Por revistaeyn.com
La manera en que se formulan las ideas pesa tanto como el contenido mismo. Así lo sostiene Erin McGoff, fundadora de AdviceWithErin y autora del libro El lenguaje secreto del trabajo. Para la experta, quienes avanzan con mayor rapidez en sus carreras no necesariamente hablan más fuerte, sino que eligen mejor sus palabras.
McGoff parte de una premisa sencilla: cualquier empleo, en esencia, consiste en personas conversando con otras personas. En ese terreno, pequeños ajustes en el lenguaje pueden marcar una diferencia significativa en cómo se perciben la seguridad, la autoridad y la capacidad profesional.
Uno de los cambios más relevantes tiene que ver con la forma de hacer solicitudes. En lugar de plantear preguntas cerradas que solo admiten un “sí” o “no”, la especialista recomienda abrir el diálogo. Pedir directamente un ascenso o un permiso especial puede generar tensión.
En cambio, consultar cuáles son las prioridades para aspirar a una promoción o cómo suele manejar el equipo cierta flexibilidad invita a una conversación más estratégica. El resultado: menos confrontación y más colaboración.
Otro hábito frecuente que conviene revisar es el exceso de disculpas. Si bien reconocer errores es indispensable cuando corresponde, pedir perdón de manera constante por detalles menores puede transmitir inseguridad. McGoff sugiere sustituir algunas disculpas innecesarias por expresiones de agradecimiento.
Agradecer la paciencia ante un pequeño retraso o valorar el tiempo que alguien dedica a explicar un proceso proyecta confianza sin dejar de mostrar cortesía.
También propone reemplazar el “pero” por el “y” cuando se exponen dos ideas válidas. El “pero” suele invalidar lo dicho anteriormente, mientras que el “y” permite que ambas afirmaciones convivan.
Decir “Me encanta mi trabajo y quiero revisar mi salario” mantiene intacto el reconocimiento positivo, a la vez que introduce una necesidad legítima. Este matiz favorece conversaciones más equilibradas y menos defensivas.
En la misma línea, la autora aconseja moderar expresiones como “siento que...”, que pueden diluir la fuerza de un planteamiento profesional al ubicarlo en el terreno de lo emocional. En su lugar, fórmulas como “he observado que...” o “mi recomendación es...” refuerzan la idea de análisis y criterio técnico, cualidades altamente valoradas en entornos corporativos.
Finalmente, McGoff invita a replantear las preguntas que comienzan con “¿por qué?”. Aunque parezcan inofensivas, pueden sonar acusatorias y provocar resistencia. Cambiarlas por “¿cómo?” o “¿qué?” fomenta una explicación más abierta y menos defensiva, promoviendo un intercambio genuinamente constructivo.
Cuando las personas se sienten escuchadas y respetadas, están más dispuestas a colaborar. Y en un mundo laboral donde la comunicación es la herramienta central, elegir bien cada palabra puede convertirse en una ventaja competitiva decisiva.
Con información de CNBC