Por: Antonio Di Giacomo- Analista Senior de Mercado de XS.com
El oro atraviesa uno de los momentos más históricos de su trayectoria reciente. Durante enero de 2026, el precio spot del metal precioso ha superado la barrera de los US$5.100 por onza, marcando un máximo histórico y confirmando que el ciclo alcista ha adquirido una dimensión estructural.
En lo que va del año, el oro ya acumula una subida superior al 18%, tras haber cerrado 2025 con un avance cercano al 65%, uno de los desempeños más fuertes de las últimas décadas.
Uno de los principales catalizadores de este movimiento sigue siendo la expectativa de un cambio en la política monetaria estadounidense.
Los mercados financieros descuentan actualmente entre dos y tres recortes de tasas de 25 puntos base por parte de la Reserva Federal a lo largo de 2026. Este escenario reduce el atractivo relativo de los instrumentos de renta fija y fortalece la demanda por activos reales como el oro.
La debilidad del dólar ha reforzado aún más este impulso. El índice dólar se mantiene cerca de sus niveles más bajos desde septiembre de 2025, acumulando una caída cercana al 9% interanual, lo que incrementa el poder de compra de los inversionistas internacionales y eleva la demanda global por el metal precioso.
Históricamente, este tipo de entornos ha sido particularmente favorable para ciclos prolongados de apreciación del oro.
Las compras de bancos centrales continúan siendo otro soporte clave del mercado.
Durante 2025, las adquisiciones oficiales superaron las 1.000 toneladas métricas y los datos preliminares de 2026 apuntan a que el ritmo de acumulación se mantiene elevado.
China, India, Polonia y Brasil figuran entre los países que más han incrementado sus reservas, consolidando una tendencia de diversificación lejos del dólar como activo dominante.
La demanda institucional también ha crecido con fuerza. Los fondos cotizados respaldados por oro registraron entradas superiores a US$20.000 millones durante el último trimestre de 2025 y mantienen flujos positivos en enero de 2026.
CAMBIOS EN EL PORTAFOLIO
El total de activos gestionados en ETFs vinculados al oro ya supera los US$130.000 millones, reflejando un cambio profundo en la construcción de portafolios globales.
El entorno geopolítico sigue siendo un motor relevante. Las tensiones entre Rusia y Ucrania, la fragilidad de los procesos diplomáticos y el riesgo de una prolongación del conflicto mantienen elevada la percepción de incertidumbre.
Cada episodio de escalada ha coincidido con movimientos intradía del oro entre US$60 y US120 por onza, lo que evidencia la sensibilidad del mercado ante los riesgos globales.
A este contexto se suma un renovado clima de fricciones comerciales. Lasamenazas de imponer aranceles de hasta 25% a sectores estratégicos, así como la retórica agresiva en torno a las relaciones con Canadá y a temas geopolíticos sensibles como Groenlandia, han reactivado temores sobre una nueva etapa de proteccionismo. Estos factores erosionan la confianza en el sistema financiero internacional y fortalecen aún más la demanda por activos refugio.
Desde el punto de vista técnico, el oro mantiene una estructura claramente alcista.
Cotiza muy por encima de sus medias móviles de 50, 100 y 200 días, con soportes relevantes ya consolidados en torno a la zona de US$4.850–US$4.900, lo que sugiere que incluso correcciones moderadas podrían interpretarse como oportunidades de compra dentro de una tendencia mayor.
En conclusión, el oro ha dejado de ser simplemente un activo defensivo para convertirse en uno de los protagonistas centrales del nuevo orden financiero.
Con precios por encima de US$5.100, un rendimiento interanual superior al 80%, expectativas de recortes de tasas, dólar debilitado, compras históricas de bancos centrales y flujos institucionales récord, el metal precioso consolida un escenario estructuralmente alcista. Mientras estos factores sigan vigentes, el oro no solo preserva su valor, sino que redefine su papel como activo estratégico en 2026.