Por: Revistaeyn.com
La banca de Centroamérica y República Dominicana atraviesa un cambio de ciclo. Después de varios años de fuerte expansión del crédito, las instituciones financieras están entrando en una etapa de crecimiento más moderado, mayor selectividad en sus préstamos y una dependencia decreciente del financiamiento internacional.
Esta es la principal tendencia identificada por Moody’s Local en su informe sectorial "Tendencias del crédito en Centroamérica y República Dominicana: moderación del crecimiento y mayor uso del fondeo local", publicado el 28 de octubre de 2026.
El análisis revela que, aunque los sistemas bancarios continúan expandiendo sus carteras, lo hacen a velocidades diferentes y con una mayor atención a los riesgos acumulados en segmentos como el consumo y las tarjetas de crédito.
No obstante, la desaceleración no está acompañada de un deterioro generalizado de la calidad de los activos. Por el contrario, los niveles de morosidad permanecen relativamente controlados y los bancos mantienen posiciones de liquidez que les permiten afrontar un entorno económico menos expansivo.
La combinación plantea una nueva realidad para el sistema financiero regional: el desafío ya no consiste únicamente en aumentar el volumen de préstamos, sino en sostener ese crecimiento sin comprometer la calidad de las carteras ni la estabilidad del fondeo.
El crédito pierde velocidad, pero no en todos los países
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es la creciente diferencia entre los mercados bancarios de la región.
El Salvador sobresale por mantener uno de los mayores ritmos de expansión crediticia. Moody’s Local estima que el crecimiento de su cartera podría aproximarse al 10% al cierre de 2026, impulsado por sectores como comercio, servicios, consumo y, particularmente, construcción.
Esta última actividad ha mostrado un dinamismo destacado desde 2023, mientras que la menor participación relativa del consumo dentro del total de préstamos podría contribuir a contener los riesgos crediticios, siempre que se mantengan condiciones económicas estables.
Honduras presenta una trayectoria distinta. Después de la desaceleración experimentada en 2025, asociada al aumento de las tasas de interés y a la incertidumbre electoral, el sistema bancario comienza a mostrar señales de recuperación.
Sin embargo, Moody’s considera improbable que el crédito retorne a las elevadas tasas de crecimiento registradas antes de 2025. La recuperación de segmentos como comercio, consumo e industria apunta hacia una expansión más normalizada.
Nicaragua también está dejando atrás un período excepcionalmente dinámico. Entre 2023 y 2025, su cartera bancaria creció a una tasa promedio de 16,6%, pero durante el primer semestre de 2026 el aumento fue de 3,7%, equivalente a una expansión anualizada cercana al 7,5%.
El consumo sigue siendo el principal motor de esa actividad, al explicar aproximadamente el 65% del incremento crediticio registrado durante los primeros seis meses del año.
En Guatemala, la moderación está relacionada con una estrategia más prudente de los bancos frente al deterioro previo de determinados segmentos, especialmente las tarjetas de crédito.
La expansión observada entre 2023 y 2024 dio paso a un crecimiento inferior a los dos dígitos, después de que las entidades financieras redujeran su exposición a algunas modalidades de financiamiento de consumo.
Panamá crece menos y República Dominicana también desacelera
En el extremo de menor expansión aparece Panamá. El sistema bancario panameño continúa mostrando el crecimiento crediticio más reducido de los mercados analizados, aunque con señales de recuperación frente a 2025.
Moody’s Local estima que, de mantenerse la trayectoria observada durante el primer semestre, la cartera podría crecer aproximadamente 4,4% en 2026, frente al 2,9% registrado el año anterior.
El informe también identifica un cambio en la relación entre el crédito local y el extranjero. Entre 2023 y 2025, los préstamos al exterior crecieron a una tasa promedio de 12,1%, considerablemente superior al 3,1% de la cartera local. Sin embargo, durante 2026 ambos segmentos muestran ritmos más similares.
La estructura del crédito doméstico permanece relativamente estable, con una participación predominante de hipotecas, consumo y comercio.
