Por revistaeyn.com
La agencia Moody's Ratings confirmó las calificaciones Ba1 de Guatemala para emisores a largo plazo en moneda local y extranjera, manteniendo además una perspectiva estable. La decisión refleja un equilibrio entre avances institucionales graduales y fortalezas macroeconómicas, frente a limitaciones estructurales que continúan pesando sobre el perfil crediticio del país.
En su informe, la calificadora destaca que Guatemala mantiene fundamentos relativamente sólidos en términos de crecimiento y disciplina fiscal. Sin embargo, estos factores positivos conviven con debilidades persistentes, como una base de ingresos limitada y déficits históricos en infraestructura.
Según la agencia, “la afirmación de la calificación Ba1 de Guatemala equilibra el impulso institucional mejorando, un sólido crecimiento de tendencias, un historial de gestión fiscal prudente y una vulnerabilidad externa limitada, frente a restricciones estructurales económicas e institucionales persistentes”.
El crecimiento económico del país, sostenido en un rango de entre 3,5 % y 4 %, ha sido respaldado en gran medida por el fuerte flujo de remesas, que en 2025 alcanzaron el 21 % del PIB. No obstante, este dinamismo ha estado más vinculado al consumo que a la inversión productiva, lo que limita el potencial de desarrollo a largo plazo. La inversión se mantiene en niveles cercanos al 16 % o 17 % del PIB, muy por debajo del promedio global.
En el frente fiscal, Guatemala continúa destacando por su prudencia. La deuda pública se sitúa alrededor del 27 % del PIB, uno de los niveles más bajos de la región, lo que proporciona cierto margen de maniobra ante choques externos.
Aun así, Moody’s advierte que la estrecha base de ingresos —apenas el 12,6 % del PIB— restringe la capacidad del Estado para impulsar inversión pública y programas sociales.
La perspectiva estable responde a la expectativa de que las mejoras institucionales, aunque positivas, tomarán tiempo en traducirse en cambios sustanciales. “La perspectiva estable refleja nuestras expectativas de que las mejoras institucionales graduales tardarán en traducirse en fundamentos económicos o fiscales materialmente más sólidos debido a los persistentes desafíos de implementación de políticas”, señala el informe.
Entre los riesgos, la calificadora menciona factores externos como posibles cambios en las políticas migratorias de Estados Unidos o la volatilidad de los precios de materias primas, que podrían afectar el flujo de remesas.
Sin embargo, estos riesgos están parcialmente mitigados por sólidos colchones externos y una gestión macroeconómica prudente.
De cara al futuro, Moody’s indica que una mejora en la calificación dependerá de avances sostenidos en la implementación de reformas, mayor inversión y fortalecimiento institucional. En contraste, retrocesos en la disciplina fiscal o en el proceso reformista podrían presionar la calificación a la baja.