Por revistaeyn.com
En sus primeras semanas en el poder, el presidente hondureño Nasry “Tito” Asfura está moviendo piezas en un tablero donde economía y política exterior suelen ir juntas: reforzar el vínculo con Estados Unidos como ancla de estabilidad, competitividad y financiamiento.
La señal es múltiple y rápida: extensión de incentivos al sector exportador, acercamiento con el empresariado para destrabar empleo y productividad, y una nueva cartera de cooperación con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con énfasis social.
La pregunta de fondo —si Asfura va por buen camino— depende de si su agenda logra traducir “alineamiento” en resultados concretos: más empleo formal, más inversión, y un Estado con capacidad de ejecutar políticas sociales sin quedar atrapado en burocracia y polarización.
El RIT: una apuesta por empleo exportador con aval político de Washington
La primera gran señal fue la ampliación del Régimen de Importación Temporal (RIT), un mecanismo que permite a empresas importar insumos sin pagar aranceles, siempre que sean transformados y exportados fuera de Centroamérica.
La medida fue destacada por la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, que la presentó como un paso hacia un entorno “más estable y competitivo” y la vinculó directamente a clima de inversión y comercio bilateral.
Según lo difundido, el régimen da seguridad jurídica a más de 125 empresas agroexportadoras y protege más de 46.000 empleos directos, con impacto en agricultura, agroindustria y exportaciones.
En términos políticos, el respaldo público de la Embajada funciona como mensaje para el sector privado y para el capital externo: Honduras busca previsibilidad para su aparato exportador. Y el RIT, en ese sentido, opera como una “política de competitividad” de implementación inmediata.
BID: educación como inversión social “rápida”
En paralelo, el gobierno ratificó su adhesión a la Alianza para la Seguridad, la Justicia y el Desarrollo del BID, y anunció un crédito de US$ 70 millones para educación, con US$ 15 millones en donación y US$ 55 millones como préstamo, parte en condiciones concesionales.
El programa apunta —según los anuncios oficiales— a fortalecer la provisión de materiales (como textos escolares) dentro del sistema público, mientras el BID y Honduras preparan una cartera de préstamos para áreas sociales y de infraestructura (salud, energía, agua, finanzas públicas).
La lectura política: Asfura intenta equilibrar el énfasis pro-empresa (exportaciones, inversión) con una señal social clara (educación), entendiendo que el mayor desafío estructural del país no es solo crecer, sino reducir brechas.
COHEP y el “pacto de productividad”
El tercer pilar es la gobernabilidad económica. Asfura se reunió con el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) para impulsar una agenda conjunta de competitividad, empleo y oportunidades, en un país donde el sector privado alerta por un mercado laboral frágil y amplios segmentos en subempleo o informalidad.
En la conversación aparecieron temas típicos de un “paquete pro-inversión”: modernización del Estado, reducción de tramitología, gobierno electrónico y revisión del gasto administrativo. En clave política, la foto con el COHEP busca mostrar un gobierno dispuesto a coordinar con el sector productivo y a ordenar la gestión pública para liberar recursos hacia prioridades.
Remesas: el gran colchón que sostiene la estabilidad
El telón de fondo de esta agenda es una realidad contundente: las remesas siguen siendo el principal amortiguador económico y social de Honduras. En enero de 2026, el país recibió US$ 872,9 millones, un aumento de 12,6% interanual, según el Banco Central.
Más allá del récord, el dato clave es geopolítico: la mayor parte de ese flujo proviene de Estados Unidos, lo que refuerza por qué el alineamiento con Washington no es solo diplomático: es económico y social.
Entonces, ¿Asfura va por buen camino?
Por ahora, el rumbo es coherente: proteger empleo exportador (RIT), reforzar capital social (educación con BID) y construir un marco de cooperación con el sector privado para dinamizar inversión y empleo. La estrategia tiene lógica: sin crecimiento y formalización laboral, las brechas sociales seguirán descansando en remesas; sin inversión social, el crecimiento será políticamente inestable.
El desafío —y ahí se juega la respuesta definitiva— es ejecución: convertir anuncios y respaldos en resultados medibles (empleo formal, productividad, mejora educativa) y sostener consensos en un país donde la presión social es alta y los ciclos de confianza se rompen rápido.
Con información de La Prensa (Honduras), SEFIN/BID y reportes del Banco Central de Honduras.