Por: Revistaeyn.com
La economía salvadoreña comenzó 2026 con una expansión interanual de 4,8%, pero esa mejora no se trasladó a la percepción de los hogares. Al cierre del primer trimestre, tanto la valoración de la economía familiar como la visión sobre el rumbo del país descendieron a su punto más bajo desde el segundo trimestre de 2025.
Esa divergencia entre los indicadores de actividad y el ánimo de los consumidores constituye una de las principales señales del Informe de Dinámica del Consumidor, T2-2025 a T1-2026, elaborado por el Instituto de Investigaciones Económicas (INVE) de la Universidad de El Salvador (UES).
El Índice de Percepción Microeconómica —que mide la situación actual y futura del hogar, además de la disposición para adquirir bienes duraderos— cayó de 0,4154 en el cuarto trimestre de 2025 a 0,3773 en el primero de 2026.
El Índice de Percepción Macroeconómica —centrado en la situación presente y futura del país— sufrió un ajuste todavía mayor: pasó de 0,3863 a 0,3000.
Ambos se expresan en una escala de cero a uno, en la cual 0,50 marca la neutralidad. Cualquier registro inferior refleja predominio del pesimismo. Ninguno de los dos índices agregados alcanzó ese umbral durante los cuatro trimestres estudiados.
La lectura de corto plazo es clara: aunque la producción crece, los consumidores todavía no identifican una mejora suficiente en su capacidad económica ni en las perspectivas nacionales como para abandonar una conducta cautelosa. A mediano plazo, el desafío será que el dinamismo del PIB, la inversión y las remesas se traduzca en ingresos disponibles, empleo y expectativas más firmes.
El hogar resiste mejor que la percepción sobre el país
La visión microeconómica fue negativa durante todo el período, pero se mantuvo por encima de la macroeconómica. El Índice del Hogar comenzó en 0,3920 en el segundo trimestre de 2025, avanzó hasta 0,4270 en el tercero y luego retrocedió a 0,4154 al cierre del año. En el primer trimestre de 2026 cayó 3,81 puntos, hasta 0,3773.
La composición del indicador ayuda a explicar su importancia para las empresas. No solo consulta cómo evalúan las personas las finanzas familiares, sino también cómo creen que evolucionarán y si consideran que es un buen momento para comprar bienes duraderos. Por ello, el descenso puede anticipar mayor prudencia en decisiones como renovar electrodomésticos, adquirir vehículos o asumir financiamiento.
El deterioro no fue uniforme. Las personas de 18 a 25 años conservaron una valoración moderadamente optimista del hogar, con 0,5110 en el primer trimestre de 2026, aunque también registraron su nivel más bajo del período. En cambio, los grupos de mayor edad permanecieron más lejos de la neutralidad.
Entre emprendedores y empresarios, la perspectiva del hogar había alcanzado 0,5225 en el cuarto trimestre de 2025, pero retrocedió a 0,4461 en los primeros tres meses de 2026. Es una señal relevante para el clima de negocios, aunque debe tratarse como indicativa debido al tamaño reducido de algunas submuestras del estudio.
Para las compañías orientadas al mercado interno, el mensaje no es necesariamente una contracción inmediata del consumo, sino una demanda más selectiva. Las promociones, el financiamiento y la percepción de valor pueden adquirir más peso en un entorno donde los hogares siguen gastando, pero expresan inseguridad sobre su situación futura.
La visión del país muestra el mayor deterioro
La lectura macroeconómica es más severa. El Índice del País avanzó desde 0,3258 en el segundo trimestre de 2025 hasta 0,3863 al cierre de ese año. La recuperación se interrumpió abruptamente en el primer trimestre de 2026, cuando el indicador perdió 8,63 puntos y cayó a 0,3000.
La diferencia entre las dos ópticas también se amplió. En el cuarto trimestre de 2025 apenas 2,91 puntos separaban la percepción del hogar y la del país; tres meses después, la brecha llegó a 7,73 puntos. En otras palabras, los salvadoreños evaluaron sus finanzas personales con cautela, pero vieron el entorno nacional con un pesimismo todavía mayor.
