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Latinobarómetro 2026: el apoyo a la democracia se debilita en Centroamérica

Solo el 35% de los guatemaltecos considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, mientras Honduras registra un 42% y Panamá un 45%. Costa Rica, con el 63%, muestra un panorama diferente. El nuevo informe de Latinobarómetro revela una región donde crecen las tensiones entre las demandas de resultados y el respaldo a las instituciones democráticas.

2026-10-08

Por: Revistaeyn.com

La democracia centroamericana enfrenta un problema que va más allá de los resultados electorales: en buena parte de la región, menos de la mitad de los ciudadanos expresa una adhesión inequívoca a este sistema de gobierno. Y, al mismo tiempo, amplios sectores de la población están dispuestos a aceptar alternativas no democráticas si estas consiguen resolver los problemas que afectan su vida cotidiana.

Es una de las principales conclusiones que deja para Centroamérica el Informe Latinobarómetro 2026, que examina tres décadas de evolución de las actitudes políticas en América Latina.

Los resultados muestran realidades marcadamente diferentes entre los países centroamericanos.

Guatemala registra apenas un 35% de apoyo a la democracia, el porcentaje más bajo entre los 17 países latinoamericanos encuestados.

Honduras alcanza un 42%, Panamá un 45% y El Salvador un 48%. En el extremo de mayor respaldo se encuentra Costa Rica, con el 63%, once puntos por encima del promedio latinoamericano del 52%.

La brecha entre Costa Rica y Guatemala alcanza los 28 puntos porcentuales, una diferencia que refleja hasta qué punto las sociedades de una misma región pueden tener percepciones distintas sobre el valor de la democracia.

Pero existe una segunda señal que merece atención. En Honduras, el 69% de los encuestados afirma que no le importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resolviera los problemas.

En El Salvador, esa proporción alcanza el 63%; en Guatemala, el 60%; y en Panamá, el 55%.Incluso, Costa Rica, donde el respaldo explícito a la democracia es considerablemente mayor, registra un 48% de acuerdo con esa afirmación.

Los resultados sugieren que la eficacia gubernamental y la resolución de problemas económicos, sociales y de seguridad se han convertido en elementos centrales de la relación entre ciudadanos y sistemas políticos.

Latinobarómetro plantea que las democracias latinoamericanas continúan siendo proyectos institucionales en construcción, expuestos a la desconfianza, las desigualdades y la insatisfacción con el desempeño del Estado. En conjunto, Centroamérica refleja con particular intensidad esas tensiones.

Guatemala: el apoyo a la democracia cae a uno de cada tres ciudadanos

El caso de Guatemala constituye una de las señales más significativas del estudio. Con apenas el 35% de apoyo, el país se encuentra 17 puntos porcentuales por debajo del promedio de América Latina y registra el menor respaldo a la democracia entre todos los países incluidos en la medición.

El resultado adquiere mayor relevancia cuando se consideran otros indicadores. El 60% de los guatemaltecos acepta la posibilidad de que un gobierno no democrático llegue al poder si consigue resolver los problemas. Además, el 33% considera que la democracia puede funcionar sin elecciones y el 47% cree que podría hacerlo sin partidos políticos.

Son datos que muestran una legitimidad limitada de algunos de los componentes fundamentales del sistema democrático.

La percepción sobre la capacidad de respuesta del Estado ofrece otra dimensión del problema. Según Latinobarómetro, apenas el 14% de los guatemaltecos considera que el Estado ha hecho mucho o algo por ellos y sus familias durante los últimos años. Guatemala comparte con Panamá el menor resultado regional en este indicador.

La combinación de bajo respaldo democrático, desconfianza institucional y escasa percepción de beneficios provenientes del Estado plantea interrogantes sobre la capacidad del sistema político para recuperar legitimidad ciudadana.

Honduras: persiste disposición a aceptar gobiernos no democráticos

Honduras presenta uno de los resultados más contradictorios de Centroamérica.

