Por: Alexis Agüero Jiménez (*)
El siglo XXI no solamente trajo consigo nuevas visualizaciones y acepciones en la manera en la que se gestionan las organizaciones mediante los RRHH.
Recientemente se ha planteado un reto mayúsculo para quienes gerencian compañías, sobre todo de servicios y retail: la Inteligencia Artificial (IA), que se ha posicionado como un catalizador fundamental y actor no esperado en el diario quehacer de las empresas.
Sin embargo, la magnitud de su importancia debe ser analizada mucho más allá del ámbito tecnológico, siendo necesario estudiarla y aplicarla como herramienta de liderazgo estratégico, una oportunidad de generación de valor, para la marca, la empresa y por supuesto para las personas
Tenemos que partir de una realidad, la acelerada incorporación de la Inteligencia Artificial en las organizaciones ya genera un amplio debate académico y profesional sobre sus implicaciones económicas, sociales y éticas; desarrollando mucho más miedos y preguntas que respuestas determinadas.
Partimos del hecho que sustituirá empleos, pero no del supuesto que podrá crear nuevos espacios funcionales que requerirá de especialistas que la sepan aplicar para objetivos determinados. Por ello, gran parte de este debate al que se hace referencia, ha tendido a centrarse únicamente en las capacidades técnicas de la IA, relegando a un segundo plano el papel del liderazgo estratégico como un posible factor de éxito críticamente positivo.
La Inteligencia Artificial requiere nuestro entendimiento para no solo aprovecharla operativamente, sino poder articularla desde perspectivas infraestructurales y cognitivas pudiéndose utilizar estratégicamente en asignaciones y optimizaciones de recursos, reducciones de riesgos e inclusive fomentando una globalización de cultura organizacional.
Por ello, liderar estratégicamente sin temor a esta herramienta, requiere de implicarse en ella, valorarla, capacitarse y, sobre todo, extender su uso de una manera cognitiva, que coadyuve a generar valor en los campos antes mencionados.
SOPORTE DEL LIBERAZGO
En línea con lo anterior, la IA debe ser vista como soporte del liderazgo estratégico. Los administradores debemos reconocer su orientación al largo plazo y la necesidad de interpretación del entorno, siempre teniendo como referente cercano a Michael Porter y su “Modelo de Influencia” en las empresas, como un esquema en la toma de decisiones.
Nunca antes en la historia, las gerencias tuvimos la oportunidad de contar con amplias capacidades de análisis de grandes volúmenes de datos, la identificación de patrones complejos y la simulación de escenarios futuros. Sin lugar a dudas, la IA es una aliada a la que no debemos temerle, sino integrarla a la compañía, de manera tal que cada actor pierda el miedo a “ser sustituido”.
Andrew Ng (2017), figura ampliamente conocida cuando hablamos de sistemas inteligentes, sostiene que “la inteligencia artificial es la nueva electricidad”, en tanto su adopción tiene el potencial de transformar transversalmente los sectores productivos.
Desde esta lógica, los líderes estratégicos tenemos la obligación de entenderla, no como una iniciativa aislada, sino como un recurso estructural que debe ser alineado con la visión y los objetivos organizacionales, en otras palabras: ¡reestructurar planes estratégicos y tareas operativas!
RECONFIGURACIÓN DEL TRABAJO
Lo que debemos tener presente es que el Recurso Humano es la base que sustenta la IA. La sensibilidad, la empatía y el razonamiento de entender y aplicar los datos a partir del entorno en el que nos desenvolvemos, jamás podrá sustituirse. La persona seguirá siendo indispensable, mientras tenga las capacidades técnicas y operativas.
Si el recurso humano permanece, la cultura organizacional necesariamente fluctuará como hasta ahora lo ha hecho, por ello uno de los criterios de ventaja más relevantes que la IA ofrece a las organizaciones se relaciona con la reconfiguración del trabajo y la cultura organizacional.
La automatización de tareas comúnmente desarrolladas permite liberar tiempo, lo cual necesariamente liberará talento para actividades de mayor valor agregado, tales como la creatividad, la innovación y la toma de decisiones complejas; pero está en el administrador maximizar este tipo de recursos, anticipando cada espacio que llega a cubrir la IA, para “liberar” y potencializar otros que han de ser cubiertos.
Nada más acertado para entender la idea anterior, que comprender que el liderazgo estratégico cumple un rol fundamental en la gestión del cambio. Nadella (2019), CEO de Microsoft afirma que “la IA no reemplazará a los humanos, pero los humanos que usen IA reemplazarán a los que no lo hagan”. He aquí como se subraya la importancia de promover procesos continuos de capacitación, ello hará que la IA no sea un factor de exclusión o fragmentación de recurso humano.
La cultura organizacional, por tanto, debe evolucionar hacia modelos que valoren la colaboración entre inteligencia humana y artificial, fortaleciendo la adaptabilidad y la resiliencia institucional.
DILEMA ÉTICO
Finalmente debemos plantear un dilema ético fundamental: la transparencia en la interpretación y aplicación de los datos y / o recursos aplicables, la equidad y la rendición de cuentas.
Precisamente, es en la rendición de cuentas donde jamás se podrá sustituir el intelecto humano, el olfato administrativo y la capacidad resolutiva de quienes nacieron para gestionar organizaciones.
Yuval Noha Harari (2018), como buen escritor, nos deja una reflexión hermosa como cierre de este debate ético que nos genera la IA; advierte: “la mayor amenaza de la inteligencia artificial no es que se vuelva malvada, sino que sea utilizada sin sabiduría”.
En este contexto, la sabiduría emana del profesional que la analiza la IA, del Recurso Humano potencializado para el bienestar general de la compañía. La IA no es un riesgo, es una oportunidad organizacional.
(*) Profesor universitario costarricense, con más de 15 años de labor docente. Ha sido expositor invitado a charlas a nivel nacional e internacional en áreas de RRHH y Marketing.
Actualmente es Director de Gestión de la Calidad Académica de la Universidad Santa Lucia de Costa Rica.