Por: Revistaeyn.com
Panamá lleva décadas siendo considerado un país referente en América Latina por su economía en constante crecimiento. Su expansión estuvo impulsada por el Canal, las inversiones en infraestructura, el auge inmobiliario, la logística y los servicios financieros, permitiéndole registrar algunos de los mayores ritmos de crecimiento de la región.
Sin embargo, esa fórmula comienza a mostrar una grieta que preocupa tanto a empresas como a economistas: la economía continúa creciendo, pero ese dinamismo ya no alcanza para generar empleo con la misma intensidad.
Los últimos indicadores del mercado laboral confirman esa tendencia. Un estudio de Konzerta reveló que el 86% de las empresas panameñas reportó despidos durante el primer semestre de 2026, el porcentaje más alto entre cinco mercados latinoamericanos analizados y diez puntos por encima del registrado un año antes.
La fotografía coincide con las estadísticas oficiales. La tasa de desempleo aumentó hasta el 10,4%, equivalente a más de 227.000 personas, pese a que la economía creció alrededor de un 4,8% durante 2025.
La pregunta ya no es únicamente por qué aumentan los despidos. El verdadero interrogante es por qué una economía que sigue expandiéndose ha perdido parte de su capacidad para crear empleo.
Una economía diferente a la de hace diez años
El primer cambio es estructural. Durante buena parte de las últimas dos décadas, el crecimiento panameño estuvo sostenido por sectores altamente intensivos en mano de obra, como la construcción de grandes obras de infraestructura, la expansión inmobiliaria y la ampliación del Canal. Ese ciclo extraordinario terminó.
Hoy el crecimiento proviene cada vez más de actividades como la logística especializada, los servicios corporativos, las finanzas, el comercio internacional y la economía digital. Son sectores capaces de generar mucho valor agregado, pero que requieren menos trabajadores para producir cada dólar adicional de riqueza.
En otras palabras, Panamá está transitando desde una economía basada en grandes proyectos hacia otra más intensiva en productividad.
Crecer ya no significa contratar más
Los economistas describen este fenómeno como "crecimiento sin empleo" (jobless growth): una situación en la que el PIB continúa expandiéndose mientras el mercado laboral pierde dinamismo.
No se trata de una contradicción exclusiva de Panamá. También ha comenzado a observarse en economías desarrolladas y en algunos mercados emergentes donde la automatización, la digitalización y el aumento de la productividad reducen la necesidad de incorporar personal al ritmo que crece la producción.
En Panamá, sin embargo, el fenómeno adquiere especial relevancia porque históricamente el crecimiento económico había sido uno de los principales motores de generación de empleo formal.
Productividad comienza a pesar más que la cantidad de trabajadores
Otro dato del estudio de Konzerta ayuda a entender la transformación.
La principal razón mencionada por las empresas para justificar los despidos no fue la desaceleración económica, sino el desempeño insuficiente del personal, citado por el 46% de los empleadores, seguido por la necesidad de reducir costos.
Ese resultado sugiere un cambio importante en la lógica empresarial.
Las compañías parecen priorizar estructuras más eficientes, apoyadas en tecnología y perfiles con mayores competencias, antes que plantillas numerosas. La competitividad ya no depende únicamente del costo laboral, sino también de la productividad del talento disponible.
El verdadero desafío: cerrar la brecha entre la economía y el mercado laboral
El problema de fondo parece ser que la transformación productiva avanza más rápido que la adaptación del mercado laboral.
Persisten desafíos como la formación de talento técnico, el desajuste entre las habilidades que demanda el sector privado y las que ofrece el sistema educativo, la menor capacidad de sectores tradicionales para absorber trabajadores y una creciente presión sobre grupos con mayores dificultades de reinserción laboral, como los trabajadores mayores de 40 años.
No es casual que el propio Ministerio de Trabajo haya anunciado programas específicos para facilitar la reincorporación de personas entre 42 y 56 años, un segmento que enfrenta mayores barreras para volver al empleo formal.
Más que una crisis, Panamá, como otras economías del mundo, enfrenta una transición.
Hablar únicamente de una ola de despidos puede resultar insuficiente para explicar lo que ocurre en Panamá.
Los indicadores apuntan más bien a una economía que está cambiando de motor. El desafío no parece ser la ausencia de crecimiento, sino la capacidad de convertir ese crecimiento en oportunidades laborales para una fuerza de trabajo cuyas competencias deben evolucionar al mismo ritmo que la economía.
En ese contexto, la competitividad de Panamá ya no dependerá solo de atraer inversiones o mantener un elevado crecimiento del PIB. También estará determinada por su capacidad para formar talento, impulsar sectores intensivos en conocimiento y construir un mercado laboral capaz de acompañar la transformación de su modelo económico.
Porque el verdadero reto de la próxima década no será únicamente crecer, sino lograr que ese crecimiento vuelva a traducirse en empleo de calidad para una economía que busca mantenerse entre las más competitivas de América Latina.