Por: Claudia Contreras - Revista Estrategia & Negocios
En América Latina y el Caribe, menos del 41% de las personas graduadas en carreras STEM son mujeres. En Centroamérica y el Caribe, la cifra cae por debajo del 25%. La brecha no es solo educativa: es estructural, cultural y económica.
Si la región no logra integrar más talento femenino en tecnología, perderá innovación, productividad y capacidad de adaptación en una economía cada vez más digitalizada.
No se trata solo de aprender a programar
Para Julissa Mateo Abad, socia fundadora de STEMERIA y creadora de Mujeres TICs en República Dominicana, el primer error es tratar a las niñas como un grupo homogéneo al que únicamente se le ofrece programación.
“No todas quieren ser programadoras; hay espacio para el diseño, el análisis de datos, la gestión de proyectos y el arte digital”.
Su enfoque parte de una pregunta simple pero poderosa: ¿qué les gusta tanto que lo harían incluso si nadie les pagara? Desde ahí conecta intereses con rutas tecnológicas reales. La clave está en que niñas y jóvenes puedan ver reflejadas sus pasiones en roles concretos del sector digital, no en estereotipos limitados.
Cuando se desarrolla a una mujer en tecnología, se impulsa simultáneamente su proyecto de vida, el bienestar de su familia, las economías locales y la competitividad del país.
Patrones que frenan el ascenso
El desafío no termina en la formación técnica. En el desarrollo profesional aparecen patrones repetidos:
-Muchas mujeres no aplican a vacantes si no cumplen casi el 90% de los requisitos.
-Negocian salarios por debajo de su valor real.
-Son menos proclives a expresar abiertamente su aspiración a liderar.
Frente a estructuras corporativas rígidas y ascensos lentos, el emprendimiento y la creación de proyectos propios emergen como una vía para acelerar su crecimiento profesional.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha advertido que las mujeres enfrentan mayores barreras para acceder a empleos tecnológicos y para desarrollar habilidades digitales avanzadas como programación, análisis de datos o inteligencia artificial. Superar la segmentación laboral es clave para lograr autonomía económica real.
Brecha digital: más allá del aula
En Centroamérica, la desigualdad tecnológica no se limita al género. La falta de internet, de equipos adecuados o de dominio del inglés amplifica la brecha, especialmente fuera de las grandes ciudades.
Mateo insiste en que romper esa desigualdad exige desagregar oportunidades laborales y llevar formación y empleabilidad digital a zonas rurales.
Además, la irrupción de la inteligencia artificial introduce un nuevo riesgo: los sistemas entrenados mayoritariamente con datos generados por hombres blancos reproducen sesgos de género, raciales y culturales. Esto puede traducirse en algoritmos de reclutamiento que descartan currículos femeninos o en resultados que refuerzan estereotipos.
Si la región no participa activamente en el diseño y desarrollo de estas tecnologías, quedará atrapada en sesgos importados.
Liderazgo digital con nuevas competencias
En procesos de transformación digital, las mujeres líderes han demostrado fortalezas particularmente relevantes: organización, escucha, empatía y gestión del cambio. Estas habilidades son esenciales para enfrentar la resistencia natural a nuevas metodologías y para alinear personas, procesos y tecnología.
La digitalización no solo crea nuevos empleos. Abre posiciones estratégicas, roles de dirección de proyectos y oportunidades de liderazgo que antes no existían. La pregunta es si las organizaciones están preparando a más mujeres para ocupar esos espacios.
Competitividad regional en juego
La economía digital redefine industrias tradicionales, cadenas de valor y modelos de negocio. Si menos del 25% del talento STEM en Centroamérica es femenino, la región está desaprovechando una parte sustancial de su capital humano.
Desde la perspectiva de la igualdad de género, integrar a más mujeres en tecnología es imprescindible. Desde la perspectiva empresarial, es una decisión estratégica.
Cerrar la brecha digital no es solo una meta social. Es una condición para que Centroamérica compita en innovación, transformación digital y crecimiento sostenible en la próxima década.