.

El proceso recibió cinco propuestas: cuatro largometrajes de ficción y un documental. Las obras fueron evaluadas por profesionales vinculados con distintas áreas de la industria cinematográfica.

El comité valoró la originalidad de las miradas, la solidez narrativa y el impacto emocional. También reconoció que las producciones reflejan un cine que todavía atraviesa un proceso de crecimiento, experimentación y construcción de capacidades.

Para un país con una industria pequeña, las barreras no terminan al finalizar una película. Participar en estas competencias exige estrenos comerciales, subtítulos, materiales técnicos, campañas, relaciones internacionales y recursos para que las obras sean vistas por los miembros de las academias.

Por eso, la institucionalidad puede resultar tan importante como la selección misma. Contar con un comité reconocido crea una vía para que nuevas producciones compitan en convocatorias futuras y obliga al ecosistema local a trabajar con calendarios, requisitos y estándares internacionales.

Vértices y Luciérnagas en El Mozote todavía tienen un camino complejo antes de alcanzar una eventual nominación. Pero ambas ya consiguieron algo significativo: demostrar que las historias salvadoreñas pueden salir de sus fronteras sin renunciar a su origen.

Una habla de los vínculos humanos frente al paso del tiempo. La otra devuelve la mirada a un pasado que todavía interpela al país. Juntas presentan ante el mundo un cine capaz de explorar la intimidad y la memoria, y abren una ruta para quienes vendrán después.

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