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¿Puede Estados Unidos ponerle precio a Groenlandia?

Por ahora, la administración Trump asegura que todas las opciones están sobre la mesa —incluida la acción militar— para obtener el control de un territorio que considera vital para la seguridad nacional de Estados Unidos y en el que ya mantiene una pequeña presencia militar.

2026-01-10

Por revistaeyn.com

A pesar de que Dinamarca ha insistido reiteradamente en que Groenlandia no está en venta, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su equipo están “hablando de cómo podría ser una posible compra”, según declaró una portavoz de la Casa Blanca.

Pero incluso como un ejercicio teórico que asuma la existencia de un vendedor dispuesto, la discusión sobre la hipotética venta de un territorio autónomo como Groenlandia se topa rápidamente con incógnitas difíciles de resolver, como la forma misma de establecer un precio significativo.

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“No existe un mercado para comprar y vender países”, dijo Nick Kounis, economista jefe del banco neerlandés ABN AMRO, al señalar que no hay un marco aceptado para valorar países.

Los intentos de encontrar referencias históricas para un valor “justo” también enfrentan problemas.

En 1946, Estados Unidos ofreció comprar a Dinamarca la vasta isla ártica, rica en minerales, por US$100 millones, una oferta que fue rechazada en aquel momento.

En valores actuales, esa cifra equivaldría a unos US$1.600 millones. Pero ese monto, ya de por sí exiguo, no sirve como punto de partida porque el enorme crecimiento de las economías estadounidense y danesa en las ocho décadas transcurridas no refleja ningún “valor” relativo de Groenlandia y sus recursos en la economía global de la década de 2020, reporta Reuters.

La compra de Luisiana por US$15 millones en 1803 y la adquisición de Alaska a Rusia por US$7,2 millones en 1867 tampoco son precedentes útiles. En primer lugar, y de forma evidente, tanto Francia como Rusia decidieron vender.

Y aunque está claro que esas cifras serían hoy muchísimo más altas, cuánto más dependería de cómo —y si— se incorporaran variables como la inflación, la apreciación del valor de la tierra y el crecimiento de las economías locales.

¿Y SI FUERA UNA EMPRESA?

¿Qué pasaría si se intentara un método similar al de la valoración de una adquisición corporativa, basado en los ingresos que el objetivo es capaz de generar? Aun así, no sería sencillo.

El banco central de Dinamarca situó el Producto Interno Bruto (PIB) de Groenlandia, basado principalmente en la pesca, en apenas US$3.600 millones en 2023, aproximadamente una décima parte del de su vecino ártico más pequeño, Islandia. Incluso si ese fuera un punto de partida para una valoración, ¿qué múltiplo se utilizaría para determinar un precio?

¿Cómo se tendría en cuenta además el hecho de que los subsidios daneses cubren cerca de la mitad del presupuesto público de Groenlandia, financiando hospitales y escuelas y sosteniendo la infraestructura de un territorio escasamente poblado?

Aunque Trump ha negado que Estados Unidos tenga interés en los activos minerales y energéticos de Groenlandia, su administración ha mantenido conversaciones sobre la posibilidad de tomar una participación en Critical Metals Corp, una empresa que busca desarrollar allí el mayor proyecto de tierras raras.

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Las estimaciones sitúan el valor de las reservas minerales y energéticas de Groenlandia en cientos de miles de millones de dólares o más. No se han realizado estudios geológicos completos de toda la isla, pero una encuesta de 2023 mostró que 25 de los 34 minerales considerados “materias primas críticas” por la Comisión Europea se encuentran allí.

Las empresas mineras y energéticas tienen una larga historia de poner precio a activos en todo el mundo. Pero en este caso surgen al menos dos complicaciones.

La primera es que la extracción de petróleo y gas natural está prohibida en Groenlandia por razones medioambientales, y el desarrollo del sector minero se ha visto frenado por la burocracia y la oposición de los pueblos indígenas. ¿Es esa una restricción política por la que un comprador exigiría un descuento? Y, de ser así, ¿de cuánto?

La segunda es que los acuerdos mineros y energéticos no implican la transferencia de soberanía nacional, algo que en este caso se complica aún más por la presencia de los inuit groenlandeses, que también reivindican derechos de propiedad.

“Cuando se añaden nociones intangibles como la cultura y la historia de los pueblos indígenas, no se puede —no hay manera de ponerle precio”, dijo Andreas Østhagen, director de investigación sobre política ártica y oceánica del Instituto Fridtjof Nansen de Noruega. “Por eso la idea es ridícula”.

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