Por revistaeyn.com
El trabajo ya no se define por un lugar físico, sino por la capacidad de las organizaciones de operar de forma segura, visible y resiliente. En América Latina, donde los modelos híbridos crecen más rápido que la infraestructura que los protege, identidad digital, Zero Trust y observabilidad se consolidan como los pilares de una nueva confianza operativa.
El verdadero desafío del trabajo en Latinoamérica no está en la modalidad, sino en la confianza digital que sostiene la operación cuando el trabajo se distribuye entre oficinas, hogares, dispositivos personales y plataformas en la nube.
“El problema no es la modalidad en sí, sino que en muchos casos el trabajo híbrido se adoptó antes de que existiera una arquitectura que lo protegiera”, advierte Fabio Sánchez, director de Ciberseguridad de OCP TECH.
Durante décadas, la seguridad corporativa se construyó alrededor de un perímetro claro: la red interna. Ese modelo hoy es insuficiente. Equipos distribuidos, accesos desde redes no controladas y aplicaciones críticas en la nube redefinieron por completo el mapa de riesgos.
“La experiencia del empleado, la continuidad del servicio y la seguridad de los procesos dependen de que cada acceso, cada dispositivo y cada acción estén correctamente autenticados, monitoreados y protegidos”, señala Sánchez en el documento base.
Validar siempre, confiar nunca
En este nuevo contexto, la identidad digital se transforma en el perímetro real del negocio. Ya no alcanza con validar credenciales; es necesario entender quién accede, desde dónde, a qué recursos, en qué momento y bajo qué nivel de riesgo. La confianza, entonces, deja de ser implícita y pasa a ser dinámica y verificable.
La adopción de modelos Zero Trust aparece como la respuesta estructural a este cambio. Su principio es claro y contundente: nada ni nadie es confiable por defecto, independientemente de si el usuario está dentro o fuera de la red corporativa.
“Esto implica entender al usuario, verificar su identidad y su contexto —desde dónde se conecta, a qué se conecta y cuándo se conecta— para poder calcular el nivel de riesgo en cada acceso y tomar decisiones en tiempo real”, explica Sánchez.
Uno de los grandes riesgos en entornos híbridos es confundir seguridad con rigidez. Cuando los accesos se vuelven complejos o lentos, aparecen atajos informales que debilitan toda la arquitectura.
El desafío consiste en proteger sin romper la experiencia. Accesos seguros hoy implican autenticación contextual, control por roles, segmentación y visibilidad, adaptados a escenarios reales: home office, trabajo en campo, viajes, proveedores externos y dispositivos diversos.
En el trabajo híbrido, la seguridad efectiva depende de la visibilidad. Por eso, la observabilidad end-to-end se consolida como uno de los ejes centrales de la confianza digital.
“La observabilidad es mucho más que un tablero de métricas: es una herramienta estratégica para mantener continuidad, diagnosticar fallas complejas y reducir los tiempos de respuesta”, sostiene Sánchez.
Monitorear desempeño, analizar comportamientos, trazar incidentes y generar alertas tempranas permite actuar antes de que un problema técnico o de seguridad impacte en la operación. En términos de negocio, significa menos interrupciones, menor impacto económico y mayor previsibilidad.