Por revistaeyn.com
El último repunte de precios podría convertirse en la primera prueba real de estrés financiero para las aerolíneas estadounidenses desde la pandemia, con las compañías más débiles más propensas a reducir operaciones, endeudarse o asumir pérdidas más profundas, mientras que los competidores más fuertes continúan invirtiendo y ganando cuota de mercado.
En Europa y partes de Asia, el impacto de la guerra con Irán ya se ha reflejado en interrupciones de rutas, recortes de vuelos y revisiones a la baja de las perspectivas.
Cuando el director ejecutivo de United Airlines, Scott Kirby, escribió a los empleados sobre el alza de los precios del petróleo a inicios de este mes, la frase más reveladora no fue sobre las facturas de combustible ni los recortes de vuelos. Fue sobre la oportunidad.
Si los precios del combustible se mantienen elevados, escribió, podría crearse una oportunidad “para comprar activos, absorber cambios en la red, etc.”, un lenguaje propio de una aerolínea que espera que sus rivales tropiecen.
United se está preparando para el peor escenario. Kirby señaló que la aerolínea modela un precio del petróleo Brent de hasta US$175 por barril y que se mantendría por encima de US$100 hasta 2027.
Bajo ese escenario, la factura anual de combustible de United aumentaría en aproximadamente US$11.000 millones, más del doble de su mejor ganancia anual histórica.
El combustible para aviones se cotizaba a US$4,24 por galón el jueves pasado, frente a US$2,50 justo antes de los primeros ataques entre Estados Unidos e Israel contra Irán, según el grupo comercial Airlines for America.
Aerolíneas de bajo costo, más vulnerables
El combustible representa cerca de una cuarta parte de los costos operativos de las aerolíneas, y los boletos se venden con semanas o meses de anticipación, lo que las deja expuestas cuando los precios suben más rápido de lo que pueden ajustarse las tarifas.
La agencia de calificación Moody’s indicó que las aerolíneas de bajo costo y ultrabajo costo serían las más afectadas si los precios del combustible se mantienen altos, destacando que JetBlue, Spirit y Frontier ya no eran rentables el año pasado antes del último repunte.
Si el Brent hubiera promediado US$80 por barril el año pasado en lugar de US$69, Moody’s estima que la ganancia operativa del conjunto de aerolíneas estadounidenses calificadas se habría reducido aproximadamente a la mitad, hasta unos US$6.000 millones.
Delta Air Lines y United son las que tienen mayor capacidad para absorber un choque prolongado sin abandonar su estrategia.
Moody’s señaló que ambas registraron los mayores márgenes operativos entre las aerolíneas calificadas en EEUU el año pasado, mientras que S&P Global Ratings indicó que su bajo nivel de endeudamiento, sólida liquidez y mayor proporción de ingresos premium las posicionan mejor que sus competidores para enfrentar aumentos sostenidos del combustible.
Más allá de ellas, el panorama es menos claro. American Airlines prevé cerrar el trimestre de marzo con más de US$10.000 millones en liquidez disponible, pero arrastra cerca de US$25.000 millones en deuda de largo plazo y señala que cada aumento de 1 centavo en el precio del combustible suma unos US$50 millones a sus costos anuales.
Southwest Airlines cuenta con uno de los balances más sólidos del sector, aunque Fitch advierte que un shock prolongado podría presionar sus ganancias y liquidez.
Alaska Air Group, que integra Hawaiian Airlines, informó que ha aumentado tarifas para compensar el mayor costo del combustible y revisa su estructura de gastos.
Con información de Reuters