El apoyo a la democracia alcanza el 42%, seis puntos porcentuales por encima del 36% registrado en la medición de 2024. Latinobarómetro vincula esta recuperación con la alternancia política producida tras las elecciones presidenciales de 2025, en las que Nasry Asfura llegó al poder.

El informe plantea que los cambios de gobierno pueden generar nuevas expectativas sobre la capacidad de las autoridades para responder a demandas ciudadanas insatisfechas.

Sin embargo, el avance no elimina otras señales de fragilidad institucional. El 69% de los hondureños declara que no le importaría un gobierno no democrático si resolviera los problemas, una de las proporciones más elevadas de toda América Latina. Asimismo, el 39% considera que la democracia puede funcionar sin partidos políticos, mientras el 37% cree que podría hacerlo sin Congreso Nacional.

Esta combinación revela una distinción importante: el incremento del apoyo democrático después de una alternancia electoral no necesariamente supone una adhesión igualmente firme a todos los mecanismos de representación y control institucional.

Para Honduras, el desafío consiste en transformar las expectativas que despierta el cambio político en resultados concretos, sin debilitar las reglas democráticas.

El Salvador: seguridad en el eje del ecosistema democrático

El Salvador constituye uno de los casos más particulares del estudio.

Actualmente, el 48% de los salvadoreños considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Aunque el porcentaje se encuentra por debajo de la mayoría absoluta, representa una recuperación respecto de algunos de los momentos de mayor deterioro registrados por Latinobarómetro.

El informe recuerda que en 2009 el apoyo a la democracia alcanzaba el 68%, pero descendió hasta el 28% en 2018, después de años marcados por la violencia y el crimen organizado.

Con la llegada de Nayib Bukele al poder en 2019, el indicador registró una recuperación y alcanzó el 46% en 2020. La singularidad salvadoreña aparece al cruzar estos datos con las evaluaciones sobre la gestión pública. El Salvador registra los mayores niveles de percepción positiva del desempeño estatal entre los países estudiados. El 52% considera que el Estado ha hecho mucho o algo por ellos, muy por encima del promedio latinoamericano del 26%.

También muestra elevados niveles de confianza en el presidente, el gobierno, la Policía y las Fuerzas Armadas.Sin embargo, el 63% de los salvadoreños afirma que no le importaría un gobierno no democrático si resolviera los problemas.

Latinobarómetro interpreta esta evolución como una manifestación de la centralidad adquirida por la seguridad pública en las preferencias ciudadanas. El informe también cuestiona la concentración del poder, las modificaciones de las reglas de reelección presidencial y el respeto a los derechos fundamentales en El Salvador.

La lectura de sus indicadores deja una conclusión relevante: una elevada aprobación de la gestión gubernamental puede coexistir con un respaldo mucho menor a la democracia como sistema político.

Panamá: crece la percepción de un Estado distante

Panamá registra un apoyo a la democracia del 45%, nueve puntos porcentuales menos que el 54% observado en 2024.

La disminución se produce después de las elecciones presidenciales que llevaron a José Raúl Mulino al poder, en un país que, según destaca Latinobarómetro, ha mantenido la alternancia presidencial desde su retorno a la democracia en 1989.

El comportamiento panameño difiere del hondureño: mientras en Honduras el cambio de gobierno coincidió con una recuperación del respaldo democrático, en Panamá se produjo un retroceso. El informe interpreta estas diferencias a partir de las expectativas que generan las distintas alternancias políticas.

Sin embargo, los indicadores sobre desempeño estatal permiten ampliar la lectura. Solo el 14% de los panameños considera que el Estado ha hecho mucho o algo por ellos y sus familias, el mismo porcentaje registrado por Guatemala. El deterioro es especialmente significativo cuando se analiza su evolución: en 2011, ese indicador alcanzaba el 50%, lo que supone una caída de 36 puntos porcentuales.

Además, el 55% de los encuestados afirma que aceptaría un gobierno no democrático si resolviera los problemas. El 57% cree que la democracia podría funcionar sin partidos políticos, mientras el 43% considera que podría hacerlo sin Congreso Nacional. Estos resultados colocan en primer plano un desafío para la institucionalidad panameña: la percepción de eficacia del Estado y de representación política aparece debilitada, aun cuando el país mantiene una trayectoria prolongada de alternancias electorales.

