Por revistaeyn.com
En oficinas, casas y espacios híbridos, el trabajo frente a una pantalla se ha convertido en la norma. Computadoras, teléfonos y plataformas digitales estructuran la jornada laboral y mantienen a los empleados conectados casi de forma permanente.
Sin embargo, esta hiperconectividad tiene un costo: cansancio mental, dificultad para concentrarse y la sensación de no poder “desconectarse” nunca del todo.
En medio de iniciativas como el llamado "Analog January", que invita a reducir el tiempo digital y retomar actividades fuera de línea, muchos trabajadores reconocen que no pueden simplemente apagar sus dispositivos durante el horario laboral. Aun así, existen formas concretas de hacer que la rutina frente a la pantalla resulte menos agotadora.
Así lo plantea Paul Leonardi, profesor de gestión de la tecnología en la Universidad de California en Santa Bárbara y autor de Digital Exhaustion: Simple Rules for Reclaiming Your Life.
Leonardi señala que vivimos bombardeados por mensajes, datos y notificaciones constantes, lo que alimenta la expectativa de estar siempre disponibles y responder de inmediato. Esa presión, afirma, es una de las principales causas del desgaste digital. Frente a ello, propone tres estrategias prácticas para aliviar la carga tecnológica en el trabajo.
La primera consiste en elegir bien el canal de comunicación según el tipo de mensaje. No todo amerita un chat instantáneo ni una reunión. Las plataformas de mensajería rápida funcionan mejor para asuntos simples y de baja importancia que requieren respuesta inmediata.
El correo electrónico, en cambio, resulta más adecuado cuando se necesita explicar un contexto, plantear una idea con mayor detalle o dar tiempo al receptor para procesar la información. Las reuniones o conversaciones en tiempo real deberían reservarse para situaciones complejas, con múltiples variables y decisiones urgentes, donde el intercambio directo y las señales no verbales aportan claridad.
El segundo consejo va a contracorriente de la cultura de la inmediatez: no responder todo tan rápido. Según Leonardi, existe una tendencia a sobreestimar la urgencia de las solicitudes ajenas, lo que provoca interrupciones constantes y cambios de foco que agotan. Salvo en casos realmente críticos, demorar la respuesta permite integrarla mejor al flujo de trabajo y elaborar mensajes más completos.
Incluso, dedicar más tiempo a redactar un correo claro puede evitar una larga cadena de aclaraciones posteriores. Una alternativa útil es revisar el buzón en momentos específicos del día, en lugar de reaccionar a cada notificación.
La tercera recomendación apunta a reducir la cantidad de herramientas digitales. Cuantas más plataformas se usan, mayor es el cansancio. Revisar en equipo cuáles aplicaciones son realmente necesarias y eliminar las redundantes puede generar resistencia al inicio, pero a largo plazo disminuye la saturación tecnológica.
Para Leonardi, especialmente en los liderazgos, la clave está en frenar la proliferación innecesaria de sistemas y priorizar aquellos que realmente aportan valor.
Con información de CNBC