Por: revistaeyn.com
Panamá dio un nuevo paso en la adopción de la cultura de la sustentabilidad al adoptar oficialmente las Normas NIIF de Información a Revelar sobre Sostenibilidad, emitidas por el International Sustainability Standards Board (ISSB).
La medida fue formalizada mediante la Resolución N.° 012-2025 de la Junta Técnica de Contabilidad (JTC), publicada en la Gaceta Oficial el 11 de marzo de 2026.
La decisión incorpora al marco normativo panameño un estándar internacional diseñado para que las empresas reporten de manera más clara, comparable y consistente los riesgos y oportunidades vinculados a la sostenibilidad dentro de su información financiera.
Más allá del cambio técnico, la señal relevante es que Panamá se convierte en el segundo país de Centroamérica en adoptar formalmente estas normas, después de Costa Rica, y se alinea con una tendencia global que busca llevar los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) desde el terreno reputacional hacia el corazón de las decisiones de inversión, financiamiento y gestión de riesgo.
Qué cambia con la adopción de las NIIF S1 y S2
Las normas emitidas por el ISSB —en particular NIIF S1 y NIIF S2— fueron diseñadas para crear un lenguaje común de divulgación financiera sobre sostenibilidad.
Su objetivo no es reemplazar los estados financieros tradicionales, sino complementarlos con información que ayude a los inversionistas y otros actores del mercado a entender cómo los riesgos y oportunidades de sostenibilidad pueden afectar el desempeño y las perspectivas de una empresa.
En términos prácticos, la NIIF S1 establece requerimientos generales para que las compañías informen qué riesgos y oportunidades de sostenibilidad enfrentan en el corto, mediano y largo plazo, mientras que la NIIF S2 se enfoca específicamente en las divulgaciones relacionadas con el clima. Ambas se estructuran sobre cuatro pilares: gobernanza, estrategia, gestión de riesgos y métricas y objetivos.
Ese enfoque busca responder a una demanda creciente del mercado: que la sostenibilidad deje de presentarse como una narrativa paralela y empiece a reportarse con criterios comparables, útiles para evaluar flujo de caja, acceso a financiamiento, costo de capital y resiliencia empresarial.
Señal importante para el mercado panameño
En el caso de Panamá, la adopción oficial de estas normas refuerza la intención de consolidar un ecosistema financiero más alineado con estándares internacionales.
El nuevo marco comenzará a regir para los ejercicios contables iniciados a partir del 1 de enero de 2026, aunque se permitirá su aplicación anticipada.
Para las entidades reguladas, el primer reporte obligatorio se presentará para períodos que comiencen en o después del 1 de enero de 2030, conforme a lo que definan los supervisores sectoriales. Ese calendario sugiere una transición gradual, pero con dirección clara: las empresas y entidades reguladas tendrán que empezar a preparar capacidades internas, sistemas de reporte y criterios de gobernanza para responder a exigencias que ya están ganando peso entre reguladores, acreedores e inversionistas.
También es un movimiento con lectura competitiva. En la medida en que más mercados incorporan estándares de sostenibilidad comparables, los países que avanzan primero mejoran su posición para atraer capital, reducir fricciones informativas y fortalecer la confianza del mercado.
Un camino que abrió Costa Rica
En Centroamérica, el precedente más claro es Costa Rica, que adoptó las Normas Internacionales de Información Financiera de Sostenibilidad a partir de la Circular No. 33-23, aprobada en diciembre de 2023 y publicada en enero de 2024.
Esa adopción estableció un esquema de implementación escalonada, comenzando por entidades supervisadas y reguladas por Conassif, así como grandes contribuyentes.
El antecedente es importante porque muestra que la conversación regional ya no está en si incorporar o no estas normas, sino en cómo implementarlas, qué empresas entran primero, qué capacidades deberán desarrollar y qué impacto tendrá sobre la calidad de la información que circula en el mercado.
En otras palabras, Panamá no está haciendo un movimiento aislado: está entrando en una corriente regional que apunta a elevar el estándar de divulgación financiera y a conectar más estrechamente sostenibilidad con desempeño económico.
Relevancia sistémica para los negocios
La relevancia de las NIIF de sostenibilidad radica en que convierten un tema muchas veces tratado de forma voluntaria o reputacional en un componente cada vez más cercano a la arquitectura financiera de las organizaciones.
Según análisis técnicos de Deloitte, estas normas permiten a los usuarios de los estados financieros identificar con mayor claridad los riesgos que ya impactan o podrían impactar a una entidad en materia de sostenibilidad y clima, obligando a las compañías a estructurar mejor su gobernanza, su gestión de riesgos y sus métricas de seguimiento.
Eso tiene implicaciones concretas. Para las empresas, significa revisar procesos, sistemas de información, controles internos y capacidades de reporte.
Para bancos e inversionistas, implica acceder a información más útil para evaluar exposición, resiliencia y materialidad financiera. Y para los mercados, supone un paso hacia una mayor comparabilidad entre emisores y jurisdicciones.
En una región donde el acceso a financiamiento sostenible todavía enfrenta barreras de escala, consistencia y confianza, la adopción de estos marcos puede ayudar a reducir asimetrías de información y a facilitar la canalización de capital hacia proyectos y compañías con mejores capacidades de gestión.