Por revistaeyn.com
Durante años, las empresas han enfrentado dificultades para medir con precisión cuánto gastan en energía y, sobre todo, cuánto dinero podrían ahorrar al hacer más eficiente su consumo. La combinación de Internet de las Cosas (IoT) e Inteligencia Artificial (IA) busca cambiar esa realidad al convertir el monitoreo energético en una herramienta con impacto directo sobre los costos operativos.
Ese es el enfoque de Protón, un servicio gestionado desarrollado por GBM que permite recopilar información en tiempo real sobre el comportamiento energético de edificios, fábricas y otras instalaciones para identificar desperdicios, anticipar problemas y tomar decisiones basadas en datos.
El sistema utiliza sensores inalámbricos que pueden instalarse sin obras civiles ni cableado. Estos dispositivos monitorean variables como temperatura, humedad, concentración de dióxido de carbono (CO2) y flujo de corriente en enchufes, tuberías y tableros eléctricos. La información es enviada mediante una antena central hacia una plataforma en la nube, donde la IA analiza los patrones de consumo.
“El principal cambio de paradigma de Protón radica en sustituir las estimaciones ‘de buena fe’ por datos irrefutables y auditables”, explica Greivin Granados, Especialista en Sostenibilidad y Gestión Energética en GBM.
La tecnología puede detectar equipos que permanecen encendidos fuera del horario laboral, sistemas de climatización que operan por encima de las necesidades o motores cuyo consumo eléctrico aumenta debido a fallas. También puede predecir picos de demanda y generar alertas cuando identifica comportamientos anómalos.
Un caso aplicado en una sucursal bancaria muestra cómo una modificación relativamente sencilla puede traducirse en ahorro financiero. La oficina tenía una demanda máxima de 15 kilovatios (kW). Después de implementar el monitoreo y ajustar el termostato del aire acondicionado de 22 °C a 24 °C, la demanda descendió a 9,3 kW. Posteriormente, el apagado automático del letrero exterior durante la noche redujo el consumo nocturno hasta 2 kW.
De acuerdo con GBM, el resultado fue una reducción de 25 % en la factura energética y la eliminación del denominado consumo vampiro nocturno.
Otro elemento de la solución es su facilidad de instalación. Los sensores funcionan con baterías de alta autonomía, pueden fijarse mediante adhesivos o clips y se configuran mediante códigos QR en menos de cinco minutos. Una antena puede ofrecer cobertura de hasta dos kilómetros, según la compañía.
La aplicación abarca industrias alimentarias, restaurantes, hoteles, hospitales, centros de datos, edificios corporativos, distribuidores de maquinaria y entidades financieras. Además del ahorro, los registros generados pueden respaldar inversiones en eficiencia energética y procesos de certificación como ISO 50001 o LEED.