Por Mario Villalobos Reyes (*)
Lo he visto más veces de las que me gustaría admitir, en directorios donde todo parecía bajo control, en contratistas obsesionadas con la licitación y en empresas donde detener una operación cuesta millones por hora.
La presión existe en todos lados. Y cuando la presión aprieta, la verdad empieza a doblarse.
Primero es algo pequeño y se justifica bajo argumentaciones como:
“Reclasifiquemos este incidente, no fue tan grave.” “Ese cuasi accidente no hace falta reportarlo.” “Mejor esperemos a la próxima semana para levantar la alerta.”“No es un fraude abierto”.“Es una micro-decisión”.
Así empieza, después hay otras justificaciones, y otra ... y otra más.
Cuando te das cuenta, el dashboard ya no es un espejo. Es maquillaje.
Hace poco conversaba con el equipo de SafetyMind y me quedó dando vueltas algo muy simple: . Es que los sistemas permiten que la verdad dependa del clima interno.
● Si reportar un error me expone, lo evito.
● Si un KPI afecta mi bono, lo interpreto.
● Si detener la operación genera fricción, postergo.
● No es maldad. Es diseño organizacional.
Después nos sorprendemos cuando ocurre el gran accidente. Cuando el riesgo que “no era tan crítico” se vuelve crisis. Pero la verdad es que casi siempre hubo señales. Solo que estaban enterradas bajo narrativas más cómodas.
En el mundo startup lo vemos todo el tiempo también.
● MRR inflados con descuentos no sostenibles.
● Churn maquillado con redefiniciones creativas.
● “Usuarios activos” que en realidad solo hicieron login una vez.
Y claro, al inicio parece inofensivo. “Total, estamos cerca de cerrar la ronda”. “Total, el próximo mes sí vamos a crecer”. “Total, nadie quiere ser el fundador que trae malas noticias”.
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Los equipos extraordinarios —los que realmente construyen compañías que duran— hacen algo mucho más difícil: ̃ ́ l día, la evidencia es trazable y los datos no se pueden “reinterpretar” según convenga.
El error humano siempre va a existir. Lo que no debería existir es la opacidad.
Y acá hay algo incómodo que decir: la cultura no se declara, se diseña.
Si tu sistema permite omitir un “casi accidente”, alguien lo va a omitir.
Si tu modelo de incentivos castiga la transparencia, alguien va a elegir verse bien en vez de decir la verdad.
La pregunta no es si el maquillaje está pasando. La pregunta es cuánto estás dispuesto a tolerar antes de que se convierta en riesgo estructural.
Las empresas más sólidas que he conocido tienen algo en común: prefieren una verdad incómoda hoy que una crisis elegante mañana. Porque los datos no deberían negociarse. Y cuando lo hacen, el costo casi siempre llega... solo que con intereses.
(*) Gerente Operaciones-Safetymind