El resultado sugiere que los consumidores pueden estar absorbiendo riesgos que trascienden su experiencia inmediata: el costo de vida, el acceso al empleo, las tasas de interés, el déficit comercial o la situación fiscal. El propio informe sitúa la encuesta en un contexto de aumento interanual de la canasta básica, crédito concentrado en consumo y comercio, y deuda pública equivalente a 88,3 % del PIB estimado para 2026.
Esta percepción tampoco coincide plenamente con el desempeño reciente de la actividad. El Banco Central de Reserva informó que el PIB aumentó 4,8 % interanual durante el primer trimestre, apoyado por el consumo privado, la inversión y unas remesas que crecieron 7,3 %, hasta US$2.435,6 millones.
La diferencia no invalida ninguno de los dos registros. El PIB describe cuánto produjo la economía; los índices del INVE muestran cómo las personas valoran su capacidad económica y lo que esperan del futuro. Cuando ambos se mueven en direcciones distintas, la señal es que los beneficios del crecimiento pueden estar llegando con rezago, concentrados en determinados sectores o neutralizados por preocupaciones sobre precios, empleo e ingresos.
Corto plazo: consumo sostenido, pero con mayor cautela
Para los siguientes trimestres, los índices apuntan a un consumo menos confiado de lo que sugeriría por sí sola la expansión del PIB. Las remesas continúan funcionando como soporte de la demanda, pero el informe señala que 98,8 % de esos recursos se destina al consumo. Esa estructura sostiene la actividad comercial, aunque ofrece un margen menor para transformar los flujos familiares en ahorro e inversión productiva.
La presión más persistente aparece en dos indicadores complementarios. La percepción sobre precios y capacidad de consumo permaneció entre 0,2198 y 0,2595 durante el período, mientras que el índice del mercado laboral se mantuvo alrededor de 0,20. Esto indica que el deterioro no responde únicamente a una oscilación trimestral: los hogares identifican la insuficiencia de ingresos, el costo de los bienes básicos y la escasez de oportunidades laborales como problemas más arraigados.
En ese contexto, es razonable esperar que el gasto se concentre en productos esenciales y que las compras de mayor valor enfrenten ciclos de decisión más largos. Para el comercio, la banca y los servicios, la confianza será tan importante como la disponibilidad nominal de ingresos.
Mediano plazo: el crecimiento debe convertirse en confianza
El escenario central sigue siendo de expansión. El Banco Central proyecta que la economía salvadoreña crecerá entre 3,0% y 3,5% en 2026, impulsada por inversión privada, consumo y turismo. El Banco Mundial calcula un crecimiento de 3,2%, pero advierte que la consolidación fiscal y una moderación de las remesas pueden limitar el ritmo.
Por eso, el principal riesgo de mediano plazo no es solo que la economía pierda velocidad, sino que el crecimiento no consiga modificar las expectativas. Si la actividad continúa expandiéndose sin mejoras perceptibles en empleo, poder adquisitivo y estabilidad financiera de los hogares, la cautela puede convertirse en un freno para el consumo y la inversión doméstica.
También existe una oportunidad. La recuperación de la confianza no requiere únicamente tasas elevadas de crecimiento, sino una mayor transmisión hacia los presupuestos familiares: más empleo formal, crédito productivo, menor presión de los alimentos y condiciones que permitan convertir parte de las remesas en ahorro e inversión.
La fotografía del INVE no constituye un pronóstico macroeconómico en sí mismo. Es un indicador adelantado de percepción y debe leerse junto con los datos de producción, precios y empleo. Aun así, su mensaje para empresas y autoridades es contundente: en El Salvador, crecer y sentirse mejor económicamente siguen siendo dos procesos distintos.
Con información del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de El Salvador, el Banco Central de Reserva de El Salvador y el Banco Mundial.