Por revistaeyn.com
El aumento sostenido en los precios de combustibles y energía, impulsado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente, está generando un efecto dominó en la economía global.
Llenar el tanque de gasolina o pagar la factura del gas se ha vuelto más costoso en los últimos meses, una realidad que, según el inversionista Yoel Sardiñas, no es casualidad, sino resultado directo de conflictos internacionales que han disparado el precio del petróleo por encima de los US$100 por barril.
Este encarecimiento impacta directamente en la inflación. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que la inflación global alcanzará el 4,4 % en 2026, frente al 3,5 % registrado el año anterior, impulsada principalmente por el aumento en los costos energéticos. La situación afecta con mayor intensidad a los países con menor estabilidad económica, donde el poder adquisitivo se deteriora con mayor rapidez.
En este contexto, los inversionistas —especialmente los menos experimentados— enfrentan una presión creciente para tomar decisiones rápidas ante la volatilidad de los mercados. Sin embargo, Sardiñas advierte que reaccionar con miedo puede ser el error más costoso.
“Los mercados no se mueven en línea recta. Los conflictos generan ruido, el ruido genera miedo, y el miedo genera decisiones financieras que lamentamos después”, señala.
Frente a este panorama, el experto plantea cuatro recomendaciones clave para navegar periodos de incertidumbre sin comprometer la salud financiera:
La primera es mantener las inversiones a largo plazo intactas. Aunque los mercados fluctúan, los objetivos financieros suelen ser más estables en el tiempo. Retirar capital en momentos de caída puede implicar pérdidas que luego no se recuperan.
En segundo lugar, destaca la importancia de diversificar. El alza en los precios del petróleo, por ejemplo, puede beneficiar al sector energético, mientras otros sectores sufren. Tener inversiones distribuidas en distintas industrias y regiones permite mitigar riesgos.
Otra estrategia es continuar invirtiendo de forma constante, incluso en momentos de baja. Este enfoque, conocido como “dollar-cost averaging”, permite adquirir activos a distintos precios, reduciendo el impacto de la volatilidad en el largo plazo.
Finalmente, Sardiñas subraya la necesidad de fortalecer el fondo de emergencia. En un entorno de alta inflación, contar con un respaldo equivalente a al menos seis meses de gastos puede marcar la diferencia ante imprevistos.
“El mundo siempre va a tener tensiones... esa no es la variable que puedes controlar. Lo que sí puedes controlar es tu preparación”, concluye el especialista.
La lección es clara: en tiempos de crisis, más que reaccionar, se trata de mantener la disciplina financiera. Porque, como señala Sardiñas, construir un futuro sólido no depende de acertar el momento perfecto, sino de actuar con consistencia cuando el entorno es incierto.