Por: Revistaeyn.com
Panamá ha construido durante décadas una reputación singular dentro de América Latina: una economía pequeña en tamaño, pero estratégica para el comercio global, capaz de convertir su ubicación geográfica en una ventaja competitiva permanente.
Tras superar las restricciones operativas que afectaron al Canal de Panamá y absorber el impacto económico derivado del cierre de la mina de cobre, el país volvió a mostrar fortaleza durante 2025. Sin embargo, el escenario que se abre para este año sugiere una realidad más compleja: la economía seguirá creciendo, aunque a un ritmo menor y bajo una combinación de riesgos externos e internos que pondrán a prueba su capacidad de adaptación.
Según el más reciente Informe Económico para Centroamérica elaborado por la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercados de Grupo Cibest, Panamá crecería un 3,8% este año, por debajo del 4,4% registrado en 2025, pero todavía por encima de buena parte de las economías latinoamericanas.
La desaceleración no responde a un problema estructural de demanda ni a una pérdida de competitividad. Más bien refleja el impacto simultáneo de factores geopolíticos, climáticos y energéticos que podrían alterar algunos de los principales motores de crecimiento del país.
El Canal vuelve a ser el centro de la historia
Como ocurre con frecuencia en Panamá, buena parte de la explicación económica pasa por el Canal.
Durante 2025, el sector transporte y logística fue responsable de gran parte de la expansión económica, creciendo un notable 14,5%. A pesar de las distorsiones provocadas por la política arancelaria estadounidense y los cambios en las rutas comerciales internacionales, los ingresos por peajes del Canal aumentaron 22%, demostrando una capacidad de adaptación superior a la prevista por muchos analistas.
Para los próximos meses, sin embargo, el panorama es menos lineal.
Por un lado, las tensiones en Medio Oriente y las potenciales disrupciones en el estrecho de Ormuz podrían favorecer indirectamente al Canal, impulsando nuevas rutas comerciales y mayores flujos marítimos.
Por otro, la aparición de un fenómeno de El Niño particularmente intenso podría limitar la disponibilidad de agua necesaria para permitir el tránsito de embarcaciones de mayor calado, reduciendo parte de ese beneficio potencial.
En otras palabras, Panamá podría convertirse simultáneamente en beneficiario y víctima de los mismos acontecimientos globales.
Una economía que crece, pero aún no genera suficiente empleo
Uno de los principales focos de preocupación identificados por Grupo Cibest es el mercado laboral.
La tasa de desempleo cerró el año pasado en 10,4%, una cifra elevada para una economía que continúa creciendo por encima del promedio regional.
Detrás de ese dato aparece una de las principales paradojas panameñas: el crecimiento económico no siempre se traduce con la misma velocidad en generación de empleo.
Las secuelas del cierre de la mina de cobre, los episodios de conflictividad social y las interrupciones en actividades agrícolas y productivas dejaron un impacto significativo sobre la ocupación. Durante el último año, cerca de 18.000 personas adicionales pasaron a engrosar las filas del desempleo.
La buena noticia es que las perspectivas apuntan a una mejora gradual.
Los analistas proyectan que la tasa de desempleo podría reducirse desde un promedio cercano al 9,7% este año hasta niveles de 8,4% en el mediano plazo, impulsada principalmente por la expansión de actividades intensivas en mano de obra, especialmente la construcción.
Para inversionistas y empresas, este dato resulta relevante porque sugiere la existencia de una oferta laboral amplia en un momento de expansión de proyectos de infraestructura y desarrollo inmobiliario.
La inflación regresa al radar
Durante buena parte de los últimos años, Panamá disfrutó de niveles de inflación relativamente bajos en comparación con otras economías de la región.
Esa situación comienza a cambiar. Según Grupo Cibest, el conflicto en Medio Oriente ya está trasladando presiones sobre los precios internos a través del encarecimiento del transporte y la energía.
La inflación anual alcanzó 1,8% en abril y podría acelerarse hasta 2,5% durante este año, un nivel que, aunque moderado en términos internacionales, representaría el registro más elevado desde el shock energético global de 2022.
La particularidad del caso panameño es que gran parte de esta presión no proviene de desequilibrios internos, sino de factores importados.
Los mayores precios del petróleo impactan directamente los costos logísticos, el transporte y parte de la estructura de costos empresariales. Además, el encarecimiento de ciertos alimentos básicos podría afectar la capacidad de consumo de los hogares.
Para las empresas, esto implica operar en un entorno donde los márgenes podrían enfrentar mayor presión que en años recientes.
El regreso de la confianza financiera
Si hay un aspecto donde Panamá parece haber recuperado terreno con rapidez es en la percepción de riesgo por parte de los mercados internacionales.
A pesar de las mayores necesidades de gasto público asociadas a medidas de alivio para energía y combustibles, Grupo Cibest considera que continuará predominando una estrategia de disciplina fiscal.
El déficit fiscal se ubicaría alrededor del 4% del PIB este año y convergería gradualmente hacia niveles cercanos al 2,9%.
Más importante aún para los inversionistas, los mercados parecen estar validando esa trayectoria.
La prima de riesgo soberano se redujo aproximadamente 65% respecto de los máximos observados en 2024, mientras que el gobierno logró regresar exitosamente a los mercados internacionales mediante una emisión de bonos globales por US$3.000 millones.
Ambos factores sugieren una mejora significativa en la percepción de estabilidad macroeconómica y sostenibilidad fiscal.
La gran pregunta para los negocios
Para quienes observan Panamá desde el exterior, la conclusión principal del informe es que el país sigue ofreciendo fundamentos sólidos, pero ya no puede depender exclusivamente de sus ventajas históricas.
El Canal continúa siendo un activo estratégico global. La construcción y el turismo mantienen capacidad de expansión. Los mercados financieros muestran señales de confianza renovada.
Sin embargo, el crecimiento futuro dependerá cada vez más de la capacidad para gestionar riesgos que escapan al control nacional: desde los efectos climáticos de El Niño hasta la volatilidad energética provocada por los conflictos en Medio Oriente.
La economía panameña ha demostrado repetidamente que sabe adaptarse a las crisis.
La cuestión ahora no es si podrá seguir creciendo, sino si logrará transformar esa resiliencia en una nueva etapa de expansión capaz de generar más empleo, diversificar sus motores productivos y aprovechar las oportunidades que surgen de un comercio global cada vez más cambiante. Porque en 2026, el principal activo de Panamá ya no es solamente su ubicación geográfica. Es su capacidad para seguir siendo indispensable en un mundo que está redefiniendo sus rutas comerciales, energéticas y logísticas.