Por Norma Lezcano - revistaeyn.com
Ayer martes 6 de Enero la información que mayor aporte hizo al análisis de la dinámica que lleva la crisis venezolana provino de la Fiscalía General de los Estados Unidos.
A través de diferentes cadenas de noticias de Estados Unidos (y luego replicadas por otras extranjeras), la Fiscal General, Pamela Bondi, aseguró que los casos contra Nicolás Maduro Guerra y Diosdado Cabello se encuentran actualmente en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, “donde enfrentarán procesos judiciales”, al tiempo que advirtió que podrían presentarse cargos adicionales en otras jurisdicciones estadounidenses. Hay mucha tela por cortar tras esta afirmación.
1-Justificación legal para una nueva acción sobre terreno venezolano.
Al enfatizar -pública y oficialmente- que Cabello y Maduro Guerra son requeridos por la Justicia de los EEUU, Bondi reforzó la estrategia de la Casa Blanca en el sentido de que sus operaciones sobre Venezuela son “en cumplimiento de ordenes judiciales” y no acciones en contra de un gobierno.
De acuerdo a lo expresado por la Fiscalía, Maduro Guerra -junto a sus padres, a Diosdado Cabello y Ramón Rodríguez Chacín (militar y ex ministro del Interior y Justicia)- tenía la capacidad de hacer alianzas con carteles de droga para el envío de cargamento de cocaína a Estados Unidos. En particular, la Fiscalía filtró una página de los documentos que maneja la Corte del Distrito Sur de Nueva York, donde se asegura que el hijo de Maduro, “alrededor de 2020, asistió a una reunión en Medellín, Colombia, con dos representantes de las Farc. Durante la reunión, Maduro Guerra discutió los acuerdos para transportar grandes cantidades de cocaína y armas a través de Colombia hacia Estados Unidos, durante los próximos seis años; es decir, hasta el 2026”, dice la acusación, y agrega que Nicolás Ernesto habría propuesto pagar los cargamentos de droga con armas a las Farc.
A su vez, en el indictment, la Fiscalía acusa a Cabello de asociación con “narcoterroristas de las FARC, el ELN, los carteles mexicanos de Sinaloa y Los Zetas, y la organización criminal Tren de Aragua”.
“En resumen -señala parte del documento- Maduro Moros y sus cómplices se han asociado durante décadas con algunos de los narcotraficantes y narcoterroristas más violentos y prolíficos del mundo, y se han apoyado en funcionarios corruptos en toda la región para distribuir toneladas de cocaína a EE.UU”.
2-Puerta abierta a una segunda fase de “extracción”.
Para no pocos observadores internacionales, que la Fiscal General haya recordado ayer las acusaciones que pesan sobre Cabello no es un dato menor. ¿Por qué? Porque horas antes, al caer la noche del lunes, las fuerzas irregulares que responden a Cabello la emprendieron a tiros contra la seguridad del Palacio de Miraflores. ¿Fue ese confuso episodio un mensaje para la presidente interina Delcy Rodríguez, quien hace malabarismo para cumplir con la hoja de ruta de Trump?
Circularon versiones que indicaban que Cabello se opone al desmantelamiento del centro de detenciones El Helicoide. ¿Y Delcy: está de acuerdo? Si no lo está o lo está con dudas, el presidente Trump le dio ayer “una ayuda” para que accione y anticipó en conferencia de prensa que ese centro de tortura “comenzaba a cerrarse”. Curiosamente, desde Caracas nadie confirmó oficialmente la decisión.
Para la estrategia de la Casa Blanca, neutralizar a Diosdado y a “Nicolasito” es una forma de ir desarmando la “bomba de tiempo” que es el sistema chavista, apoyándose en la indescifrable (y, por ende, vulnerable) disposición de la presidente interina. Es comprensible: Delcy reparte su tiempo entre atender las demandas de la Casa Blanca y sostener el peso simbólico de la revolución, intentando convencer a sus socios que nos lo traicionará.
