Por revistaeyn.com
El sector hotelero de lujo está experimentando una metamorfosis. Para el año 2026, la exclusividad ya no se medirá solo en opulencia material, sino en la profundidad de la experiencia, la autenticidad del destino y la huella positiva que deje el viaje.
Jonathan Rojas, Global PR & B2B Marketing Manager de Nayara Resorts, asegura que “la verdadera moneda del lujo en 2026 no será el oro, sino el tiempo y la paz mental. El viajero de lujo ya no solo busca ser servido, sino ser inspirado y transformado. Por eso, nuestro enfoque se centra en el lujo regenerativo: queremos que cada estancia contribuya al bienestar del huésped y del ecosistema alrededor de los hoteles”.
La primera experiencia es la sostenibilidad. Ésta evoluciona hacia el concepto de lujo regenerativo. Los viajeros buscan que su estancia contribuya activamente a la mejora del ecosistema local. Esto se traduce en el auge del wellness profundo, con experiencias holísticas que incluyen terapias ancestrales, inmersión en la naturaleza, alimentación de la granja a la mesa (Farm-to-Table) y programas de sueño personalizados.
Además, el diseño biofílico y local asegurará que la conexión visual y sensorial con el destino sea ininterrumpida, siendo la arquitectura parte de la experiencia. Los huéspedes buscan participar en programas de reforestación o conservación marina, haciendo que su viaje sea una inversión activa en el destino.
ASISTENCIA TECNOLÓGICA
En paralelo, la hiper-personalización asistida por tecnología se convierte en el mayordomo invisible. La Inteligencia Artificial analizará preferencias previas para anticipar necesidades que solicite (ej. ajustar la iluminación o la temperatura automáticamente).
Si bien la conexión rápida es esencial, el diseño de la experiencia garantizará momentos de desconexión intencional. Se normalizarán las experiencias sin fricción (frictionless) con check-ins biométricos, domótica controlada por voz y concierge digital.
Finalmente, el viajero de lujo valora la búsqueda de la autenticidad aislada. La exclusividad proviene del aislamiento y la inmersión cultural genuina, lejos de las aglomeraciones.
Rojas indica que “destinos como Panamá y Costa Rica, con su biodiversidad intacta y sus culturas vibrantes, se consolidan como destinos de ultra-lujo por su capacidad de ofrecer paz y privacidad. Los huéspedes exigirán conocer la narrativa de origen detrás de cada elemento, valorando las experiencias que los conectan directamente con los artesanos y las comunidades locales, transformando el ocio en aprendizaje significativo”.
El futuro del lujo para 2026 es aquel que priorizará el bienestar interno sobre la ostentación externa. Los resorts que logren integrar una experiencia profundamente auténtica con una operación regenerativa y una personalización fluida serán los que definan la excelencia en la próxima era.