Por revistaeyn.com
Durante años, la narrativa dominante entre estudiantes y familias ha sido clara: elegir una carrera universitaria “correcta” es la clave para asegurar un buen salario.
Sin embargo, esa idea está siendo cada vez más cuestionada por expertos en educación y empleabilidad como Rasheem Rooke, vicepresidente adjunto de becas y programas en el United Negro College Fund, quien sostiene que el éxito profesional depende de factores mucho más amplios.
Tras más de dos décadas trabajando con estudiantes, Rooke advierte que el enfoque tradicional está equivocado.
“Después de 25 años en la educación superior, trabajando con miles de estudiantes en su éxito universitario y resultados profesionales, he llegado a una conclusión que sorprende a muchas familias: estamos haciendo la pregunta equivocada sobre la universidad”, afirma.
En lugar de centrarse únicamente en la carrera elegida, el experto plantea que el verdadero diferencial está en cómo se aprovecha el tiempo durante la formación.
Uno de los principales errores, según explica, es obsesionarse con el salario inicial. Aunque algunas carreras técnicas ofrecen ingresos más altos al comenzar, esa ventaja suele diluirse con el tiempo. “Así que sí, el primer trabajo importa. Pero el éxito a largo plazo tiende a depender de cuatro factores: elegir una carrera adecuada, desarrollar habilidades valiosas, adquirir experiencia en el mundo real y construir redes sólidas”, subraya.
En ese sentido, el concepto de “alineación” cobra mayor relevancia que la simple pasión. No basta con estudiar algo que guste; es necesario que esa elección conecte con habilidades personales y oportunidades reales en el mercado laboral. Este enfoque más estratégico permite a los estudiantes posicionarse mejor a mediano y largo plazo, incluso dentro de disciplinas que no suelen estar asociadas con altos ingresos.
Otro punto clave es el desarrollo de habilidades transferibles. Competencias como la comunicación, el liderazgo, la resolución de problemas y la toma de decisiones bajo presión son altamente valoradas por los empleadores, independientemente del sector. De hecho, son estas capacidades las que suelen marcar la diferencia entre quienes avanzan profesionalmente y quienes se estancan.
Además, la experiencia fuera del aula juega un papel determinante. Participar en organizaciones estudiantiles, asumir roles de liderazgo o involucrarse en proyectos prácticos puede ser tan importante como el rendimiento académico.
Estas vivencias permiten aplicar conocimientos en contextos reales y construir una red de contactos, dos elementos esenciales para acceder a mejores oportunidades laborales.
La evidencia respalda esta visión. Investigaciones del Burning Glass Institute muestran que, aunque existen diferencias salariales iniciales entre carreras, muchos graduados logran cerrar esa brecha con el tiempo. En otras palabras, el punto de partida no define el destino.