Por revistaeyn.com
La intervención de Estados Unidos en el escenario político venezolano ha abierto un periodo cargado de incógnitas, tanto en el corto como en el largo plazo. De acuerdo con el análisis de Fitch Ratings, la salida del poder de Nicolás Maduro —impulsada por Washington— no tiene efectos inmediatos claros y su desenlace sigue siendo difícil de anticipar.
Sin embargo, el episodio podría redefinir el equilibrio geopolítico en el hemisferio occidental, ampliando la capacidad de influencia estadounidense en una región históricamente sensible a sus movimientos de política exterior.
La calificadora subraya que, pese a la magnitud política del acontecimiento, no se esperan cambios rápidos en las calificaciones soberanas como consecuencia directa de la destitución de Maduro.
El contexto interno venezolano continúa siendo volátil. Tras rechazar públicamente la acción estadounidense, la presidenta interina Delcy Rodríguez dejó abierta la puerta a un eventual entendimiento con Washington, señalando la disposición del gobierno a cooperar en una agenda de desarrollo compartido.
Por su parte, la administración de Donald Trump justificó su decisión aludiendo a presuntos vínculos del exmandatario con el narcotráfico y dejó entrever un fuerte interés estratégico en el sector petrolero venezolano, particularmente en la recuperación de su infraestructura energética, apunta Fitch Ratings.
POSIBLES NUEVAS ACCIONES
Durante 2025, el incremento de la presión política de Estados Unidos y el despliegue militar en el Caribe elevaron la probabilidad de un evento geopolítico de alto impacto. Declaraciones públicas sugieren que no se descarta algún tipo de acuerdo entre Washington y un eventual régimen chavista sin Maduro, aunque Fitch advierte que la viabilidad de un pacto de ese tipo sería frágil. El propio Trump ha advertido sobre la posibilidad de nuevas acciones si no se cumplen las exigencias estadounidenses, lo que mantiene latente el riesgo de una escalada.
Un escenario de desorden político severo en Venezuela podría generar tensiones de seguridad y desequilibrios macroeconómicos en países vecinos. No obstante, en ausencia de una crisis de mayor magnitud, Fitch considera que los efectos inmediatos deberían mantenerse acotados.
La actuación estadounidense encaja con una renovada reafirmación de la Doctrina Monroe, que vuelve a colocar al hemisferio occidental en el centro de la estrategia global de Washington y busca contener la presencia de potencias como China y Rusia.
Si bien los recientes cambios en políticas comerciales y migratorias de Estados Unidos no han tenido consecuencias severas para América Latina y el Caribe, el caso venezolano podría convertirse en un ejemplo con fuerte efecto demostrativo, influyendo en cómo otros gobiernos de la región responden a las prioridades y advertencias de la Casa Blanca.
Colombia, que soportó gran parte del flujo migratorio venezolano durante los años de Maduro, ya enfrenta tensiones con Washington tras ser señalada por supuestas fallas en la lucha antidrogas. Fitch señala que nuevas presiones dependerán del resultado electoral en ese país y de la disposición del próximo gobierno a cooperar con Estados Unidos.
Otros países, como Nicaragua, podrían ver intensificarse las fricciones políticas con Estados Unidos, mientras que algunos gobiernos han optado por alinearse más estrechamente con la agenda estratégica de Trump. En el horizonte de largo plazo, una eventual recuperación de la producción petrolera venezolana tendría implicaciones para los precios internacionales y para economías regionales dependientes del crudo.