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Aumento de capacidad energética incrementa hasta 0,45 pp crecimiento económico

A nivel global, los proyectos de infraestructura registran en promedio sobrecostos del 55 % y retrasos del 35 % respecto de los cronogramas iniciales, señala estudio de Boston Consulting Group.

2026-03-21

Por revistaeyn.com

La infraestructura vuelve al centro del debate económico como un activo estratégico capaz de incidir directamente en la trayectoria de crecimiento y en la competitividad de largo plazo, según el informe global de Boston Consulting Group (BCG), Infrastructure Investment in an Uncertain World.

El resultado es concluyente: incrementos sostenidos en el stock de infraestructura de un país casi siempre se asocia con un mayor crecimiento económico a largo plazo.

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Entre los distintos activos analizados, la infraestructura energética emerge como el principal motor. Un aumento sostenido del 5 % en la capacidad energética se asocia con un incremento de hasta 0,45 puntos porcentuales en el crecimiento de largo plazo. En economías que hoy crecen en torno al 1,5 % o 2 % anual, ese diferencial no es marginal: puede alterar de forma estructural la dinámica macroeconómica.

La infraestructura digital ocupa el segundo lugar en impacto, reflejando el papel creciente de la conectividad y los datos como insumos productivos fundamentales.

Argentina, Brasil, México y Costa Rica aparecen como economías donde la inversión en infraestructura ha mostrado una desaceleración relativa en los últimos años. Chile, en cambio, se posiciona como un inversor estratégico que mantiene un ritmo sostenido por encima de lo esperable para su nivel de desarrollo. Colombia, Perú, Ecuador y Nicaragua se encuentran en una fase de expansión de su base de infraestructura, mientras que países como El Salvador, Guatemala y Honduras aún enfrentan los desafíos propios de etapas más tempranas.

Costa Rica se ubica dentro del Arquetipo 2, que agrupa economías de ingreso medio donde la inversión en infraestructura ha comenzado a desacelerarse en relación con su nivel de desarrollo. En este grupo, la infraestructura vial es el principal impulsor del crecimiento: un aumento sostenido del 5 % en el stock de carreteras se asocia con un incremento de 0,5 puntos porcentuales en el crecimiento del PIB de largo plazo.

La energía aparece en segundo lugar, donde un aumento del 5 % en la capacidad energética se vincula con un aumento de 0,45 puntos porcentuales en el crecimiento de largo plazo.

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Sin embargo, el estudio muestra que los retornos agregados en este arquetipo son inferiores a los observados en economías más desarrolladas o en aquellas que mantienen ritmos de inversión estratégicamente elevados. Parte de esta brecha se explica por limitaciones en capital humano y productividad, que condicionan la capacidad de capturar plenamente el impacto de la inversión física.

Más allá del volumen de inversión, el estudio identifica un segundo factor crítico: la ejecución. A nivel global, los proyectos de infraestructura registran en promedio sobrecostos del 55 % y retrasos del 35 % respecto de los cronogramas iniciales. Esa ineficiencia reduce el impacto económico de la inversión, encarece el financiamiento y limita la participación privada.

“La infraestructura debe abordarse como parte de una estrategia económica integral. No se trata de acumular proyectos, sino de asignar capital hacia activos coherentes con una visión productiva y tecnológica de largo plazo”, asegura Christopher Weisz, Managing Director & Partner de BCG

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