Por: revistaeyn.com
En América Latina, las stablecoins dejaron de ser un experimento del mundo cripto para empezar a convertirse en algo mucho más relevante: una nueva forma de operar en dólares.
Su avance ya no se explica solo por la búsqueda de refugio frente a la inflación o la volatilidad cambiaria. También responde a una necesidad más amplia: mover dinero con menos conflictos, dentro y fuera de cada país.
Por eso, el fenómeno empieza a importar más allá del ecosistema digital. Las stablecoins ya no solo sirven para ahorrar o resguardar valor. También empiezan a usarse para cobrar, pagar, enviar dinero entre países y administrar caja. Y en esa transición, América Latina aparece como el terreno donde el llamado “dólar digital” encuentra su caso de uso más claro.
Qué es una stablecoin y por qué importa
Una stablecoin es un activo digital diseñado para mantener paridad con una moneda de referencia, en la práctica casi siempre el dólar. Pero, lo importante no es tanto la definición técnica como la función que cumple: permite tener y transferir dólares digitales de forma continua, sin depender necesariamente de horarios bancarios o de la infraestructura tradicional de pagos.
Ese es el punto que empieza a cambiar la escala del fenómeno. Porque las stablecoins ya no operan solo como instrumento del universo cripto. Empiezan a funcionar también como:
• reserva de valor;
• vehículo para pagos;
• herramienta para transferencias internacionales;
• y solución de tesorería.
En otras palabras, se parecen cada vez menos a una apuesta especulativa y cada vez más a un nuevo formato del dólar.
Por qué América Latina las adopta tan rápido
La región reúne varias condiciones que explican por qué las stablecoins están encontrando aquí un terreno especialmente fértil.
1. Porque la demanda de dólares ya existe. En buena parte de América Latina, el dólar ya cumple un papel central como referencia para ahorrar, fijar precios, proteger capital o planificar inversiones. Las stablecoins no crean esa necesidad. La vuelven digital.
Esa es una de las claves del fenómeno: en la región, su avance no responde tanto al entusiasmo tecnológico como a una demanda muy concreta por acceso más simple y portable al dólar.
2. Porque mover dinero entre países sigue siendo caro y lento. El segundo motor es más operativo que ideológico. América Latina sigue teniendo dificultades importantes en pagos internacionales, remesas y cobros cross-border.
Mandar dinero al exterior o cobrar desde otra jurisdicción todavía suele implicar múltiples intermediarios; costos elevados; tiempos de compensación; y dependencia del horario bancario.
El Banco Mundial seguía reportando en 2025 un costo promedio global de 6,49% para enviar US$ 200 al exterior, con servicios bancarios bastante por encima de ese nivel.
Las stablecoins no siempre eliminan esas fricciones, pero sí cambian una parte importante de la ecuación: la transferencia del valor puede ser más directa, más rápida y más verificable. Y eso tiene un impacto real para personas, freelancers, plataformas y empresas.
3. Porque la adopción ya dejó de ser marginal. Otro dato clave es que el uso de stablecoins en la región ya no puede leerse como un nicho.
Brasil ofrece uno de los casos más claros. En 2025, el presidente del Banco Central, Gabriel Galípolo, dijo que alrededor de 90% del flujo cripto del país estaba vinculado a stablecoins, con fuerte presencia en pagos y compras internacionales.
Argentina muestra otra variante: una adopción muy alta, aunque todavía más asociada al resguardo de valor que al consumo cotidiano. Según datos citados por reportes del sector, las stablecoins explican 61,8% del volumen cripto en el país, por encima incluso de Brasil. Eso revela un punto importante: América Latina no está convergiendo hacia un único caso de uso, sino hacia varios al mismo tiempo.
Más que cripto, una nueva capa del dólar
Lo que vuelve especialmente relevante a las stablecoins en América Latina es que ya no se están expandiendo solo como producto financiero alternativo. Empiezan a hacerlo como infraestructura monetaria.
Eso implica algo más profundo que la simple adopción de un activo digital: supone que una parte creciente del ahorro, los pagos y la tesorería regional puede empezar a circular sobre una infraestructura dolarizada, programable y transfronteriza. Y ahí está la verdadera dimensión del cambio.
América Latina no se convirtió en el laboratorio del dólar digital porque sea la región más entusiasta con la tecnología. Se convirtió en laboratorio porque probablemente sea la región donde más claramente se ve para qué sirve. Si esa tendencia se consolida, el cambio no será solo cripto. Será financiero.