Por revistaeyn.com
La confianza interna y la seguridad emocional de los equipos se posicionan como factores clave para el desempeño organizacional, en un entorno empresarial cada vez más competitivo. Sin embargo, aún persiste una brecha entre el discurso corporativo y la realidad que viven los colaboradores en muchas compañías.
De acuerdo con el especialista en desarrollo organizacional Jacques Giraud, uno de los principales obstáculos para la innovación no es la falta de talento, sino el miedo. “El empleado que teme equivocarse no crea; se protege y calla”, afirma, al describir una dinámica que, según explica, limita la participación, reduce la creatividad y debilita el compromiso dentro de las organizaciones.
Durante décadas, muchas empresas han invertido en construir una imagen de cultura organizacional basada en valores y mensajes motivacionales. No obstante, Giraud advierte que la cultura no se define por lo que se comunica en carteles o manuales, sino por las experiencias cotidianas de los colaboradores. En ese sentido, subraya que la seguridad —física, emocional y psicológica— es esencial para que las personas puedan desempeñarse plenamente.
Un entorno laboral donde predomina el temor genera comportamientos defensivos: los empleados evitan proponer ideas, omiten errores y reducen su interacción. Por el contrario, cuando existe confianza, los equipos son más colaborativos y están dispuestos a asumir riesgos que impulsan la innovación.
Un estudio citado por Harvard Business Review respalda esta visión, al señalar que los equipos con altos niveles de seguridad psicológica pueden alcanzar hasta un 35 % más de innovación y colaboración efectiva.
La diferencia entre ambas realidades radica en el tipo de cultura organizacional que se construye. Mientras algunas empresas fomentan el aprendizaje, la escucha activa y el trabajo en equipo, otras operan bajo esquemas de control, miedo y silencio. Aunque el negocio sea el mismo, la experiencia laboral cambia radicalmente.
Frente a este panorama, Giraud plantea que el liderazgo consciente debe pasar de la teoría a la práctica. Entre las claves que propone destaca convertir el respeto en un hábito visible, más allá de un valor declarativo, y garantizar que la seguridad psicológica sea una política real dentro de las organizaciones. Esto implica crear espacios donde los colaboradores puedan expresarse sin temor a represalias, así como reconocer abiertamente los errores como parte del aprendizaje.
Asimismo, enfatiza la importancia de medir el “clima emocional” de las empresas con la misma rigurosidad que los indicadores financieros. Herramientas como encuestas de clima laboral, espacios de diálogo y programas de bienestar no deben considerarse un gasto, sino una inversión estratégica.
En palabras del experto, la productividad no se pierde por falta de capacidad, sino por el silencio que genera el miedo. Construir entornos seguros, concluye, no solo mejora la experiencia laboral, sino que define la sostenibilidad y el éxito de las organizaciones a largo plazo.