En República Dominicana, la desaceleración también se extiende a buena parte de las actividades económicas.
A junio de 2026, la cartera de la banca múltiple había aumentado 3,7% respecto del cierre de 2025, lo que permitiría proyectar una expansión anual cercana al 7,4% si se mantuviera el ritmo del primer semestre.
Los créditos hipotecarios, de consumo, comerciales e industriales continúan creciendo, aunque a tasas inferiores a las de ejercicios anteriores. La construcción, en cambio, registra una contracción.
Costa Rica requiere una lectura diferente. La apreciación del colón durante el primer semestre redujo el valor expresado en moneda local de los préstamos denominados en dólares, un efecto contable que incide en las estadísticas de crecimiento.
Por esta razón, Moody’s advierte que la contracción observada en la cartera en moneda extranjera no necesariamente implica una caída equivalente de la demanda crediticia. Los balances expresados en dólares muestran una evolución más estable.
El consumo obliga a los bancos a vigilar la calidad del crédito
La evolución de las carteras de consumo constituye una de las principales variables que Moody’s considera necesario monitorear.
Durante los años de mayor expansión, este segmento ganó importancia en distintos mercados por la demanda de los hogares y por su atractivo para los bancos, que encuentran en determinados productos de consumo mayores rendimientos.
Sin embargo, una expansión acelerada también puede elevar los riesgos de incumplimiento cuando cambian las condiciones financieras de los prestatarios.
Guatemala representa un ejemplo de este ajuste. Después del deterioro registrado hasta 2025, particularmente en tarjetas de crédito, los bancos moderaron sus colocaciones en esos segmentos.
Como resultado, la participación del consumo dentro de la cartera disminuyó a 36,4 % en junio de 2026, desde niveles superiores al 40 % en 2022.
En Nicaragua ocurre lo contrario: los préstamos de consumo continúan aumentando su peso relativo y ya representan 33,7% del crédito total, frente al 26,6% registrado en 2023.
Aunque el comportamiento de la morosidad permanece controlado, la calificadora advierte que será importante observar cómo evolucionan los préstamos otorgados durante los períodos de fuerte crecimiento a medida que maduren.
La preocupación no supone anticipar un deterioro generalizado, sino reconocer que los riesgos pueden manifestarse con retraso respecto del momento en que se conceden los créditos.
Morosidad permanece contenida y la banca conserva reservas
A pesar de las diferencias entre países, el panorama de calidad crediticia continúa siendo relativamente favorable.
República Dominicana presenta uno de los indicadores más sólidos del conjunto analizado. A junio de 2026, los créditos vencidos de la banca múltiple representaban apenas el 1,1% de la cartera, acompañados por una cobertura de reservas equivalente al 313,5 % de esos préstamos.
Nicaragua también mantiene niveles elevados de protección, con reservas equivalentes al 321,9 % de sus créditos vencidos, la mayor cobertura de Centroamérica según el informe.
Costa Rica y Honduras: incrementos moderados en la cartera vencida
En el caso costarricense, los créditos vencidos aumentaron de 2% en 2023 a 2,4% en junio de 2026, mientras que en Honduras el indicador de créditos atrasados, vencidos y en ejecución judicial pasó de 1,4 % a 1,8% durante el mismo período.
Moody’s considera que estos movimientos no representan cambios significativos en los perfiles generales de calidad de cartera.
Guatemala y Panamá, por su parte, muestran señales de mejoría. En el mercado panameño, los créditos vencidos disminuyeron a 2,3 %, desde un nivel previo de 2,6 %.
El informe subraya que las diferencias en los sistemas de provisiones y las metodologías regulatorias deben tenerse en cuenta al comparar los indicadores entre países.
En conjunto, los datos sugieren que la moderación del crédito está ocurriendo sin un deterioro sistémico evidente de los balances bancarios.
Depósitos locales se convierten en una fuente de fortaleza financiera
El segundo gran cambio identificado por Moody’s se encuentra en la forma en que los bancos financian sus operaciones.