¿Y qué con el jefe de las Fuerzas Armadas, Vladimir Padrino López? Analistas cercanos a fuentes de la Casa Blanca, como el experto argentino Carlos Ruckauf, aseguraban ayer que “a Padrino López se le ofrecería un pase a retiro de las fuerzas” y que la DEA ya está haciendo una selección de militares venezolanos, que no estén contaminados de relaciones con el narco.
3-Socia incómoda de cara al futuro.
Aún en la hipótesis más favorable para este operativo “desactivación quirúrgica” del sistema criminal chavista, la transición que sigue en Venezuela no es nada sencilla.
La socia de ocasión -Delcy Rodríguez- que eligió EEUU acumula antecedentes de una trayectoria sinuosa en el poder.
Delcy, junto a su hermano Jorge Jesús Rodríguez (actual presidente de la Asamblea Nacional) durante los últimos años favorecieron contratos para empresarios por cientos de millones de dólares, y consolidaron estrechos vínculos con el extremismo islámico.
Según una investigación de Armando Info (una de las plataformas de investigación periodística venezolanas de mayor prestigio en el país), el séquito empresarial de los Rodríguez “lo encabezan los hermanos Abou Nassif, un clan de origen libanés que controla decenas de empresas, levantadas en los últimos años, justo cuando Venezuela iniciaba su prolongada agonía, pero también cuando los Rodríguez comenzaron su imparable ascenso dentro de la jerarquía chavista”.
Los empresarios en cuestión son Yussef Abou Nassif Smaili, Omar Abou Nassif Sruji y Jamal Abou Nassif Smaili, quienes “son dueños de un emporio” con ramificaciones en compañías de construcción, de servicios turísticos, inmobiliarias, importadoras de alimentos o empaquetadoras, en las que intercambian roles de socios o directivos, y que están registradas en países como Hong Kong, Panamá o Barbados. Yussef, de 36 años, quien hace de intermediario con la cúpula del régimen, está vinculado sentimentalmente con la presidente interina.
4- Los colectivos chavistas, un foco ígneo desestabilizante.
En el supuesto de que se logre descabezar a la cúpula de jerarcas del régimen, ¿Cómo se desactiva a estas fuerzas irregulares que existen desde hace 20 años?
Surgieron durante la guerrilla urbana en Venezuela en la década de los 60 y resurgieron durante la presidencia de Hugo Chávez. Hoy, hay entre 20 y 100 diferentes colectivos, y unos cinco son altamente peligrosos. Tienen formación militar, están equipados con carabinas M4 y fusiles FAL. Los financia el gobierno, que les otorga fondos para iniciativas culturales y gestionan tareas de servicio público como la distribución de alimentos. Pero, detrás de la fachada social, combinan sus actividades políticas con narcotráfico, robo, de automóviles y otras formas del crimen organizado.
Si Cabello es capturado, estas fuerzas paramilitares quedarán desbandadas, originando nuevos liderazgos y, probablemente, enfrentándose abiertamente contra cualquier nueva forma de poder institucional.
ETAPA DELICADA Y COMPLEJA
La crisis venezolana entra así en una etapa más delicada y compleja. La posible neutralización de figuras clave como Diosdado Cabello y “Nicolasito” no solo desarmaría progresivamente el andamiaje criminal del chavismo, sino que expone las profundas contradicciones del esquema de poder que intenta sostener la transición.
Estados Unidos avanza con una estrategia apoyada en expedientes judiciales, pero esa precisión tiene límites cuando se opera sobre un sistema corroído en todos sus niveles.
La gran incógnita no es si el chavismo puede sobrevivir sin algunas de sus piezas más pesadas, sino qué fuerzas emergen del vacío: colectivos armados, redes económicas opacas y actores políticos con historiales difíciles de conciliar con una reconstrucción institucional.
Venezuela no enfrenta solo el desmontaje de un régimen, sino el desafío de evitar que su implosión genere una nueva fragmentación del poder. En ese equilibrio inestable se jugará el verdadero éxito —o fracaso— de la fase que ahora comienza.