Por revistaeyn.com
La volatilidad internacional de los combustibles está elevando la presión sobre las empresas latinoamericanas y obliga a cambiar el enfoque: más que intentar anticipar cuánto subirán o bajarán los precios del petróleo, las compañías necesitan prepararse para distintos escenarios y medir cómo un shock energético puede afectar toda su operación.
El riesgo es especialmente relevante para Centroamérica, Haití y República Dominicana. Según la CEPAL, si los precios del petróleo se mantienen 25 % por encima de los niveles de 2025, este grupo registraría en 2026 un deterioro de aproximadamente 0.9 % del PIB en su balanza comercial, debido principalmente a su condición de importadores netos de energía.
La presión puede trasladarse rápidamente desde los combustibles hacia el transporte, la logística, las materias primas, los seguros, la producción y los márgenes empresariales.
El diésel adquiere particular importancia por su utilización en transporte pesado, distribución, agricultura y construcción, por lo que incluso compañías con un consumo directo reducido pueden enfrentar aumentos de costos a través de sus proveedores.
Ante este contexto, BluePoint plantea que las empresas trabajen con tres escenarios: una normalización de las tensiones y los costos; una volatilidad prolongada con precios elevados durante varios meses; y un escalamiento de las disrupciones que afecte simultáneamente energía, logística, seguros e insumos.
“En períodos de alta incertidumbre, la ventaja no está necesariamente en predecir exactamente qué va a ocurrir, sino en estar preparado para distintos escenarios”, afirmó Javier Medrano, director general de BluePoint.
Para las grandes empresas, la preparación pasa por realizar pruebas de estrés sobre costos, márgenes y flujo de caja, además de identificar proveedores y rutas críticas, revisar contratos e indexaciones y buscar alternativas de abastecimiento.
Las compañías medianas pueden concentrarse en proteger liquidez y rentabilidad mediante revisiones periódicas de costos logísticos, rentabilidad por producto y flujos de caja de entre 90 y 180 días. Para las pequeñas empresas, el primer paso consiste en determinar cuánto han aumentado realmente sus costos, qué productos mantienen márgenes adecuados y qué gastos pueden optimizarse sin afectar las ventas.
La recomendación también apunta a transformar el monitoreo en sistemas de alerta temprana. Petróleo, combustibles refinados, inflación, tipo de cambio, costos logísticos, inventarios, ventas y márgenes pueden convertirse en indicadores para activar decisiones previamente definidas, como renegociar contratos, modificar inventarios, diversificar proveedores o ajustar precios.
“Un incremento en los combustibles puede comenzar como un asunto financiero y convertirse rápidamente en un desafío de estrategia, operaciones, mercado, personas, reputación y comunicación”, agregó Medrano.