Costa Rica: mayor respaldo democrático, pero también demanda de soluciones

Costa Rica ofrece un contraste importante con sus vecinos.

El 63% de los costarricenses considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, once puntos por encima del promedio latinoamericano. La valoración de las elecciones también resulta significativa: el 89% sostiene que sin elecciones no puede haber democracia, el porcentaje más elevado de América Latina. Además, apenas el 10% considera que la democracia puede funcionar sin elecciones, una proporción mucho menor que la registrada en Guatemala, Honduras o Panamá.

Estos indicadores reflejan una elevada valoración ciudadana de los mecanismos electorales. Sin embargo, Costa Rica no está al margen de las tendencias que atraviesan a la región. El 48% de los entrevistados afirma que no le importaría un gobierno no democrático si lograra solucionar los problemas del país.

Otro dato muestra la centralidad que adquieren las demandas de seguridad y orden: el 89% de los costarricenses considera que un poco de mano dura del gobierno no viene mal, el porcentaje más elevado registrado por Latinobarómetro.

Es importante distinguir ambos indicadores: la demanda de mano dura no implica necesariamente un rechazo a la democracia, pero sí expresa expectativas de una intervención estatal más firme.

Costa Rica muestra, así, una convivencia entre un respaldo mayoritario a las instituciones democráticas y una fuerte exigencia de resultados gubernamentales.

Nicaragua: un país sin medición por razones de seguridad

Nicaragua constituye una excepción metodológica indispensable para interpretar los resultados centroamericanos. Aunque Latinobarómetro analiza su situación política e institucional, el país no forma parte de la encuesta de opinión de 2026.

La organización explica que no ha podido realizar entrevistas presenciales en Nicaragua desde 2020 debido a las condiciones de seguridad para sus encuestadores. En consecuencia, no es posible establecer un porcentaje actual de apoyo ciudadano a la democracia.

El informe sí examina la situación del país bajo el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, al que caracteriza como una dictadura .También señala que, cuando se pregunta a los latinoamericanos cómo califican a determinados gobiernos, el 56% identifica a Nicaragua como una dictadura o régimen autoritario.

El desafío centroamericano: recuperar la confianza en la democracia

El Informe Latinobarómetro 2026 deja una conclusión que trasciende los resultados individuales de cada país. En América Latina, el apoyo a la democracia se mantiene en el 52%, después de haber descendido hasta el 48% en 2023. La recuperación iniciada en 2024 parece haberse estabilizado, aunque con diferencias importantes entre las sociedades.

En Centroamérica, las tensiones adquieren características particulares. Por un lado, la ciudadanía continúa valorando las elecciones como mecanismo de participación y cambio político. Por otro, la desconfianza en los partidos, los congresos y la capacidad del Estado para responder a las necesidades cotidianas abre espacio a propuestas centradas en resultados, liderazgos personales y mayores atribuciones para los gobiernos.

El estudio advierte que este fenómeno no es completamente nuevo. Las actitudes favorables a la mano dura y la disposición a aceptar gobiernos no democráticos han estado presentes durante décadas en las sociedades latinoamericanas.

Lo que puede modificar su peso político es el desempeño de las instituciones. Para Centroamérica, el desafío no se limita a preservar elecciones periódicas. También implica fortalecer la representación política, la vigencia del Estado de derecho, la eficacia de los servicios públicos y la confianza de los ciudadanos en que la democracia es capaz de ofrecer respuestas.

Los datos de 2026 muestran que esa confianza está lejos de ser uniforme. Y que el futuro de la democracia regional dependerá tanto de la fortaleza de sus instituciones como de su capacidad para responder a las expectativas de la población.

Fuente: Corporación Latinobarómetro, Informe 2026, «¿La crisis de la democracia liberal?». Encuestas realizadas entre mayo y junio de 2026.

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