Por Leonel Ibarra - revistaeyn.com
El creciente riesgo de sequía vinculado a las precipitaciones irregulares y a las altas temperaturas sostenidas está generando preocupaciones por la seguridad alimentaria en el Corredor Seco en Guatemala, Honduras y El Salvador, lo que ha provocado la activación de marcos de acción anticipatoria antes de la temporada.
Basándose en las previsiones de principios de marzo, que apuntan a un grave déficit de precipitaciones, el Fondo Global de Emergencia de las Naciones Unidas (CERF) ha liberado US$10,5 millones para apoyar a unas 145.000 personas vulnerables, incluyendo 65.000 en Honduras, 60.000 en Guatemala y 20.000 en El Salvador.
"Se están llevando a cabo medidas anticipadas para proteger los medios de vida, la producción agrícola y el acceso a alimentos y servicios básicos, ya que el retraso en la siembra y el aumento del estrés hídrico amenazan con limitar aún más los rendimientos agrícolas y agravar la inseguridad alimentaria en toda la subregión", señaló la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
Actualmente, más de nueve millones de personas en Centroamérica enfrentan dificultades para acceder a alimentos suficientes, una situación que podría empeorar con la intensificación de condiciones climáticas adversas.
Los pronósticos meteorológicos apuntan a una alta probabilidad de desarrollo de El Niño, fenómeno que históricamente ha provocado sequías prolongadas en la región, como ocurrió en 2023 y entre 2015 y 2016.
Según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), 2024 fue el año más cálido jamás registrado en América Central y el Caribe, y el año más cálido o el segundo año más cálido del que se tiene constancia en México y América del Sur. Se registraron anomalías positivas de entre 1 °C y 3 °C en el centro y este de México, Centroamérica y el conjunto de la región del Caribe.
Los efectos del clima en la región de América Latina y el Caribe se asocian a fenómenos extremos peligrosos y a un complejo escenario de aumento de la exposición y la vulnerabilidad. El episodio de El Niño del primer semestre de 2024 agravó esos efectos.
El aumento de la frecuencia y la intensidad de las sequías, las crecidas y las olas de calor, así como la creciente intensidad de los huracanes, ponen en evidencia que la agricultura y la seguridad alimentaria de la región están sujetas a riesgos cada vez mayores.
Las pérdidas de cosechas y ganado y la interrupción de las cadenas de suministro afectaron considerablemente a la disponibilidad de alimentos, los ingresos y la estabilidad de los medios de subsistencia rurales.