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Descubra cuatro medidas prácticas que reducen el riesgo del burnout

El burnout es un fenómeno vinculado al ámbito laboral que surge cuando el estrés crónico no se maneja adecuadamente y se manifiesta con cansancio extremo, distanciamiento emocional o cinismo frente al trabajo y una disminución en la eficacia profesional..

2026-02-16

Por revistaeyn.com

Muchas personas comienzan su jornada laboral desde tempranas horas de la mañana y algunos incluso suman trabajos de medio tiempo o de fin de semana para completar ingresos.

María Méndez, presidenta y fundadora de Vacation is a Human Right (VIAHR), señala que estas rutinas de esfuerzo acumulan un agotamiento persistente, una irritación difusa y la sensación de que el tiempo nunca alcanza.

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Ese desgaste constante tiene un nombre reconocido por la ciencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe el burnout como un fenómeno vinculado al ámbito laboral que surge cuando el estrés crónico no se maneja adecuadamente. Se manifiesta a través de tres señales claras: cansancio extremo, distanciamiento emocional o cinismo frente al trabajo y una disminución en la eficacia profesional.

Méndez apunta que aunque no se clasifica como enfermedad, se ha convertido en una causa frecuente de consulta y de afectación en la calidad de vida.

El primer recurso que se erosiona es el tiempo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que más de un tercio de los trabajadores en el mundo supera las 48 horas semanales. Lejos de ser una excepción, las jornadas extensas se han vuelto parte del paisaje laboral, debilitando el equilibrio entre empleo y vida personal.

Las consecuencias no son solo emocionales. Estudios internacionales señalan que trabajar 55 horas o más por semana incrementa en 35 % el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular y en 17 % la probabilidad de fallecer por cardiopatía isquémica, en comparación con quienes laboran entre 35 y 40 horas.

Además, la cantidad de personas atrapadas en esas rutinas prolongadas continúa creciendo, dice Méndez.

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A la par, el pluriempleo gana terreno. En economías como la estadounidense, el porcentaje de trabajadores con más de un empleo alcanzó 5,8 % en noviembre de 2025, según cifras oficiales no ajustadas por estacionalidad. Detrás de ese dato hay una realidad menos visible: el ingreso se diversifica, pero también lo hace el cansancio.

Tener dos o más trabajos suele ir acompañado de contratos frágiles, ingresos variables y escasa protección social. La evidencia científica muestra una relación consistente entre precariedad laboral y deterioro del bienestar mental, especialmente cuando la inestabilidad se prolonga en el tiempo.

Las empresas tampoco quedan al margen. El desgaste sostenido se traduce en más ausencias, mayor rotación y menor productividad.

Estos son cuatro movimientos prácticos que bajan el riesgo del burnout, según Méndez:

1. Limitar jornadas excesivas y la acumulación de horas que empuja por encima de 48–55 h/semana; asegurar descanso entre turnos.

2. Previsibilidad real: calendarios de turnos con anticipación suficiente y cambios de última hora solo por razones justificadas; reduce ansiedad financiera y mejora el sueño.

3. Cerrar la brecha esfuerzo–recompensa: salarios/beneficios alineados al costo de vida y reconocimiento explícito de picos; el equilibrio importa para la salud.

4. Apoyos accesibles de salud mental y políticas de desconexión fuera de horario, adaptadas a personas con dos o más empleos o trabajo por turnos.

Prevenir el agotamiento extremo no es solo una cuestión de bienestar individual, sino también de salud pública y sostenibilidad económica. Nadie debería enfermar por intentar llegar a fin de mes.

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