Por Elaine Miranda* - Opinión para E&N
Cada vez que hablamos de liderazgo femenino, hablamos de más mujeres en puestos de decisión, de equidad, de romper techos de cristal. Y todo eso importa. Pero hay algo de lo que casi no hablamos y que, en la práctica, sigue pesando mucho: la relación con el dinero que aprendimos en casa.
Antes de ser líderes, muchas mujeres fueron hijas. Y ahí, en esa relación, se formó buena parte de cómo hoy toman decisiones financieras. No en la universidad, ni en el MBA. En la mesa de la casa.
• “Échale ganas, estudiá. Trabajá duro... del dinero me encargo yo.”
• “Eso es muy riesgoso.”
• “Mejor no te metás en eso.”
Frases bien intencionadas, pero con un efecto profundo. Y es que nos acostumbramos a que el mensaje fuera que el dinero es complicado, peligroso o algo que alguien más maneja por vos... y esto, nos guste o no, ha venido formando dependencia.
En mi trabajo con empresas y mujeres líderes en Centroamérica veo esto todo el tiempo. Mujeres brillantes, responsables, estratégicas. Mujeres que lideran equipos, que sostienen operaciones completas, que resuelven problemas complejos... pero que dudan cuando toca hablar de números propios, de inversión, de riesgo, de crecimiento.
Y no es casualidad: las mujeres, en general, de forma casi biológica, tenemos un mayor nivel de aversión al riesgo que los hombres. No es falta de capacidad, es que así fuimos educadas. Nos enseñaron a cuidar, a preservar, a no perder.
El problema es que en los negocios —yen la vida financiera— crecer siempre implica invertir. Y toda inversión tiene riesgo.
NEGOCIOS EN CASA
Si una mujer no aprende desde temprano a convivir con ese riesgo, a entenderlo y a gestionarlo, lo va a evitar.
Y cuando le toque liderar un negocio, una unidad o una empresa familiar, esa aversión se traduce en decisiones más conservadoras, en miedo a invertir, en freno al crecimiento.
Ahora pensemos en empresas donde madres e hijas trabajan juntas o son socias. En el papel, claro, hay liderazgo femenino. En la práctica, muchas veces el control financiero sigue concentrado en una sola persona.
La hija ejecuta, propone, lidera personas...pero no decide sobre inversión, expansión o riesgo. Y sin exposición real al dinero, no hay liderazgo completo. Esto no es para señalar culpables, pues muchas madres hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían. Administraron, protegieron, sostuvieron. Pero hoy sabemos algo más: si queremos mujeres líderes fuertes, necesitamos mujeres que entiendan el dinero, que se animen a invertir, que sepan evaluar riesgos y tomar decisiones con información, no desde el miedo.
Para las empresas, especialmente las familiares, este tema es vital. No se puede hablar de sucesión, continuidad o crecimiento sin trabajar deliberadamente la educación financiera —y la mentalidad de inversión— de las mujeres que están llamadas a liderar. Porque ningún negocio crece sin inversión. Y nadie invierte con seguridad si nunca tuvo permiso para equivocarse, aprender y decidir.
Este 8 de marzo, más allá de los reconocimientos y los discursos, vale la pena mirar ese eslabón invisible que sigue condicionando el liderazgo femenino.
Queremos más mujeres al mando, sí. Pero también mujeres que se sientan cómodas tomando riesgos, invirtiendo, creciendo y defendiendo decisiones financieras.
Porque el verdadero liderazgo no es solo ocupar un cargo, es tener criterio. Y el criterio financiero, muchas veces, se empieza a formar mucho antes de llegar a la oficina. Empieza en casa.
*La autora es speaker financiera, conferencista internacional, autora del Libro “Mujeres y Finanzas” y fundadora de la plataforma de Educación Financiera Plata con Plática, la más leída de Nicaragua.