Por Estrategia & Negocios
El contexto global actual avanza por un terreno incierto, marcado por una evolución preocupante donde la crisis de confianza ya no es solo una percepción, sino un motor de cambio social. El Edelman Trust Barometer ha identificado un fenómeno crítico: el "encapsulamiento social", que no es más que vivir en burbujas donde la interacción y la Confianza se limitan exclusivamente a quienes comparten nuestra misma visión del mundo.
Esta tendencia reduce la capacidad de diálogo, debilita la cohesión social y amplía la brecha entre lo que la ciudadanía espera de las instituciones y lo que percibe que estas entregan.
“En Centroamérica, la polarización acelera la deslegitimación institucional, contamina el debate público y dificulta la construcción de acuerdos a mediano plazo en temas críticos para la ciudadanía. Por ello, la confianza es una variable absolutamente estratégica en una región que no solo se ve impactada por los riesgos globales, sino que estos se amplifican localmente debido a la fragilidad estructural que le caracteriza”, reflexiona Thony Da Silva, CEOy socio de la firma PIZZOLANTE.
El World Economic Forum Global Risks Report 2026 identifica la polarización como una presión directa sobre la resiliencia democrática y la confianza pública.
La advertencia es clara. En un entorno donde las estructuras son frágiles, la polarización no es solo un ruido de fondo en el debate político; es un acelerador de crisis. La confianza ha dejado de ser un "activo reputacional" para convertirse en una variable absolutamente estratégica para la sostenibilidad de cualquier institución y, por extensión, para la estabilidad democrática de la región.
LA CONFIANZA EN INSTITUCIONES ES CLAVE
Medir la confianza en Centroamérica es clave porque esta dejó de ser un indicador blando para pasar a convertirse en un factor crítico de gobernabilidad, estabilidad y competitividad. La combinación de polarización política, desencanto institucional y presión económica ha erosionado la capacidad de las sociedades para sostener consensos mínimos.
Este 2026, el estudio de Confianza reforzará la investigación enfocada en instituciones, lo que contribuirá a comprender mejor el estado de la confianza general, y por ende las expectativas ciudadanas contra el desempeño institucional. “Esto transforma los datos en insumos accionables para gobiernos, reguladores, empresas y líderes sociales”, apunta da Silva.
Medir la confianza en instituciones, coloca al Estudio “El Valor de la Confianza” como un referente regional en la lectura de riesgos, pues comprender cómo se perciben las instituciones es clave para anticipar conflictos, atraer inversión, sostener cooperación público-privada y reducir incertidumbre regulatoria.
“En un entorno donde la confianza se ha vuelto escasa y costosa, profundizar su medición institucional resulta absolutamente estratégico”, sentencia.