Por: Norma Lezcano - Revistaeyn.com
Guatemala y el espejismo del grado de inversión: por qué la estabilidad macro ya no alcanza en este país. Esta es la pregunta que dejo expuesta la última visita del Fondo Monetario Internacional (FMI) al país.
Durante años, Guatemala fue presentada como una excepción latinoamericana. Mientras buena parte de la región alternaba entre crisis fiscales, inflación elevada y volatilidad cambiaria, el país mantuvo disciplina monetaria, bajos niveles de endeudamiento y una notable estabilidad macroeconómica.
La última revisión del FMI ratificó esa percepción. El organismo destacó la solidez fiscal, la baja deuda pública, el control de la inflación y el volumen de reservas internacionales acumuladas por el Banco de Guatemala. Visto desde fuera, el país parece reunir muchas de las condiciones que buscan los inversionistas.
Sin embargo, detrás de los elogios hubo una advertencia mucho más relevante para el futuro económico guatemalteco: la estabilidad ya no es suficiente.
El mensaje central de la misión encabezada por Alex Culiuc fue que Guatemala necesita acelerar reformas estructurales si quiere alcanzar el grado de inversión y sostener tasas de crecimiento más elevadas.
En otras palabras, el país corre el riesgo de sobredimensionar la fortaleza de su macroeconomía mientras posterga los cambios que determinarán su capacidad de atraer capital en el largo plazo.
La diferencia es importante. Durante años, la discusión económica giró en torno a preservar la estabilidad. Ahora la pregunta es distinta: ¿puede Guatemala transformarse en una economía capaz de generar crecimiento basado en inversión productiva y no en factores externos?
La advertencia del FMI apunta precisamente a ese punto.
Actualmente, las remesas representan alrededor del 20% del PIB y continúan funcionando como uno de los principales motores del consumo interno. Este flujo de recursos ha contribuido a sostener la actividad económica, fortalecer las reservas internacionales y amortiguar choques externos.
Pero también ha creado una dependencia estructural.
El FMI considera que parte del dinamismo reciente de las remesas responde a factores temporales y que su ritmo de crecimiento tenderá a moderarse. La advertencia llega en un contexto especialmente sensible, dado que la política migratoria estadounidense podría endurecerse y afectar el flujo futuro de recursos provenientes de los migrantes guatemaltecos.
La paradoja es evidente: el mismo factor que ha contribuido a estabilizar la economía durante años también limita los incentivos para acelerar reformas orientadas a elevar la productividad y la inversión.
Por eso, el organismo insiste en que Guatemala debe evolucionar hacia un modelo basado en inversión interna, infraestructura y generación de empleo formal.
Las cifras macroeconómicas explican por qué el Gobierno interpreta la visita del FMI como una validación de su estrategia. La deuda pública ronda apenas el 27% del PIB, el déficit fiscal se mantiene cerca del 2%, la inflación permanece bajo control y las reservas internacionales equivalen a aproximadamente once meses de importaciones.
Pocos países latinoamericanos exhiben indicadores similares.
Sin embargo, las agencias calificadoras no otorgan el grado de inversión únicamente por la fortaleza de las variables macroeconómicas. También observan la calidad institucional, la capacidad de ejecución del Estado, la transparencia, la infraestructura y el potencial de crecimiento de largo plazo.
Y es precisamente allí donde Guatemala sigue enfrentando desafíos.
El propio presidente del Banco de Guatemala reconoció que los obstáculos pendientes son fundamentalmente cualitativos: fortalecimiento institucional, combate a la corrupción, modernización del Estado y mejora de la gobernanza pública.
El diagnóstico coincide con el de las principales calificadoras internacionales. Para Moody's, S&P y Fitch, la estabilidad macro es una condición necesaria, pero no suficiente.
La infraestructura constituye probablemente el ejemplo más visible de esta brecha.
Guatemala posee una ubicación geográfica privilegiada entre América del Norte y Centroamérica, acceso a dos océanos y una población relativamente joven. Sin embargo, las deficiencias en carreteras, puertos, logística y ejecución de proyectos públicos limitan la capacidad del país para aprovechar plenamente esas ventajas.
El FMI identificó este problema como una prioridad estratégica. Sin una mejora sustancial en la infraestructura física y en los mecanismos de ejecución de obra pública, será difícil elevar el crecimiento potencial hacia niveles cercanos al 5%, considerados necesarios para acelerar la convergencia económica.
La cuestión fiscal representa otro desafío.
Paradójicamente, una de las fortalezas históricas del país también se ha convertido en una limitación. Guatemala posee una de las cargas tributarias más bajas de América Latina. Esa realidad contribuye a mantener una deuda reducida, pero restringe simultáneamente la capacidad del Estado para financiar infraestructura, educación, seguridad y modernización institucional.
Por eso el FMI insiste en la necesidad de una discusión más profunda sobre ingresos fiscales, ampliación de la base tributaria y eficiencia del gasto público.
La conclusión de la misión es menos complaciente de lo que sugieren los comunicados oficiales.
El FMI no cuestiona la estabilidad macroeconómica de Guatemala. De hecho, la considera uno de los principales activos del país. Lo que cuestiona es la idea de que esa estabilidad, por sí sola, sea suficiente para alcanzar el siguiente nivel de desarrollo.
La economía guatemalteca ya demostró que puede resistir crisis externas. Ahora debe demostrar que puede transformarse.
El grado de inversión no llegará porque Guatemala tenga baja inflación o una deuda moderada. Llegará si el país logra traducir esa estabilidad en instituciones más fuertes, infraestructura moderna, mayor productividad y un crecimiento menos dependiente de las remesas.
Esa fue, en realidad, la principal conclusión de la visita del FMI. Y también la advertencia más importante para quienes evalúan a Guatemala como destino de inversión: el país tiene fundamentos sólidos, pero la historia de su próxima década dependerá menos de la macroeconomía y más de las reformas que aún siguen pendientes.