Por revistaeyn.com
Por años, la energía nuclear parecía un tema lejano para Guatemala. Sin embargo, a inicios de 2026, una visita del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y declaraciones oficiales del Ministerio de Energía y Minas (MEM) volvieron a poner sobre la mesa un concepto poco conocido por el gran público, pero cada vez más presente en la agenda energética global: el torio.
Se trata de un mineral que, sin ser hoy parte del mix energético del país, aparece vinculado a las discusiones sobre energía nuclear avanzada, seguridad energética y transición hacia fuentes bajas en emisiones. ¿Qué es exactamente el torio? ¿Existe en Guatemala? ¿Y qué implica realmente la visita del OIEA?
Un mineral abundante con potencial nuclear
El torio es un elemento químico natural, ligeramente radiactivo, identificado como Th en la tabla periódica. A diferencia del uranio, no es un combustible nuclear directo, pero cumple un rol clave como material fértil: puede transformarse, bajo condiciones controladas, en uranio-233, un isótopo capaz de generar energía mediante fisión nuclear.
Este proceso, conocido como ciclo del torio, ha despertado un renovado interés internacional porque ofrece ventajas relevantes frente a la tecnología nuclear convencional: mayor abundancia del mineral, menor generación de residuos de larga vida, menores riesgos de proliferación y la posibilidad de operar en reactores de nueva generación, más seguros y eficientes.
No obstante, los especialistas son claros: aunque el potencial del torio está científicamente comprobado, su uso comercial masivo aún no está desplegado. Hoy se encuentra en fases de investigación, pruebas avanzadas y proyectos piloto en países como India, China y Estados Unidos, con horizontes que apuntan más allá de 2035.
¿Hay torio en Guatemala?
Aquí conviene separar con precisión los hechos de las expectativas.
El torio no se explora de manera aislada. Generalmente aparece como subproducto en yacimientos de tierras raras y otros minerales estratégicos, asociados a formaciones geológicas específicas. Guatemala, por su compleja geología y su ubicación en el arco volcánico centroamericano, presenta potencial geológico, pero eso no equivale a reservas comprobadas.
Hasta ahora, no existen estudios públicos y certificados que confirmen reservas económicamente explotables de torio en Guatemala. La diferencia es clave: el potencial indica posibilidad; las reservas, viabilidad técnica y económica demostrada.
Entonces, ¿por qué el país entra en la conversación? Porque, en el contexto de la transición energética global, minerales antes considerados secundarios están siendo reevaluados. En ese escenario, países con estabilidad institucional relativa, diversidad geológica y ubicación estratégica pasan a formar parte del radar exploratorio, al menos a nivel técnico y académico.
Qué significa —y qué no— la visita del OIEA
La presencia de una delegación del OIEA en Guatemala generó lecturas apresuradas. Sin embargo, el alcance real de la visita es mucho más institucional que operativo.
El OIEA no impulsa la construcción de plantas nucleares ni promueve la explotación minera. Su rol es evaluar capacidades nacionales, revisar marcos regulatorios y promover el uso pacífico de la energía nuclear en ámbitos como salud, agricultura, ambiente y, eventualmente, energía.
Según autoridades del MEM, Guatemala se encuentra en una fase inicial de preparación. El país carece aún de cuadros técnicos especializados en ingeniería nuclear y procesos asociados, cuya formación puede tomar entre 10 y 15 años. También sería necesario desarrollar una legislación específica y fortalecer los sistemas de control y regulación.
En ese sentido, la visita del OIEA debe leerse como una señal de planificación de largo plazo, no como el anuncio de proyectos inminentes. La energía nuclear —y en particular tecnologías asociadas al torio— se ubican en un horizonte de varias décadas, no de corto ni mediano plazo.
Prepararse para un nuevo mapa energético
Más que hablar de reactores o minería inmediata, el debate que se abre para Guatemala es estratégico. El regreso de la energía nuclear a la agenda global, impulsado por la necesidad de reducir emisiones y garantizar suministro estable, obliga a los países a prepararse con anticipación.
Formación de talento, marcos legales, cooperación internacional y evaluación responsable de los recursos naturales son los primeros pasos. En ese contexto, el torio no representa una solución mágica ni inmediata, pero sí un símbolo de cómo la transición energética está reconfigurando las conversaciones sobre desarrollo, soberanía y competitividad.
Guatemala, por ahora, no ejecuta proyectos nucleares. Pero al entrar en la conversación, comienza a mirar un futuro donde la energía, los minerales estratégicos y la geopolítica estarán cada vez más entrelazados.