Por revistaeyn.com / Agencias
La deuda pública de México alcanzó en noviembre de 2025 un máximo histórico de 14 billones de pesos, con un incremento cercano al 10% interanual, según datos oficiales y análisis de Banamex.
Si se considera la deuda bruta —que incluye pasivos de empresas estatales— el nivel llegó al 51,7% del PIB, una cifra moderada en términos comparativos, pero con una trayectoria claramente ascendente.
De acuerdo con Arely Medina, economista de Banamex, el alivio observado en la relación deuda/PIB durante 2025 respondió más a la apreciación del peso frente al dólar que a una mejora estructural de las finanzas públicas. Las proyecciones del banco son claras: hacia 2027 la deuda podría rondar el 60% del PIB, un umbral que suele activar alertas en las agencias calificadoras.
Déficit fiscal y rigidez estructural
El deterioro fiscal se profundizó en 2024, último año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando México registró el déficit fiscal más alto desde 1988, cercano a 6 puntos del PIB, financiado en gran parte con deuda. La administración de Claudia Sheinbaum heredó un escenario de alta rigidez del gasto, marcado por pensiones, transferencias a estados y programas sociales.
Aunque la recaudación tributaria mostró mejoras —con un alza del 4,6% en ingresos por IVA e ISR, que alcanzaron 4,9 billones de pesos entre enero y noviembre—, el problema vino por el lado petrolero. Pemex aportó apenas 596 millones de pesos, una caída del 19,2%, sin contar los apoyos financieros extraordinarios del Estado.
“Con ingresos petroleros en descenso y un gasto que no se puede ajustar fácilmente, la brecha se cubre con deuda”, resume Medina.
México acelera emisiones externas
En este contexto, México aceleró de forma agresiva su financiamiento externo. En los últimos días colocó bonos soberanos por US$5.560 millones, vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con vencimientos a 5, 10 y 14 años. La demanda superó 2,8 veces el monto ofrecido, reflejando fuerte apetito inversor.
Además, el Gobierno inició 2026 con una nueva emisión por US$9.000 millones, en bonos a 8, 12 y 30 años, con una demanda que llegó a US$30.000 millones. Hacienda destaca que las tasas fueron inferiores a emisiones previas, señal de confianza del mercado. Sin embargo, el stock total de deuda ya asciende a 18,2 billones de pesos, lo que equivale a más de 137.000 pesos por habitante.
Organismos como el Banco Mundial y el BID reconocen la profundidad del mercado financiero mexicano, pero advierten que el margen fiscal se ha reducido significativamente y que será clave una consolidación gradual del déficit para preservar el grado de inversión.
Colombia: la mayor emisión de deuda de su historia
Colombia, otro de los pilares de estabilidad macroeconómica regional, también dio un giro contundente. El Gobierno realizó la mayor emisión de deuda externa de su historia, con la colocación de US$4.950 millones en Bonos Globales con vencimientos en 2029, 2031 y 2033.
La operación tuvo un cupón promedio de 5,93% y permitió cubrir gran parte de las necesidades de financiamiento de 2026. El tramo más demandado fue el bono 2029, por US$2.000 millones de dólares, seguido por emisiones de 1.475 millones para 2031 y 2033.
La colocación recibió órdenes por US$23.200 millones, con participación de más de 290 inversores, principalmente de Reino Unido y Estados Unidos. Para el Ministerio de Hacienda, la operación confirma la confianza del mercado en la gestión de la deuda colombiana.
No obstante, las críticas no se hicieron esperar. En paralelo, el Gobierno intensificó las emisiones de Títulos de Tesorería (TES) en moneda local, elevando el déficit fiscal y el nivel de deuda pública total. Las agencias calificadoras han advertido que Colombia enfrenta presiones crecientes por mayor gasto social, menor crecimiento y dependencia del financiamiento, en un contexto de reformas estructurales aún inciertas.
El BID y el Banco Mundial coinciden en que Colombia mantiene acceso fluido a los mercados, pero subrayan la necesidad de reforzar la credibilidad fiscal, contener el déficit y estabilizar la deuda para evitar nuevas rebajas en la calificación soberana.
Una señal regional: más deuda, menos margen
Los casos de México y Colombia reflejan una tendencia regional más amplia: incluso las economías tradicionalmente más sólidas de América Latina están recurriendo a endeudamientos históricos para sostener el gasto público y cubrir déficits persistentes.
El desafío hacia adelante será común para ambos países: convertir el acceso favorable al financiamiento en una estrategia de sostenibilidad fiscal, antes de que el aumento de la deuda limite el crecimiento y encarezca el crédito. Las señales de los mercados siguen siendo positivas, pero el reloj fiscal ya está en marcha.