Por revistaeyn.com
Durante más de una década, Irán y Venezuela construyeron una relación que fue mucho más allá de la afinidad ideológica. Unidos por el peso de las sanciones internacionales, ambos países desarrollaron un entramado de cooperación que abarcó energía, comercio, industria y coordinación política, en un contexto de creciente tensión con Estados Unidos y sus aliados.
Ese vínculo, forjado durante los gobiernos de Hugo Chávez y Mahmud Ahmadineyad, se profundizó bajo Nicolás Maduro y Ebrahim Raisi, y quedó formalizado en 2022 con la firma de un acuerdo de cooperación a 20 años, presentado como una hoja de ruta estratégica para enfrentar el aislamiento económico.
Energía como eje de supervivencia
El pilar central de la relación fue el sector energético. Con su sistema de refinación colapsado, Venezuela recurrió a Irán para recibir combustibles, condensados e insumos, a cambio de crudo pesado. Estos intercambios —descritos por Washington como mecanismos para eludir sanciones— permitieron al chavismo sostener parcialmente el abastecimiento interno y mantener operativas algunas refinerías.
La cooperación también incluyó asistencia técnica, envío de repuestos y asesoramiento industrial. Sin embargo, informes periodísticos internacionales señalan que varios proyectos quedaron inconclusos por problemas de financiamiento y pagos atrasados, reflejo de las propias debilidades económicas de ambos países.
Comercio, industria y simbolismo político
Más allá del petróleo, Irán y Venezuela impulsaron acuerdos en industria, agricultura y manufactura, con iniciativas como la reactivación del proyecto automotriz Venirauto y la exportación de vehículos iraníes al mercado venezolano. Aunque de impacto económico limitado, estos programas tuvieron un alto valor simbólico: mostraban a Caracas y Teherán como socios capaces de operar fuera del sistema occidental.
En el plano político, la relación funcionó como un alineamiento geopolítico explícito. Venezuela respaldó a Irán en foros internacionales, mientras Teherán encontró en Caracas una plataforma de proyección en América Latina, una región históricamente considerada sensible por Washington.
Sanciones, acusaciones y redes bajo sospecha
El vínculo también estuvo atravesado por acusaciones de seguridad. Estados Unidos sancionó en los últimos años a empresas y personas en Venezuela a las que acusa de facilitar financiamiento y lavado de dinero en favor del grupo chií Hezbollah, aliado estratégico de Irán. Estas sanciones forman parte de expedientes oficiales del Departamento del Tesoro estadounidense.
Asimismo, funcionarios y reportes de inteligencia estadounidenses han advertido sobre una presunta presencia operativa iraní en Venezuela, incluyendo cooperación en materia de drones y defensa, algo que Teherán y Caracas han negado públicamente. A fines de 2025, Washington impuso nuevas sanciones por lo que describió como transferencias de tecnología militar iraní hacia territorio venezolano.
Una relación bajo revisión
El nuevo escenario político en Caracas, tras la caída de Maduro y la instalación de un gobierno de transición, colocó la relación con Irán bajo revisión. Estados Unidos ha dejado claro que la reconfiguración de alianzas internacionales y el distanciamiento de socios estratégicos del chavismo forman parte de las condiciones para avanzar en un proceso de normalización y levantamiento progresivo de sanciones.
Así, la alianza entre Irán y Venezuela —concebida como un salvavidas entre dos países en crisis— enfrenta hoy su momento más delicado, atrapada entre la herencia del pasado, las exigencias del presente y un tablero geopolítico en plena ebullición.
Fuentes consultadas:
● Reuters /AP
● Departamento del Tesoro de EEUU (OFAC): Comunicados oficiales sobre sanciones por lavado de dinero, terrorismo y proliferación de armas.
● Departamento de Estado de EEUU: Declaraciones sobre seguridad regional y presencia iraní en América Latina.
● RAND Corporation: Informes analíticos sobre redes de Hezbollah en América Latina.