El crecimiento de los depósitos de empresas y particulares ha permitido aumentar la utilización de recursos locales y reducir la dependencia de líneas institucionales de financiamiento, incluidas fuentes externas.
Esta transformación resulta especialmente relevante porque disminuye la exposición directa de las entidades a cambios abruptos en las condiciones de liquidez de los mercados internacionales.
Durante el primer semestre de 2026, República Dominicana encabezó el crecimiento de los depósitos entre los mercados analizados, con un aumento de 10,3% respecto del cierre del año anterior.
Le siguieron Honduras, con 8%; Nicaragua, con 7,4%; El Salvador, con 5,3%; y Guatemala, con 4,3%.
Una parte importante de esta fortaleza está relacionada con la contribución de las remesas familiares, que continúan alimentando los depósitos bancarios en varias economías centroamericanas.
En República Dominicana, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala, la relación entre créditos y depósitos se ha reducido frente a los niveles de años recientes.
Esto significa que los bancos están financiando una proporción mayor de sus préstamos con recursos captados localmente, una condición que puede mejorar su resistencia frente a perturbaciones financieras externas.
No obstante, una menor dependencia de fuentes internacionales no elimina los riesgos asociados al costo de los depósitos, las tasas de interés o la evolución de la actividad económica.
Más liquidez para enfrentar un escenario menos expansivo
El crecimiento de los depósitos, combinado con una expansión más moderada de los préstamos, ha contribuido a sostener posiciones de liquidez elevadas en los sistemas bancarios regionales.
Según Moody’s Local, a junio de 2026 los activos líquidos representaban más del 40% de los activos bancarios en República Dominicana.
La proporción alcanzaba 39,9% en Guatemala, 38,7% en Nicaragua y 33,3% en Panamá, mientras que Honduras, Costa Rica y El Salvador registraban niveles cercanos al 32%.
Estos indicadores muestran que las entidades conservan recursos líquidos importantes para atender sus obligaciones y gestionar eventuales necesidades de financiamiento.
Sin embargo, la disponibilidad de liquidez no garantiza por sí sola una aceleración del crédito.
La decisión de prestar también depende de las condiciones económicas, la solvencia de los clientes, la demanda de financiamiento y la evaluación de los riesgos asociados a cada actividad.
Para las empresas de la región, esta distinción resulta fundamental: un sistema bancario líquido puede mantener una oferta de crédito más selectiva si considera que determinados segmentos presentan mayores riesgos.
¿Qué anticipa Moody’s para el crédito regional?
La perspectiva de Moody’s Local apunta hacia una continuidad del crecimiento crediticio, aunque dentro de condiciones menos expansivas que las observadas en años recientes.
La calificadora no identifica un deterioro generalizado de la calidad de los activos, pero advierte que la evolución futura dependerá de varios factores.
Uno de ellos será el comportamiento de los costos de fondeo. Una reversión de la tendencia descendente de estos costos podría limitar la capacidad de los bancos para mantener el ritmo de crecimiento de sus carteras.
Otro elemento será la maduración de los préstamos concedidos durante los años de mayor expansión, especialmente en los segmentos de consumo que ganaron participación dentro de los balances.
Finalmente, la capacidad de los bancos para sostener su base de depósitos y preservar posiciones adecuadas de liquidez será determinante para mantener la estabilidad del sistema.
La lectura regional es la de una banca que continúa creciendo, pero comienza a otorgar mayor importancia a la calidad y sostenibilidad de ese crecimiento.
Para empresas, inversionistas y usuarios del sistema financiero, el cambio de ciclo plantea un escenario en el que la disponibilidad de recursos seguirá siendo importante, pero las condiciones de acceso y la evaluación del riesgo tendrán un papel cada vez más relevante.
Más que un freno generalizado del financiamiento, el informe describe una transición hacia una expansión crediticia más prudente, con distintas velocidades entre países y una estructura de fondeo que se apoya crecientemente en los recursos de las propias economías de la región.
Fuente: Moody’s Local, Análisis Sectorial, 28 de octubre de 2026. Datos principalmente al cierre de junio de 2026.