Por Leonel Ibarra - revistaeyn.com
Menos de la mitad de los adolescentes de Honduras y Guatemala logran completar la educación secundaria y apenas un 60 % lo consiguen en El Salvador, según un informe presentado por la Coalición Española de la Campaña Mundial por la Educación (CME).
El trabajo, titulado "Educación negada, futuros truncados: adolescencias en movilidad ante la emergencia educativa en Centroamérica", advierte de la grave crisis educativa que afecta a adolescentes en movilidad en El Salvador, Guatemala y Honduras.
Las sociedades del Triángulo Norte de Centroamérica enfrentan una combinación de violencia generalizada, pobreza estructural, debilidad institucional y un riesgo frente a desastres. Dichas crisis crean una espiral de exclusión, migración y desplazamiento forzado que condiciona las trayectorias educativas y de vida de la adolescencia centroamericana.
"La evidencia recogida confirma que el acceso a la educación enfrenta desafíos estructurales alimentados por emergencias recurrentes, la continuidad de desigualdades, la falta de coordinación interinstitucional, el financiamiento insuficiente y los rezagos históricos en políticas públicas", señala el informe.
El estudio añade que los adolescentes en movilidad enfrentan una auténtica carrera de obstáculos para acceder y mantenerse en la escuela secundaria. Entre las principales barreras destacan la inestabilidad residencial, la discriminación, el reconocimiento limitado de estudios previos y la ausencia de apoyos socioemocionales.
En El Salvador, Guatemala y Honduras, la movilidad humana y las condiciones socioeconómicas "aceleran la fragilidad del derecho a la educación, profundizando desigualdades y visibilizando las inequidades preexistentes".
IMPACTO DE LA MIGRACIÓN Y DESPLAZAMIENTO
La movilidad humana en Centroamérica se ha consolidado como uno de los mayores retos para la garantía del derecho a la educación. Por ejemplo, entre enero y agosto de 2024, más de 108.000 niños y adolescentes migrantes fueron detenidos en México, la mayoría provenientes de El Salvador, Guatemala y Honduras. En Honduras, más de 128.000 niñas y niños han sido registrados como retornados entre 2014 y agosto de 2025; sin embargo, estos datos no reflejan la totalidad de desplazados internos, que suelen ser la categoría menos documentada y visibilizada.
Cabe señalar que ninguno de estos países alcanza el 6 % del producto interno bruto (PIB) recomendado para el sector educativo. En 2023, El Salvador y Guatemala destinaron apenas el 3,2 %, mientras que Honduras dedicó un 4 %, concentrando la mayor parte del gasto en salarios y dejando sin recursos suficientes a programas psicosociales o de apoyo pedagógico.
Ejemplo de este impacto estructural es que, en Honduras, la cobertura educativa en el ciclo III (noveno grado) cayó al 45,5 % en 2023, mientras que en educación media apenas alcanzó el 24,9 %. Más de 846.000 niños (de 6 a 17 años) permanecieron fuera del sistema educativo ese año. En Guatemala, aunque la matrícula en preescolar aumentó un 13 % y en primaria un 18 % en 2023, la cobertura en secundaria sigue siendo menor al 30 % y los avances no logran revertir la exclusión acumulada, especialmente entre adolescentes migrantes o residentes en zonas rurales. Además, permanece el desafío de un gasto público por estudiante que es uno de los más bajos en la región: en Guatemala, menos de US$1.000 PPP anuales frente al promedio de US$3.081 del resto de América Latina.
Esta situación se refleja también en el rendimiento académico. Por ejemplo, según el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) de UNESCO, Guatemala ha retrocedido gravemente: el 60,7 % de los estudiantes de tercer grado se encuentra en el nivel más bajo de desempeño en lectura, cuando el promedio regional es de 44,3 %, y el 64 % de sexto grado en matemáticas también está en el nivel más bajo de desempeño. El ERCE 2019-2023 evidencia además que Honduras y El Salvador presentan rezagos persistentes en aprendizajes básicos, con profundas brechas territoriales, socioeconómicas y étnicas, agravadas aún más por los efectos de la pandemia.
Los impactos se manifiestan de forma diversa en cada país: en El Salvador, la matrícula escolar se ha reducido debido a la migración, la baja natalidad y el abandono educativo; Guatemala enfrenta las mayores desigualdades urbano-rurales, con una cobertura secundaria inferior al 40 % entre adolescentes de 12 a 16 años; y Honduras muestra un descenso en la matrícula de secundaria, pasando de 584.617 estudiantes en 2021 a 570.863 en 2022.
Según datos recientes, el 63 % de la población hondureña el 56% de la población guatemalteca vive en pobreza y, en El Salvador, el 30.3% de la población enfrenta pobreza. La pobreza, asociada a dinámicas de violencia y desplazamiento, impacta directamente en la salud mental, el bienestar y las oportunidades educativas de la adolescencia.
Ante esta situación, la CME propone cambios para renovar los modelos de gobernanza, coordinación y financiación para superar las barreras tradicionales entre actores humanitarios, sectores estatales, sociedad civil y comunidades.
También indica la necesidad del financiamiento multianual, la participación activa de los propios adolescentes y sus familias e integrar un sistema de indicadores de protección, desarrollo y paz en todo el proceso de planificación educativa.
Con información de Agencia EFE