Por revistaeyn.com
La Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica optó por mantener sin cambios la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 3,25 % anual, en una decisión que refleja un giro en el balance de riesgos y una creciente cautela ante el entorno internacional.
El acuerdo se da en un contexto marcado por el aumento de la incertidumbre global y un repunte en las expectativas inflacionarias durante marzo. Según el ente emisor, el agravamiento del conflicto bélico en Oriente Medio desde finales de febrero ha incidido directamente en los precios internacionales de materias primas, especialmente el petróleo y los granos básicos, generando presiones que eventualmente se trasladan a otros bienes y servicios.
Este escenario ha modificado de forma significativa la evaluación de riesgos. A diferencia de meses anteriores, cuando predominaban factores que apuntaban a una inflación baja, ahora el Banco Central identifica presiones al alza como el principal desafío.
En el plano interno, la economía costarricense continúa mostrando dinamismo. El Índice Mensual de Actividad Económica registró un crecimiento interanual de 4,8 % en enero de 2026, situando la producción cerca de su nivel potencial.
El mercado laboral, por su parte, mantiene señales mixtas. Si bien las tasas de desempleo y subempleo se ubican en niveles relativamente bajos, persisten debilidades en la participación y la ocupación.
En cuanto a la evolución de los precios, la inflación general se situó en -2,7 % interanual en febrero, mientras que la inflación subyacente se mantuvo alrededor de cero.
Ambos indicadores permanecen por debajo del rango de tolerancia definido por el Banco Central, establecido en 3,0 % ± 1 punto porcentual. No obstante, los modelos de proyección de la institución anticipan un cambio de tendencia.
Al incorporar los recientes aumentos en los precios internacionales, se prevé que la inflación regrese al rango meta en el último trimestre de 2026, adelantándose dos trimestres respecto a lo estimado a inicios de año.
Este ajuste en las previsiones, junto con el repunte en las expectativas inflacionarias a 12 y 24 meses, marca un punto de inflexión relevante para la política monetaria.