Por revistaeyn.com
Si bien más del 90 % de los hogares de Costa Rica reconocen que la cultura del ahorro es esencial, solamente un 50 % logra ahorrar de manera constante, refleja la Encuesta de Ahorro “El Ecosistema Financiero del Hogar costarricense”, patrocinada por la Oficina del Consumidor Financiero (OCF).
Entre las personas que mantienen la disciplina de guardar dinero, la mayoría destina un porcentaje moderado de sus recursos, logrando ahorrar entre un 5 % y un 10 % de su ingreso mensual. La motivación detrás de este esfuerzo responde a necesidades fundamentales de tranquilidad futura: el ahorro pensado para la jubilación es la primera razón (29 %), mientras que contar con un fondo para emergencias es la segunda (28 %).
No obstante, el estudio deja al descubierto que la capacidad para sostener este hábito choca con importantes obstáculos cotidianos en los hogares. Las limitaciones económicas pesan mucho más en el bolsillo que las creencias desfavorables hacia el dinero: un 71 % de las personas afirma que ahorraría si tuviera mayores ingresos, un 51 % indica que los gastos imprevistos le desarman sus planes de ahorro y un 47 % reconoce abiertamente que el pago de deudas frena su capacidad de guardar dinero.
“El nivel de ingresos y la escolaridad sugieren una brecha relevante, por lo que no podemos afirmar que la falta de ahorro se debe simplemente a un desinterés o mala administración. Cuando casi la mitad de la población siente que las deudas le impiden ahorrar y la mayoría señala la falta de ingresos como su principal freno, queda claro que las herramientas y la educación financiera deben adaptarse a la capacidad económica real de cada persona”, explicó Danilo Montero, director general de la Oficina del Consumidor Financiero (OCF).
Para comprender mejor cómo impactan estas barreras, el análisis de la OCF identificó cuatro comportamientos claramente diferenciados en el uso y gestión del dinero dentro de los hogares.
En el extremo más sólido están los Ahorradores Consolidados, que representan 20,6 % de los hogares del país. Este grupo muestra mayor educación, mejores ingresos y una alta disciplina, lo que permite que más del 83 % de ellos ahorre de manera constante y cuente con un respaldo robusto tanto para contingencias como para la vejez.
Por otro lado, se ubican los Organizados bajo presión, correspondientes a un 20,2 % de los hogares. Estas personas enfrentan restricciones de presupuesto, pero compensan sus ingresos limitados con un riguroso control contable, logrando que tres de cada cuatro de ellos mantengan el hábito del ahorro a pesar del estrecho margen económico con el que operan.
Una de las revelaciones más valiosas de la encuesta se encuentra en el perfil de los Aspiracionales al ahorro, que abarca al 27 % de los entrevistados y concentra a la población más joven. Aunque valoran la importancia de guardar dinero y perciben pocas barreras, aún no consolidan el hábito o la disciplina, por lo que solo un 38 % ahorra actualmente.
Finalmente, el 32,2 % de las familias se sitúa en el perfil de Vulnerables financieros, el segmento con menores niveles de empleo e ingreso y donde se concentran las mayores barreras de ahorro.