Por: Revistaeyn.com
Mientras buena parte de América Latina enfrenta una combinación de crecimiento moderado, incertidumbre geopolítica y presiones inflacionarias, El Salvador continúa destacándose como una de las economías que más ha transformado su narrativa ante los mercados y los inversionistas.
El país cerró 2025 con un crecimiento económico de 3,9 %, el mejor resultado desde 2006 —excluyendo el rebote posterior a la pandemia—, consolidando una tendencia que pocos años atrás parecía improbable para una economía históricamente marcada por limitaciones estructurales y bajo dinamismo productivo.
Según el más reciente informe de la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercados de Grupo Cibest, la economía salvadoreña seguirá mostrando señales de fortaleza durante los próximos años, aunque a un ritmo más moderado.
"La dinámica de crecimiento interno compensaría con creces las distorsiones generadas en el entorno internacional", concluye el reporte.
La previsión apunta a una expansión de 2,9 % en 2026, una desaceleración frente al año anterior, pero todavía por encima de los registros observados durante gran parte de la última década.
La construcción emerge como el gran motor económico
El principal protagonista del desempeño reciente ha sido el sector construcción.
De acuerdo con el informe, la actividad creció 24,4% durante el último año, impulsada tanto por la demanda tradicional de proyectos residenciales como por un creciente portafolio de inversiones en infraestructura pública y privada.
Detrás de este fenómeno aparece un factor que los analistas consideran determinante: la mejora de las condiciones de seguridad.
El reporte vincula parte importante del auge constructor con los efectos del Plan Control Territorial impulsado por el gobierno del presidente Nayib Bukele, que ha permitido recuperar zonas anteriormente afectadas por la violencia y hacer viables nuevos proyectos de inversión.
La transformación se refleja en iniciativas de infraestructura vial, desarrollos turísticos como Surf City y un ambicioso programa de inversiones energéticas que contempla cerca de US$3.000 millones hasta 2029 para fortalecer la matriz renovable del país.
Más allá de la actividad constructora en si misma, el informe destaca que el fenómeno ha generado efectos multiplicadores sobre sectores como transporte, servicios financieros y comercio, amplificando el impacto sobre la economía.
"Esperamos que la construcción mantenga su impulso, a la vez que la manufactura ya habría dejado atrás su época de contracciones y bajos crecimientos", señala Grupo Cibest.
Un nuevo perfil para atraer inversión
La evolución económica también está modificando la percepción internacional sobre El Salvador.
Durante años, los inversionistas observaron al país principalmente desde la óptica de sus desafíos fiscales, la dependencia de remesas y los problemas de seguridad. Hoy, la conversación incorpora cada vez más elementos asociados a infraestructura, turismo, energía y desarrollo inmobiliario.
La mejora de las condiciones de seguridad ha ampliado el universo de proyectos viables y ha contribuido a atraer capitales hacia sectores que anteriormente enfrentaban restricciones operativas significativas.
Para los analistas, este cambio ayuda a explicar por qué la inversión privada continúa mostrando dinamismo incluso en un entorno global menos favorable.
Inflación: el riesgo que vuelve al radar
Sin embargo, el escenario no está exento de amenazas.
Uno de los principales focos de atención para los próximos meses será la evolución de los precios.
Grupo Cibest advierte que las tensiones derivadas del conflicto en Medio Oriente ya comienzan a reflejarse en la inflación salvadoreña. Aunque inicialmente se proyectaba una inflación promedio cercana al 1,8 %, los datos más recientes muestran una aceleración hasta 2,2 % anual.
La presión proviene principalmente del encarecimiento de combustibles y alimentos, factores que podrían trasladarse progresivamente hacia otros bienes y servicios.
El informe señala que el aumento reciente de los precios de los alimentos y el eventual encarecimiento de productos importados podrían afectar el poder adquisitivo de los hogares, convirtiéndose en uno de los factores que explican la moderación del crecimiento prevista para 2026.
Aun así, el escenario central contempla que la inflación retorne gradualmente hacia niveles cercanos al 2,2 % una vez disminuyan las tensiones internacionales.
Remesas: resiliencia hoy, incertidumbre mañana
Otro elemento clave para la economía salvadoreña sigue siendo el comportamiento de las remesas.
Aunque a comienzos del año se observó una desaceleración, las transferencias retomaron impulso durante marzo y abril, llevando a Grupo Cibest a elevar su previsión de crecimiento de remesas desde 3,7 % hasta 5,9 % para este año.
Sin embargo, los analistas advierten sobre riesgos emergentes provenientes de Estados Unidos.
Entre ellos destacan las mayores deportaciones y nuevas restricciones derivadas de medidas impulsadas por la administración del presidente Donald Trump, que podrían dificultar el acceso de algunos migrantes a productos financieros y afectar su capacidad para enviar recursos a sus países de origen.
Dado que las remesas representan uno de los principales soportes del consumo interno salvadoreño, cualquier alteración significativa en esos flujos tendría implicaciones directas sobre la actividad económica.
Exportaciones y acuerdo con Estados Unidos
En el frente externo, el panorama es mixto. Por una parte, el acuerdo comercial alcanzado recientemente con Estados Unidos continúa ofreciendo un respaldo importante para las exportaciones salvadoreñas.
Por otra, la desaceleración económica global y la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores en varios mercados desarrollados limitan el potencial de expansión de la demanda externa.
Como resultado, Grupo Cibest redujo su proyección de crecimiento de exportaciones de bienes hasta 5,8 % para este año y anticipa una convergencia gradual hacia tasas cercanas al 3,5 % en el mediano plazo.
Aun así, el impacto sería parcialmente compensado por el mejor desempeño esperado de las remesas.
El desafío fiscal sigue bajo observación
La sostenibilidad de las finanzas públicas continúa siendo uno de los indicadores más observados por inversionistas y organismos multilaterales.
Tras cerrar 2025 con un déficit equivalente al 3,4 % del PIB, el informe prevé una reducción hasta 2,6 % durante este año, apoyada en el proceso de consolidación fiscal comprometido por el gobierno dentro de su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
La expectativa es que las reformas estructurales y una mayor recaudación derivada del crecimiento económico permitan continuar reduciendo gradualmente el desequilibrio hasta niveles cercanos al 2,2 % del PIB hacia 2030.
No obstante, los analistas advierten que el proceso será gradual y enfrentará desafíos derivados de la rigidez del gasto público y de medidas extraordinarias, como los subsidios implementados para contener el impacto de los combustibles sobre los consumidores.
Para El Salvador, la gran pregunta es si será capaz de sostener ese crecimiento cuando el impulso inicial de la construcción comience a moderarse.
La respuesta dependerá de la capacidad de convertir el actual auge de inversión en ganancias permanentes de productividad, fortalecer las exportaciones, preservar la estabilidad fiscal y reducir gradualmente la dependencia de las remesas.
Por ahora, la evaluación de Grupo Cibest es favorable: la economía salvadoreña enfrenta un entorno internacional más complejo, pero cuenta con motores internos lo suficientemente robustos com o para seguir creciendo y mantener el interés de los inversionistas.Y en una región donde la incertidumbre se ha convertido en la norma, esa puede ser una de las ventajas competitivas más valiosas.